Redacción BLesEn una conferencia virtual sobre la salud patrocinada por el Vaticano la semana pasada, el Dr. Anthony Fauci, asesor médico principal de la Casa Blanca, respondiendo a la pregunta sobre cómo haría para convencer a las personas que aun dudan sobre vacunarse, insinuó que la mejor manera de llegar a cierto grupo de gente era utilizando personas de confianza, una táctica oscura antes utilizada por personajes siniestros.

“Hay que ponerlos en contacto con personas en las que confíen”, dijo Fauci. “Lo que estamos descubriendo es que depende de quién sea el público y quién sea el mensajero. Tienes que hacer coincidir el mensajero con la audiencia. Y creo que si haces eso, vas a superar muchas de las dudas”.

Y agregó: “Cuando vas a las trincheras y tienes a alguien que es una persona profundamente religiosa que va a escuchar a su sacerdote, eso es diferente a que yo con un traje, vaya a una zona y le diga a la gente que haga algo.”

La sugerencia del Dr. Fauci se podría ver como un tipo de coerción pasiva y una falta de respeto hacia lo sagrado de la relación entre un sacerdote y los fieles.

Pero nadie en la conferencia – patrocinada por el Vaticano, una entidad cada vez más alejada del rol de guiar a los católicos a Dios – pareció protestar por la sugerencia del desprestigiado médico.

Michael Hichborn, presidente del Instituto Lepanto, hizo la comparación entre la recomendación de Fauci y la fundadora de Planned Parenthood:

“En 1939, Margaret Sanger escribió al Dr. Clarence Gamble sugiriéndole que convenciera a los ‘médicos negros’ y a los ‘ministros negros’ para que promovieran la anticoncepción entre la población negra. Imitando el enfoque de Sanger, Fauci quiere ahora utilizar a los sacerdotes católicos para convencer a los fieles católicos de que se pongan una inyección no probada que lleva aparejadas más de 3.000 muertes y más de 100.000 reacciones adversas graves. Los católicos fieles tienen todo el derecho a rechazar la vacuna y deberían decirle a Fauci y a sus lacayos que se vayan a golpear la arena.”

El mismo Dr. Fauci, amante de las mascarillas, de los encierros, el distanciamiento social y las vacunas, alentó a las autoridades a prohibir los servicios religiosos, las misas, comuniones, bautismos, al mismo tiempo que dijo que estaba bien si la gente quería tener relaciones sexuales con extraños “si están dispuestos a correr el riesgo”… quizás pensó que sería gracioso.

Aparentemente existe una gran población de personas creyentes en todo el mundo que dudan o directamente rechazan la idea de aplicarse la vacuna contra el virus PCCh y gracias al espacio brindado por el Vaticano, ahora es muy factible que algunos sacerdotes procedan a utilizar las misas y sermones para convencer a los fieles a vacunarse.

Según una encuesta publicada el 3 de mayo por Gallup, más de 1.3 mil millones de personas en todo el mundo rechazan la vacuna contra el virus chino.

La encuesta se realizó durante los últimos 6 meses del 2020 en 20 países de Europa y África. Es muy probable que el número sea exponencialmente más alto si se cuenta la población estadounidense que no desea vacunarse.

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Sumado a todos los factores de riesgo que presentan las vacunas experimentales contra el coronavirus, que hasta ahora se han reportado desde parálisis, convulsiones, sarpullido con sangre, hinchazón y hasta muertes, también existe la cuestión moral o ética especialmente desde el punto de vista religioso.

Por ejemplo, las vacunas fabricadas por Johnson & Johnson utilizan células de bebés abortados en su línea de producción y por eso muchos religiosos han aconsejado a los fieles a no vacunarse con la vacuna de Jensen.

El arzobispo Joseph F. Naumann de Kansas, presidente del Comité de Obispos de Estados Unidos para Actividades Pro-Vida, dijo en una entrevista:

“La gente puede tener buenas razones para no querer vacunarse. Las vacunas de Pfizer y Moderna tienen una conexión remota con líneas celulares que provienen de tejidos tomados de bebés abortados, y es posible que quieran separarse de eso. La gente también puede estar preocupada por los efectos secundarios de las vacunas”.

 Alvaro Colombres Garmendia– BLes.com