Redacción BLes – El film “Unsilenced” conmovió al público australiano durante su estreno en el Parlamento de NSW en Australia, el pasado 19 de octubre en Sídney. La última obra del galardonado director chino canadiense León Lee, resultó ser una poderosa herramienta para despertar la conciencia sobre una de las persecuciones más brutales y horrendas de la historia, la que perpetúa el régimen comunista chino contra los practicantes de Falun Gong.

La película, basada en la historia real de Wang Weiyu, un estudiante de la universidad de Tsinghua en China, cuenta las vivencias de dos parejas de estudiantes de esta prestigiosa universidad en su camino por defender los derechos de libre creencia mientras soportan arrestos, torturas y amenazas de muerte, en una carrera por mostrar al mundo lo que ocurre tras un muro de censura y mentiras fabricadas por el aparato de propaganda del estado comunista.

Ganadora del Premio del Público 2021 a la película narrativa en el 28º Festival de Cine de Austin en Texas, la proyección fue patrocinada por el Epoch Times Australia y el diputado de la cámara alta de NSW, el reverendo Fred Nile.

Nile comentó en la premiere:

“Sabemos que estas brutalidades siguen ocurriendo, ya que han sido documentadas por la Comisión de Libertad Religiosa Internacional, Amnistía, Internacional, Human Rights Watch, Freedom House y muchas otras organizaciones no gubernamentales de derechos humanos”

“El Partido Comunista erradicó la libertad de religión, la libertad de expresión, la libertad de pensamiento y el comercio o el libre albedrío… El costo de esto es la destrucción del espíritu humano, y el resultado es la eventual esclavización de la población de la nación de China”

“Aplaudo a esas almas valientes en China que han expresado activamente sus protestas” “Necesitamos sus oraciones y su acción para ayudar a lograr eso aquí en Australia, así como en otros países. Dios bendiga sus esfuerzos por la libertad, la verdad y la compasión”.

Paul Folley, gerente general de la Sociedad Australiana para la Defensa de la Tradición, la Familia y la Propiedad (TFP), comentó:

“La calidad de la película es absolutamente superior… Está magníficamente hecha”, dijo. “La actuación, la fotografía, toda la edición fue increíble”.

“Pero lo que más me conmovió fue la valentía heroica de la gente bajo ese sistema, que está resistiendo, la gente que se mantiene y no se quiebra bajo la presión.

“Su dedicación es muy, muy conmovedora… Son símbolos de todas las personas en China que están resistiendo”.

La historia de Wang Weiyu

Las experiencias que sirvieron para dar vida al guión del film, fueron expuestas por Wang en la Cumbre Internacional por la Libertad de las Religiones (Cumbre IRF) en Washington DC, en julio del 2021.

En 1997, Wang, quien en ese momento era candidato a un doctorado en ingeniería óptica en la universidad Tsinghua en Beijing, fue cautivado por las enseñanzas morales del libro “Falun Gong” y pronto comenzó a practicar la disciplina en uno de los numerosos sitios de práctica dentro de la universidad, junto a otros 500 estudiantes y maestros. Según datos del régimen, entre 70 y 100 millones de personas en China practicaban la disciplina, atraídas por sus principios morales y los beneficios en la salud. La doctrina atea del PCCh y un profundo celo por la popularidad de Falun Gong, desencadeno la represión.

Cuando comenzó la persecución en 20 de julio de 1999, la presión del aparato represor del estado se hizo sentir rápidamente en la universidad, donde Wang la sufrió en carne propia.

Las viejas tácticas de coerción y humillación pública utilizadas durante la Revolución Cultural volvieron a la luz. 

 El subsecretario del Partido Comunista Chino (PCCh) en Tsinghua ordenó a sus compañeros de clase que lo condenaran durante más de dos horas. Wang recordó: 

“De repente me pusieron de pie ante docenas de ellos, indefenso y obligado a escuchar. Todavía no puedo olvidar el rostro de mi amigo cercano, quien se puso de pie y me amenazó: ‘Si mantienes tu creencia en Falun Gong, te apuñalaré hasta la muerte’”

La actitud de su amigo reflejo la efectividad de la campaña de desprestigio impulsada por el régimen.

Luego de ser suspendido dos veces por negarse a dejar la práctica, Wang se vio forzado a dejar el doctorado en 2002.

Poco tiempo después, mientras caminaba por la calle, un grupo de policías se abalanzó sobre él, arrancando sus anteojos, tirándolo al suelo y pisándole la cabeza, antes de ser arrastrado a una patrulla policial.

Wang fue llevado a un centro de detención en el que se encontraban otros practicantes de Falun Gong. Desde el primer día comenzaron las torturas.

Un grupo de cuatro o cinco “entrenadores” se turnaban para electrocutarlo con bastones eléctricos desde las 6 de la tarde hasta las 5 de la mañana del siguiente día. Después de descargar la batería de los bastones, simplemente lo conectaban a un tomacorriente y continuaban con la tortura. Recibió shocks eléctricos en cada parte de su cuerpo.

Los siguientes 6 meses Wang los pasó en confinamiento solitario en una pequeña celda individual. Se le prohibió hablar y debía pedir permiso para ir al baño mediante una solicitud, que en general era rechazada. Durante el día fue obligado a permanecer sentado en un pequeño taburete. El frío intenso calaba sus huesos mientras trataba de protegerse apoyando sus piernas contra el pecho.

“Las condiciones severas causaron que mi cuerpo se atrofiara. Me quedé dormido con el sonido agudo de los latigazos y los gritos horribles de las mujeres torturadas. Durante este período, a mis padres no se les permitió conocer mi ubicación o condición y estos horribles días ni siquiera fueron considerados como un período de detención por parte del gobierno del PCCh”.

Durante sus años de encarcelamiento, Wang conoció otros centros de detención. En la conferencia recordó al de Fengtai y Chaoyang en Beijing.

“Estos centros [de detención] mantuvieron a los practicantes de Falun Gong al borde de la inanición. Incluso los carceleros decían, ‘aquí no hay derechos humanos’, pero los jueces de la corte simplemente hacían caso omiso de esas quejas y respondían, ‘estos juicios no los hice yo y solo estoy siguiendo órdenes”.

También habló sobre el trabajo forzado en la prisión de Tianjin, describiendo a los reclusos como “esclavos modernos”. Trabajaron envolviendo dulces, haciendo moldes de papel para muffins y balones deportivos.

Una vez en libertad y después de una década de sufrimientos, la policía y agentes del PCCh continuaron vigilándolo. En 2011, Wang escapó de China y emigró a los EEUU en 2013. Hoy vive con su familia en Michigan y trabaja como ingeniero de software.

Su fe y perseverancia lo motivan aún para continuar revelando al mundo la verdad sobre Falun Gong y denunciar los horrores cometidos por el régimen comunista chino.

Por Michael Mustapich – BLes.com

 

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