En una trama digna de un libro un entrenador de boxeo descubre que su propia esposa contrató a un asesino por 2.000 dólares para que lo mate y él, aliado con la policía, fingió su muerte para atraparla.

Así le ocurrió en la vida real a Ramón Sosa, residente del estado de Texas, Estados Unidos en el año 2015, tal como lo relata él mismo en su libro “I walked on my own grave” (Caminé sobre mi propia tumba), reseñado por The Sun.

Alguien le advirtió a Ramón que se cuidara porque María, su mujer, estaba contratando a un asesino para que lo matara. La pareja tenía avanzado su proceso de divorcio.

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“A partir de ese momento, ¡tantos pensamientos comenzaron a pasar por mi mente! Era como si mis sinapsis estuvieran en llamas. Y luego hubo dudas, por supuesto. Al principio no quería creerlo”, expresó la eventual víctima.

No obstante, sufriendo por sus perturbadoras dudas armó un plan para desenmascarar a su implacable cónyuge. Lo más angustioso era que tenía que seguir conviviendo con ella.

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“Sí, me acosté con el enemigo y con un ojo abierto, todo mientras intentaba actuar lo más ‘normal’ posible para que Lulu [María] continuara con su plan. Tengan en cuenta que era la única forma de atraparla con las manos en la masa”, relató Ramón.

Así, ayudado por la policía, el entrenador fue fotografiado en una tumba con el cráneo perforado por una bala y el rostro ensangrentado. Estas fotos fueron entregadas por un policía encubierto que fue justamente a quien la mujer contrató para que cometiera el homicidio.

Una vez María vio las fotos se sonrió y estrecho la mano de su supuesto sicario, en señal de aprobación.

Horas más tarde fue interrogada por la policía y arrestada para ser enjuiciada. En el proceso se declaró culpable de solicitar el asesinato, ante la Corte de Distrito en Conroe, Texas, Estados Unidos. La condena le significó 20 años de cárcel, a partir de octubre del 2016.

A pesar de ser fingido, el entrenador todavía se estremecía al pensar en todo ello.

“Todavía recuerdo lo que pensaba mientras posaba para esa foto: Mis hijos y mis padres; lo que iban a pensar cada vez que vieran las horribles imágenes. A mi hija Mia todavía le cuesta ver esa foto. Sabe que es un montaje, pero le recuerda que podría haber pasado si Lulu se hubiera salido con la suya”, explicó el hombre sintiéndose afortunado de continuar con vida.

José Ignacio Hermosa – BLes

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