Redacción BLes- El brote de la pandemia causada por el virus PCCh (Partido comunista de China) se convirtió en un completo desastre para la mayoría de los países, y la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha sido cuestionada fuertemente al respecto.

Partiendo del hecho de que su función es la de atender a nivel internacional y tomar las medidas adecuadas para evitar peligrosas afectaciones a la salud, las indicaciones impartidas desde este organismo han sido contradictorias y erráticas.

Por un lado, el régimen chino estaba obligado a informar del brote de la epidemia de acuerdo con el Reglamento Sanitario Internacional, pero no lo cumplió, haciéndose responsable de las consecuencias de la pandemia.

Por otro lado, si bien el régimen chino no oficializó oportunamente el aviso a la OMS, el gobierno de Taiwán probó que el 31 de diciembre avisó a la OMS del caso de 7 pacientes con una “neumonía atípica” en Wuhan, China, que merecían ser investigados.

No obstante, la OMS ignoró el aviso, siendo esta su primer falla. Esto no fue obstáculo para que Taiwán tomara las medidas en protección de su nación, con un éxito rotundo puesto que tan solo murieron 7 personas y su economía y ritmo de vida fueron afectados muy poco.

Entre otros desaciertos de la OMS, se cuenta que el uso de las máscaras fue desaconsejado con argumentos como que causaban “dificultades respiratorias”, “autocontaminación”, una “falsa sensación de seguridad” y una “desviación de recursos de las medidas eficaces de salud pública”.

Así, resulta coincidente que en los primeros días de la aparición del brote del virus PCCh el régimen chino acopio millones de máscaras de todo el mundo, subrepticiamente y para su propios beneficio llegando incluso a revenderlas a precios más elevados.

Recién en junio la OMS recomendó el uso de las máscaras diciendo: “los gobiernos deberían alentar al público en general a usar máscaras en situaciones y entornos específicos como parte de un enfoque integral para suprimir la transmisión del SRAS-CoV-2”.

Otro de los aspectos que causa preocupación a las personas en todo el mundo es la posibilidad de la transmisión asintomática del virus PCCh.

En este sentido, la epidemióloga de la OMS Maria Van Kerkhove dijo el 9 de junio que la propagación asintomática de la enfermedad parece ser muy poco probable, contrariando a todos los funcionarios que seguían estrategias de prevención contra la transmisión desde las personas asintomáticas. Algunos medios sostienen que luego Van Kerkhove se retractó.

La confusión generada en cuanto al uso del medicamento hidroxicloroquina [utilizado sin problemas durante décadas para curar otras dolencias] no ha sido menor.

Al respecto la OMS suspendió en mayo un estudio sobre este medicamento argumentando que era letalmente arriesgado e inseguro para los pacientes con coronavirus. Sinembargo, pocos días después lo retomó para abandonarlo de nuevo explicando que el medicamento no ofrecía ningún beneficio a los pacientes de COVID-19. 

Por su parte, el Sistema de Salud Henry Ford publicó el 3 de julio que la hidroxicloroquina habían dado como resultado una reducción significativa de la mortalidad de los pacientes de COVID-19, en consonancia con la recomendación para usarla emitida por el presidente estadounidense Donald Trump en meses anteriores. 

El prolongado ocultamiento del brote del virus del PCCh por parte del régimen chino, y la negligente complacencia de la OMS con este llevan a considerar una posible confabulación para generar un genocidio mundial, según el investigador y periodista Shrenik Rao

.“Al suprimir la información y mantener al mundo en la oscuridad sobre la propagación de la enfermedad, han orquestado asesinatos masivos a escala mundial”, sostiene Rao refiriéndose al régimen chino y a la OMS.

Así, Rao considera que el director general de la OMS, Dr. Tedros Adhanon Ghebreyesus, [un miembro de partido comunista de Etiopía] debería ser despedido de su cargo y que el presidente de China y los altos jefes del Partido Comunista de China deberían ser juzgados por crímenes contra la humanidad.

Los desvaríos de la OMS causaron que Estado Unidos suspendiera sus contribuciones, de alrededor de 450 millones de dólares anuales, hasta que demostrara una reorganización sustancial en busca de mayor eficiencia en el cumplimiento de su misión.

Todos los desaciertos de la OMS han generado numerosas reclamaciones y malestar, tras acusaciones de incumplimiento de su misión. Entre tanto el número de muertos se acerca a 540.000 en todo el mundo, y el impacto de las pérdidas económicas resulta incalculable.

José Hermosa-BLes.com