Las declaraciones de que los huracanes son cada vez más frecuentes y mucho más potentes (y mortales) están por todos lados. Pero, ¿son verdaderas?

Tras la destrucción del huracán Ida, el presidente Joe Biden viajó esta semana a las zonas de Nueva Jersey y Nueva York devastadas por las tormentas para lanzar un mensaje de “código rojo” sobre el cambio climático al mundo: el clima extremo supone una “amenaza existencial” para la humanidad.

“La amenaza está aquí. No va a mejorar. La cuestión es si puede empeorar. Podemos evitar que empeore”, dijo Biden en el barrio neoyorquino de Queens, donde se reunió con el líder de la mayoría del Senado, Chuck Schumer, la gobernadora Kathy Hochul y el alcalde Bill deBlasio, entre otros. “Esta es la crisis de todos”.

Biden hizo eco de lo que en esencia se ha convertido en sabiduría convencional: el cambio climático está empeorando mucho el clima extremo.

“El cambio climático ha acelerado las tormentas severas, los incendios, los huracanes, las tormentas costeras y las inundaciones, amenazando a millones de personas”, informó recientemente el Washington Post. “Casi 1 de cada 3 estadounidenses experimentó un desastre meteorológico este verano”.

Es un tema que se repite habitualmente después de los huracanes. Tras el huracán Katrina, un devastador huracán de categoría 5 que causó más de 1.800 muertes y unos $125.000 millones de dólares en daños en 2006, las investigaciones afirmaron que los huracanes del Atlántico se duplicaron en el último siglo.

“Estas cifras son un fuerte indicio de que el cambio climático es un factor importante en el aumento del número de huracanes en el Atlántico”, dijo Greg Holland, del Centro Nacional de Investigación Atmosférica (NCAR) en Boulder, Colorado.

La idea de que la humanidad se ve acosada por un mayor número de tormentas “turboalimentadas” es un poco aterradora. Pero, ¿es cierta?

Una mirada más cercana a la ciencia

Antes de pedir un préstamo para la construcción de un refugio contra las tormentas en el sótano de tu casa, puede que merezca la pena echar un vistazo a los datos de la Sociedad Meteorológica Norteamericana publicados recientemente en el Wall Street Journal. Los datos muestran que hay menos huracanes en el territorio continental de EE.UU., no más.

“A pesar de lo que hayas escuchado, los huracanes del Atlántico no son cada vez más frecuentes”, explica el economista danés Bjorn Lomborg en el Wall Street Journal. “De hecho, la frecuencia de los huracanes que tocan tierra en el territorio continental de EE.UU. ha disminuido ligeramente desde 1900″.

El WSJ es una publicación respetada, pero por supuesto tiene fama de ser de centro derecha. Así que es importante señalar que Lomborg y el Wall Street Journal no se han equivocado en este caso. Existe un consenso generalizado de que la frecuencia de los huracanes no está aumentando.

“Un nuevo análisis estadístico de los registros históricos y de datos de los satélites sugiere que en realidad no hay más huracanes en el Atlántico ahora que hace aproximadamente 150 años, informan los investigadores el 13 de julio en Nature Communications”, informó Science News.

Los hallazgos reportados en Nature Communications no son un caso atípico. Como informó The Economist en 2017 y el Washington Post en 2015, una gran cantidad de investigaciones muestran que los huracanes son cada vez menos frecuentes, no más frecuentes.

Sin embargo, eso es solo la mitad de la historia. Aunque hoy en día existe un acuerdo generalizado de que el calentamiento global no está causando más huracanes, muchos científicos e informes de los medios de comunicación dicen que las tormentas están creciendo en intensidad.

Esta afirmación, según Lomborg, también es falsa.

“[No,] tampoco hay huracanes más potentes. La frecuencia de los huracanes de categoría 3 o superior que tocan tierra desde 1900 también tiende a disminuir ligeramente”, escribe Lomborg. “Un artículo de julio de Nature concluye que el aumento de los huracanes fuertes del que tanto se ha oído hablar “no forma parte de un aumento a escala de siglo, sino de una recuperación de un mínimo profundo en los años 1960-1980”.

Sin embargo, no todos están de acuerdo con Lomborg y Nature. Algunos creen que la disminución en ell número de huracanes está dando lugar a huracanes que, efectivamente, son más potentes. ¿Pero cuánto más?

Chris Landsea, jefe de la rama de previsión de análisis tropical del Centro Nacional de Huracanes, dijo que el calentamiento global probablemente añadió alrededor de un 1% más de potencia al huracán Michael, un huracán de categoría 5. Eso se traduce en 1 ó 2 mph.

“Eso es un aumento bastante pequeño y la mayoría de la orientación informática de los modelos de calentamiento global dicen que tal vez podríamos ver un 3% más fuerte para el final del siglo”, dijo Landsea, hablando durante una sesión sobre la historia de los huracanes en 2019. “Eso no es realmente mucho”.

¿Por qué hay tantas crisis?

La verdadera ciencia del calentamiento global y los huracanes parece bastante clara. Los huracanes no están aterrizando más a menudo en el territorio continental de Estados Unidos, sino con menos frecuencia. No está claro si se están volviendo más potentes, pero si los huracanes están creciendo en intensidad, no es por mucho.

Estas revelaciones científicas son más bien insulsas y parecieran contrastar fuertemente con las afirmaciones de que el clima extremo plantea una “crisis existencial” para la humanidad y los titulares de las tormentas “turboalimentadas”.

Se le perdonaría a alguien que preguntara: ¿Qué pasa? ¿Qué se supone que debo creer? ¿Se avecina realmente un apocalipsis meteorológico?

Si un apocalipsis climático extremo está realmente sobre nosotros, es una de las muchas crisis a las cuales se nos dice que nos enfrentamos. No hay escasez de catástrofes y epidemias, si juzgamos por los mensajes de los políticos, los intelectuales y los informes de los medios de comunicación. Los tiroteos masivos. El coronavirus. La crisis de los opioides. Los incendios forestales. La lista continúa.

Si bien es cierto que los conflictos y las crisis son elementos comunes de la historia de la humanidad, parece que nuestra situación moderna es de crisis prácticamente de manera constante. ¿Por qué?

En su libro Crisis y Leviatán, el economista Robert Higgs analiza este fenómeno. Higgs sostiene que las crisis son esencialmente alimento para el leviatán, una metáfora del Estado acuñada por el filósofo inglés Thomas Hobbes y derivada de un monstruo marino bíblico.

Higgs observa que las crisis han servido de catalizadores para las mayores expansiones del poder estatal en la historia moderna. El New Deal fue el resultado de la Gran Depresión. La Guerra contra el Terrorismo y la Ley Patriótica fueron hijos de los atentados del 11-S. Y luego está la pandemia del 2020. A diferencia de las pandemias anteriores, los funcionarios de salud pública aprovecharon todo el poder del Estado para intentar domar al COVID-19.

En cada crisis, se les dijo a los estadounidenses que las medidas de emergencia adoptadas no sólo eran necesarias, sino temporales. La historia, sin embargo, demuestra que una vez que la crisis ha pasado, “el engordado Leviatán sigue dominando”.

La tesis de Higgs -que las crisis son el alimento que alimenta al voraz Leviatán, liberándolo poco a poco de los grilletes diseñados para constreñirlo- recuerda un meme popular en las redes sociales.

“Si dejamos que los políticos se salten la ley en una emergencia”, dice, “los políticos crearán una emergencia para poder saltarse la ley”.

Otra versión del meme sería esta: Una vez que las crisis se consideren una causa legítima para la acción extra-constitucional, prepárate para una abundancia de crisis.

La mejor manera de combatir el clima extremo

Nada de esto quiere decir que las pandemias, el clima extremo, los tiroteos y similares no sean problemas reales o graves. Lo son.

Pero es importante entender que el gobierno es la causa de muchos de estos problemas, no la solución. La realidad es que el gobierno no es muy bueno para resolver problemas simples, y mucho menos los más complejos. De hecho, las muertes relacionadas con el clima están en históricos mínimos, no porque los gobiernos cumplan sistemáticamente sus objetivos de reducción de CO2 (no lo hacen), sino porque el capitalismo de libre mercado ha hecho que los hábitats humanos sean exponencialmente más resistentes a los desastres relacionados con el clima.

“Una mejor infraestructura, alimentada por las mejoras tecnológicas y de riquezas, contribuye más a proteger vidas y propiedades que la reducción de las emisiones de carbono”, explica Lomborg.

Puede que las temperaturas globales estén aumentando, pero la solución no es darle a los políticos y a los burócratas del gobierno el poder para regular la economía con una legislación al estilo del Green New Deal (Nuevo Tratado Verde) diseñada para frenar el mal tiempo.

La solución es darle rienda suelta al poder del mercado libre y permitir que los empresarios construyan un mundo más próspero y resistente gracias al ingenio humano.

Jon Miltimore – FEE

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