Los talibanes han procurado mostrarse como moderados hasta ahora. Sin embargo, los recientes nombramientos en su estructura muestran una preocupante radicalización.

El fundamentalismo de los talibanes ha probado ser una amenaza para la región y el mundo. Aún miles de personas recuerdan que estas personas fueron las encargadas de hospedar al líder Al Qaeda, Osama Bin Laden en Afganistán y permitirle desde allí planear los atentados del 11-S. Es por ello, que ahora, al regresar al poder, intentaron mostrarse como moderados, en contraste con su anterior gobierno. Sin embargo, acorde avanzan los días también la radicalización.

Así lo evidencia el último nombramiento hecho en su estructura de gobierno. En esta oportunidad, se trata del nuevo jefe de policía. El comandante talibán que ahora ocupa este puesto anteriormente estaba a cargo de los terroristas suicidas en Kabul, capital del territorio afgano, según reseñó Daily Caller.

Asimismo, de acuerdo con investigaciones de The Wall Street Journal, en su calidad de jefe de policía, Mawlawi Zubair Mutmaeen, de 39 años, supervisa a los excombatientes talibanes que no han recibido capacitación para hacer cumplir la ley islámica y no reciben pago.

“Anteriormente estaba sirviendo al Islam, y ahora también estoy sirviendo al Islam. No hay diferencia ”, dijo Mutmaeen, según el WSJ. En ese orden, el medio estadounidense también reseñó que Mutmaeen, quien ahora dirige el noveno distrito policial en Kabul, solía reunir información de inteligencia, encontrar puntos débiles en los objetivos y ordenar los atentados suicidas con bombas para la Red Haqqani. Es es conocida como una facción de los talibanes designada por Estados Unidos como organización terrorista, debido a su estrechos vínculos con Al Qaeda.

Y no es el único con ese perfil. Al contrario, forma parte de una corriente instaurada y en aumento. El Gobierno talibán eligió a clérigos con poca experiencia para dirigir agencias y ministerios federales, después de que miles de personas abandonaron sus puestos o huyeron del país tras la caída de Kabul a mediados de agosto.

Además del caos político y social, Afganistán anticipa un invierno duro. Desde este territorio aún no se ha podido pagar a los proveedores de la empresa eléctrica. De igual forma, la economía del país se está deteriorando rápidamente.

Cabe resaltar que como es común en la región los musulmanes de otras denominaciones son las principales víctimas del fundamentalismo sunita. En el caso de Afganistán, decenas de musulmanes chiítas minoritarios han muerto en ataques con bombas en sus mezquitas orquestados por militantes del Estado Islámico.

Esto genera preocupación sobre la capacidad de los talibanes para proporcionar seguridad básica. Más considerando que los tribunales federales no están celebrando juicios. Al momento están resolviendo disputas a través de la mediación y solo presentando casos que no se pueden resolver para futuras audiencias.

Aunque la imposición de la ley sharía y el fundamentalismo islámico activan alertas, el experto principal del Instituto de Paz de los Estados Unidos, Asfandyar Mir, asegura que «no hay indicios de que los talibanes tengan idea de cómo gobernar un país».

 

Sin embargo, esa misma incertidumbre genera aún más dudas. Pues no expone una metodología concisa ni una forma clara que se pueda enfrentar o combatir en caso de ser necesario.

Y la mayor preocupación es cómo y cuán rápido se está propagando, sobre todo en la vecina Paquistán. Un afiliado talibán en Paquistán, el Tehrik-e-Taliban, se sintió alentado por la exitosa toma de control del grupo en Afganistán y se sospecha que está resurgiendo en el país.

Según informó AP, Tehrik-e-Taliban ya intentó derrocar al gobierno anteriormente y actualmente se está preparando para retomar el territorio actualmente ocupado por grupos tribales en la frontera entre Afganistán y Paquistán.

Mamela Fiallo Flor – Panampost.com

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