Redacción BLesEn un extenso y ciertamente sorprendente reporte el organismo médico francés detalló los pocos o casi inexistentes beneficios de vacunar contra el coronavirus a los niños y adolescentes, una semana después que el Ministerio de salud de Francia diera luz verde para la vacunación de este grupo de personas, reportó Life Site.

Este 15 de junio Francia comenzará a vacunar contra el virus PCCh a la población de niños y adolescentes entre 12 y 18 años, una medida que fue aprobada por el ministerio de salud y algo que otros países como Estados Unidos también están haciendo.

No obstante, el Consejo Nacional de Ética de Francia (CCNE por sus siglas en francés) publicó un reporte analizando la decisión del gobierno y explicando las implicaciones de esta.

Ausencia de pruebas y datos en niños y adolescentes

Uno de los puntos mencionados por el reporte es que la totalidad de las pruebas de la fase III de la vacuna experimental contra el COVID-19 fue realizada en adultos y si bien países como los Estados Unidos y otros han vacunado a niños y adolescentes, no existen datos ni análisis de los efectos en los niños y adolescentes a corto y largo plazo.

Lamentablemente sí se han reportado casos de inflamación del corazón en adolescentes después de recibir la vacuna contra el virus PCCh, mejor conocidas como miocarditis.

“La experiencia existente no permite garantizar la plena seguridad de estas nuevas vacunas en los adolescentes (…) y en los niños no se dispone de datos, aunque cabe señalar que varias decenas de millones de adolescentes han sido vacunados en Estados Unidos”, señala, y añade que “empiezan a publicarse algunos casos de miocarditis leve post-vacunación en adolescentes”.

Además, al ser una enfermedad desconocida, la comunidad científica está constantemente entendiéndola y el constante cambio de comportamiento resulta en nuevas interpretaciones.

La cuestión de vacunar hasta alcanzar inmunidad

Para lograr la inmunidad, los científicos colocaron el estándar en vacunar a un 85% de la población.

En Francia el 52% de los adultos se ha vacunado y según estadísticas recientes el 20% de la población adulta no quiere vacunarse y muchos han dejado de anotarse para recibir la vacuna contra el COVID.

Por ello, el CCNE plantea que si el 78% de la población del país es mayor de 18 años, apuntar particularmente a una población tan pequeña de niños y adolescentes, no parece responder al objetivo de la inmunidad en este periodo actual.

Baja tasa de transmisión entre niños y adolescentes

“¿Los niños y los adolescentes propagan realmente el coronavirus?”, se pregunta el consejo de ética. “La decisión de vacunar a los niños y adolescentes debe tener en cuenta, por tanto, su papel en la propagación del virus. Aunque siguen existiendo controversias, cada vez más publicaciones muestran que los niños, especialmente los menores de 10-12 años, no son la fuente más frecuente de contagio”, plantea el CCNE en su reporte.

Sí señala que el riesgo es mayor en los adolescentes pero que la mayoría de los contagios se dan en el hogar ya que a pesar de que los colegios estuvieron abiertos la segunda mitad de los encierros, no ha habido grandes picos en esta población.

La promesa de la libertad a cambio de la vacuna

El consejo también incluyó en su reporte la cuestión de los efectos secundarios de los encierros en los niños y adolescentes quienes se encuentran en una edad llena de energía y su vida social con sus pares es de suma importancia para su salud mental.

El CCNE explica que los efectos psicológicos adversos son duraderos y probablemente no desaparecerán con la pandemia y advierte que “los niños son miembros vulnerables de la sociedad que posiblemente tendrán nuevas formas de post-COVID

Entre los efectos secundarios ya se ha documentado “la ansiedad, los pensamientos suicidas, la depresión y los trastornos del sueño” durante el tiempo que tuvieron que hacer cuarentena y tomar las clases en casa a través de las pantallas de sus computadoras.

Según los datos del CDC de Estados Unidos, pensamientos suicidas en adolescentes se duplicaron este año con respecto al anterior.

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Entre las adolescentes de 12 a 17 años, la media de visitas semanales al servicio de urgencias por sospecha de intento de suicidio entre febrero de 2021 y marzo de 2021 fue un 50,6% mayor que en el mismo periodo del año anterior, según el análisis de los CDC. La mayoría de las consultas fueron de niñas.

También argumenta que el uso de mascarillas y el distanciamiento social no son naturales en los niños y adolescentes.

“Después de más de un año de limitaciones que pesan sobre su moral y su salud psíquica, la cuestión de su propia vulnerabilidad emerge y merece una mayor atención. Una sociedad que deja a sus jóvenes en una situación de sufrimiento prolongado es una sociedad que corre el riesgo de dañar su energía, sus esperanzas y su futuro”, reflexiona en su reporte el CCNE.

Entonces la cuestión de que los niños y adolescentes tienen que vacunarse para poder llevar una vida social normal, y salir del confinamiento obligatorio, plantea la cuestión ética de que a pesar de no ser una población de riesgo, como las personas mayores, y que su tasa de contagios es relativamente baja, que la cantidad de muertes por coronavirus en ellos es sumamente baja (de 100.000 muertes solo hubo 88 menores de 29 años) y que existe la posibilidad de que a pesar de vacunarse, los encierros podrían volver a confinarlos.

“El riesgo en este caso es importante: si los adolescentes acuden a la vacunación con la certeza de que les permitirá volver a la vida normal y esta motivación acaba siendo defraudada en la realidad, es su confianza en las instituciones la que corre el riesgo de verse afectada a largo plazo”, dice el CCNE.

“La vacunación obligatoria, especialmente en la población adolescente, no es una cuestión relevante en este momento, pero la motivación inducida por la posible libertad recuperada mediante la vacunación, especialmente en la población adolescente, debe garantizar que dicha práctica no sea perjudicial a corto, medio y largo plazo.  También se cuestiona la noción de libre consentimiento”, agrega.

Es decir, la vacunación no es obligatoria, pero al presentar la ‘libertad’ como fruto de hacerlo, termina siendo un tipo de coerción sutil, según el Consejo Ético Nacional de Francia.

Alvaro Colombres Garmendia – BLes.com