La solución es, sinceramente, bastante divertida, pero el hecho de que fuese necesaria en primer lugar dice mucho de la corrupción política.

El modelo de negocio de Tesla es único en muchos aspectos. Desde su dependencia a los créditos de energía verde hasta su frenética búsqueda de tecnologías de autoconducción, hay muchas cosas que hacen que el fabricante de automóviles destaque en la industria. Pero una de las idiosincrasias menos conocidas de la empresa es que sólo vende sus vehículos directamente a los clientes. Nunca pasa por concesionarios de terceros.

El problema para Tesla es que muchos estados prohíben o limitan severamente esta práctica, lo que significa que los propietarios de Tesla a menudo tienen que conducir a un estado diferente para comprar y darle servicio a sus vehículos. Sin embargo, recientemente Tesla encontró una solución creativa a este problema en Nuevo México.

“Tesla abrió su primera tienda y taller de reparación en tierras de los nativos americanos”, informa el New York Post, “esquivando las leyes de concesión de automóviles que han obstaculizado sus planes de expansión en todo el país”. El fabricante de automóviles dirigido por Elon Musk abrió una tienda y un centro de servicio [en] Nambé Pueblo, un área tribal a unos 25 minutos al norte de Santa Fe que no está sujeta a las leyes que le han impedido a Tesla abrir agencias en otros lugares [en] el estado”.

“La agencia de Nuevo México marca la primera vez que Tesla trabaja con una tribu para eludir las leyes estatales de concesionarios”, continúa el informe. “Hasta ahora, los compradores de Tesla en Nuevo México tenían que pagar miles de dólares para que les enviaran sus carros o viajaban a otros estados para recogerlos. Para las reparaciones, los propietarios tenían que viajar a centros de servicio en Colorado, Arizona o Texas”.

Los peligros del proteccionismo

Aunque esta solución es loable y, sinceramente, bastante divertida, el hecho de que fuera necesaria en primer lugar es preocupante. Aunque las leyes que prohíben la venta directa se venden como una forma de proteger a los concesionarios de los grandes fabricantes oportunistas, lo que realmente ocurre es que se está protegiendo a los concesionarios de la competencia.

Como en todos los demás sectores, a los actores establecidos no les gusta que los desafíen. Los concesionarios ven en fabricantes como Tesla una amenaza para su modelo de negocio y con razón. Pero en lugar de esforzarse por superar a Tesla en el servicio a los clientes y en la creación de valor, simplemente les han pedido a los políticos que hagan ilegal la competencia de Tesla. Y como los políticos parecen tener siempre una debilidad por los grupos de intereses especiales, a menudo han estado encantados de complacerlos.

Pero estas leyes no sólo perjudican a los fabricantes de automóviles como Tesla. También perjudican a los consumidores, que tienen menos opciones en su área local como resultado y tienen que sacrificar mucho tiempo y esfuerzo si realmente quieren un Tesla. Imagínese lo que debe ser un propietario de un Tesla en Nuevo México. Tenías que conducir hasta Arizona para una simple reparación, no porque eso tuviera algún sentido, sino porque los concesionarios locales no querían la competencia.

Es exactamente ese tipo de ineficiencia innecesaria la que los defensores del libre mercado denuncian cuando hablamos de políticas proteccionistas y de amiguismos.

El mercado encontrará una manera

Dejando de lado el amiguismo, lo bonito de esta historia es que ejemplifica perfectamente la persistencia del mercado. Incluso frente a prohibiciones aplastantes, las empresas aprovecharán cualquier resquicio y descuido para crear valor para los consumidores (y beneficios para ellas mismas). Los empresarios no se sientan a esperar que la ley cambie. Innovan, se adaptan, encuentran soluciones alternativas, cualquier cosa que les permita hacer llegar bienes y servicios valiosos a ávidos clientes.

Por supuesto, a veces estas soluciones tienen que ser muy creativas, como poner una agencia y un taller de reparación de carros en tierras de los nativos americanos. Pero estas soluciones creativas no son nada nuevas.

Por ejemplo, cuando el Distrito de Columbia ilegalizó la venta de marihuana en 2015, los residentes utilizaron rápidamente su imaginación para sortear la ley. Un vendedor de camisetas incluyó una bolsa de “regalo” de marihuana para los clientes que dieran una buena propina. Otro emprendedor inició una clase de cocina de $125 dólares para aprender a cocinar con cannabis. Se incluían muestras gratuitas, por supuesto.

Si nos remontamos más atrás, la época de la prohibición también es un excelente caso de estudio en el que el mercado encontró todo tipo de formas creativas para eludir la ley.

Pero mi historia favorita sobre una solución creativa tiene que ser la de Dan, el hombre de los Paninis.

“Un chico de mi escuela tiene un aparato para hacer paninis y le vende paninis a los demás estudiantes y todo el mundo lo conocía como “Dan el Panini Man”. Pero las autoridades del campus le cerraron la venta porque no era legal vender comida si no es una venta de pasteles o lo que sea. Así que ahora Dan es conocido como “Dan the Paper Towel Man” ya que vende papel de servilletas, pero con cada compra de un rollo de papel, obtienes un panini gratis”.

El meme adjunto a la historia tiene sólo tres palabras. Improvisar. Adaptarse. Superar.

Ese ha sido básicamente el lema de todos los empresarios que han existido.

Patrick Carroll – FEE

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