El marxismo cultural fue una excelente estrategia para optimizar el descontento social y crear el ecosistema perfecto para qué se formarán las primeras guerrillas

¿Qué ganaba la URSS al tener buenas relaciones con Cuba? Tenían tres razones, la primera, era establecer una posición geográfica ventajosa con respecto a Estados Unidos; la segunda, tener países satélites a sus órdenes en el tablero geopolítico y la tercera, ganar la guerra fría.

¿Cómo lograría esto? Permeando a través de ideas marxistas-leninistas a Cuba. ¿De qué manera puede infiltrarse esta ideología? Como diría Antonio Gramsci: “Tomen la educación y la cultura, y el resto se dará por añadidura”.

De esta manera, promovieron el denominado marxismo cultural. Se infiltraron con canciones, poemas y literatura cargada de adoctrinamiento ideológico, a través de los colegios y universidades. Promovían la idea de un “hombre nuevo” y transformador social… Y vaya que transformación, Cuba en esta nueva etapa se cerró al mundo y al libre mercado, lo que la conllevó a una debacle económica.

Fidel Castro se apropió completamente de estas ideas socialistas y no le bastó solo difundirlas en Cuba, sino que al igual que su aliada la URSS, decidió exportarlas y así comienzan a promover y apoyar sublevaciones guerrilleras en toda América Latina.

Para el gobierno de Castro, el nacimiento de nuevos gobiernos revolucionarios en América Latina era de vital importancia para romper su aislamiento regional, asegurar su supervivencia y derrotar al “imperialismo”.

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Para eso contó, con el apoyo de Ernesto “El che” Guevara, que desarrolló una teoría llamada el foquismo, en ella explicaba que «no siempre hay que esperar a que se den todas las condiciones para la revolución», ya que un pequeño foco iniciará acciones típicas de la guerra de guerrillas pudiendo lograr con rapidez que la revolución socialista se extendiera, obteniendo así el levantamiento de las masas y el derrocamiento de sistemas democráticos.

El deber de cada revolucionario es hacer la revolución” con este lapidario mensaje central de la “Segunda Declaración de La Habana”, leída por Fidel Castro el 4 de febrero de 1962, Cuba se comprometía a promover la lucha armada en todo el continente contra los regímenes dictatoriales apoyados o instaurados por el “imperialismo norteamericano”.

El marxismo cultural fue una excelente estrategia para optimizar el descontento social y crear el ecosistema perfecto para que se formarán las primeras guerrillas.

La URSS siempre buscó oportunidades de influencia para propagar su ideología y crear un grupo denominado “Los internacionalistas” que buscaban como respaldar técnica y militarmente insurrecciones en Latinoamérica.

De esta manera, sembraron las primeras semillas en Nicaragua, específicamente en un sujeto clave, Carlos Fonseca Amador,  quien fue invitado en 1957 al VI Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes en Moscú. Su estadía en la URSS de al menos 5 meses fue suficiente para que llegara maravillado con la Unión Soviética y escribiera un panfleto llamado “Un nicaragüense en Moscú”.

Fonseca a su regreso tuvo que exiliarse en Guatemala debido a las persecuciones sufridas por parte de la dictadura somocista en Nicaragua donde entabló relaciones con estudiantes quienes lo llevaron hasta Honduras, ahí se integra a la columna guerrillera «Rigoberto López Pérez» al mando del comandante guerrillero Rafael Somarriba, que contaba con el apoyo del gobierno cubano (a través del “Che» Guevara) en la lucha contra la dictadura en Nicaragua.

Este fue su primer involucramiento con las guerrillas, sin embargo, en una estrategia militar, asesinan a toda la columna guerrillera, excepto a Carlos Fonseca, quien es herido y enviado a La Habana, Cuba, para su recuperación donde afianza su codependencia ideológica y un fanatismo lunático.

Después de su recuperación viaja a Costa Rica y Venezuela para una convención del Frente Unitario Nicaragüense (FUN) y a su regreso a Nicaragua es detenido y enviado nuevamente a Guatemala, donde es confinado en El Petén y hace amistad con nada más y nada menos que con el futuro comandante de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) de Guatemala, Luis Augusto Turcios Lima.

Después de algunos malabares de parte de los cubanos, logran liberar a Fonseca, quien regresa a Nicaragua con la orientación cubana de fundar un grupo guerrillero. En su país propone el nombre de “Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN)” para la organización armada revolucionaria que desde meses atrás se venía conformando en algunas ciudades del país, entre los integrantes estaba Daniel Ortega, actual dictador de Nicaragua.

La mayor parte de este grupo guerrillero estaba conformado por estudiantes, pues como decía Gramsci a través de la educación y la cultura había que reclutarlos en las universidades y así sublevar a los universitarios con panfletos y canciones donde se enseñaba como armar un fusil para la insurrección.

Irving Cordero– Panampost.com