Redacción BLesLa antigua civilización China de 5000 años nos cuenta la historia de un chef imperial famoso que se jubiló con una riqueza enorme y se fue a vivir a su pueblo natal, donde abrió una taberna que todo el pueblo amaba ir a comer allí.

Después de tiempo, una plaga brotó en todo el condado. La Corte Imperial envió un equipo de los mejores médicos para intentar descifrar una cura para la enfermedad, pero no lograron encontrarla. Ninguno de los medicamentos, que en esa época eran principalmente hierbas medicinales y preparados naturales, funcionó.

La plaga se extendió por todos lados, era mortal y la gente moría caminando por las calles. El miedo se apoderó de todos. Sin importar cuán rica y poderosa era una persona, una vez que la plaga tocaba a su puerta, no podía hacer nada.

Por temor, la gente dejó de salir a las calles. El pueblo estaba vacío. En las calles, solo estaban los cuerpos de los vagabundos que habían muerto por la plaga.

Ni el Emperador con toda su riqueza sabía qué hacer. El único pensamiento que tenían era cómo sobrevivir.

El chef había cerrado la taberna cuando la plaga azotó el pueblo. Encerrado en su palacio todo el día, tampoco lo salvó.

Un día comenzó a sentirse débil y con dolores, vomitaba sangre y estaba mareado.

Pensando en que moriría, subió a la cima de su palacio y contempló el pueblo, los cuerpos de personas muertas tiradas en las calles, la tristeza que había en todo el lugar.

El chef rompió en llanto: “¿De qué sirve la fama? He sido un chef imperial famoso y no obstante no tengo el poder de resistir esta enfermedad. La mala fortuna nos puede tocar en cualquier momento. Nadie puede escapar”.

Al darse cuenta de lo corta que era la vida, el chef pensó: “Como me estoy muriendo, ¿de qué me sirve quedarme con toda esta riqueza? Bien podría dársela a los pobres para que puedan tener algo para comer o ropa decente para vestir”.

Sin darse cuenta, con este pensamiento, dejó de tener miedo y por el contrario, su cuerpo y mente estaban llenos de energía positiva. El viejo chef se sentía joven otra vez.

Abrió su taberna, consiguió personas valientes para que cocinaran para los pobres todos los días. A sus sirvientes les ordenó que vistieran a aquellos que tenían harapos con sus ropas de buena calidad y también pagó a otras personas para que enterraran los muertos que había en las calles.

A medida que la energía positiva crece, el miedo sucumbe

Otras personas ricas vieron lo que estaba haciendo el chef y también dieron un paso adelante pensando que con sus últimos días podrían hacer algo bueno para otros.

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Sin darse cuenta, todo el pueblo perdió el miedo a la plaga y las calles se llenaron de vida otra vez, con gente ayudándose mutuamente, en armonía, dejando de lado todo rencor.

Así fue que un mes después el chef se dio cuenta que no tenía más síntomas.

Cuando el emperador escuchó lo que había pasado, se dio un baño, cambió sus ropas, se sentó en una habitación solo, y reflexionó sobre sus actos malos. Luego, con sinceridad y respeto, escribió, con caracteres grandes: “La virtud – la cura de oro”.

Lecciones para la humanidad contemporánea

La historia del chef se dio miles de años atrás y está documentada como una leyenda más de esta antigua civilización, aunque bien podría haber sido un evento verídico.

Pero en esa época, no existía una ciencia tan avanzada como la ciencia contemporánea, y los seres humanos recurrían al legado de sus ancestros, a lo que habían aprendido de sus padres, abuelos.

En este caso, la conclusión del emperador fue que la ‘cura de oro’ era la virtud. Todos en el pueblo desarrollaron bondad hacia otros y esa bondad los llevó a perder el miedo a la muerte con una consigna altruista, todos dejaron de pensar en sí mismos y pusieron la vida de los otros como prioridad y la plaga desapareció.

Hoy en día, nuestra humanidad, con una ciencia tan avanzada que es capaz de producir una vacuna en 6 meses, con una tecnología que puede mirar dentro del cuerpo humano y detectar un tumor, o desintegrarlo dentro del cuerpo humano, todavía no ha podido conseguir una verdadera cura para los males que la azotan.

La falta de virtud en nuestra sociedad ha llevado a la gente a creer ciegamente en la ciencia como una ‘cura mágica’ que puede absolver a todos de las cosas malas que han hecho, sin tener que reflexionar sobre los errores que cometieron y sobre cómo han tratado a otros seres humanos como sus enemigos.

Quizás solo recurriendo a la bondad, nuestra humanidad podría salir de esta pandemia.

Con información de Minghui.org

Alvaro Colombres Garmendia – BLes.com