Las niñas son entregadas apenas dan sus primeros pasos y los padres desconocen su destino. Para ellos, el objetivo es no morir de hambre en un país que atraviesa una grave crisis empeorada por los talibanes en el poder

La crisis humanitaria que atraviesa Afganistán es una de las más alarmantes del mundo. Cerca 22,8 millones de personas (más de la mitad de su población) se enfrentará a una «inseguridad alimentaria aguda a partir de noviembre», según un informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO). Dentro de este entorno hostil, familias están vendiendo a sus hijos para alimentar el resto de su familia.

En las afueras de la ciudad de Herat, una madre vendió a su hija por 500 dólares. «Una vez que la niña pueda caminar, el hombre que la compró vendrá por ella. Eso ayudará a la familia a pasar unos meses», relató un reciente documental de BBC que retrató la escena. Supuestamente el hombre casará a la niña con su hijo, «pero nadie puede estar seguro».

La tragedia es una más dentro de la grave situación del país. De cierta manera, importantes carencias fueron atendidas a partir de 2001 cuando terminó el primer régimen talibán hasta este año. Sin embargo, ahora, tras la retirada de Estados Unidos, volvieron a a empeorar.

De las 22,8 millones de personas que se acercan a la crisis alimentaria en Afganistán, al menos 14 millones son niños. Es un aumento de 35 % en el nivel de hambre en comparación con el año pasado cuando las tropas estadounidenses resguardaban el país ante el acecho de los talibanes.

Algunas niñas son entregadas por dinero antes de cumplir dos años, de acuerdo con un reporte de la corresponsal de AFP, Elise Blanchard. Por lo general salen de sus hogares cuando se ha pagado la suma total, que puede variar entre 550 y 3500 dólares. La provincia de Badghis registró más de 100 casos similares.

“Mis hijas seguramente están mejor allá, con comida”, contó Mohammad Assan mostrando fotos de sus hijas de 9 y 6 años.

Hospitales abandonados

La tasa de mortalidad materna de Afganistán pasó de 1600 muertes por cada 100.000 nacidos vivos en 2002 a 638 muertes por cada 100.000 nacimientos en 2017, estimó la Organización Mundial de la Salud. No obstante, el avance que se logró en atención materna y neonatal desde que EE. UU. llegó en 2001 se está desvaneciendo. Por lo tanto, los niños padecen la crisis desde que nacen.

Un ataque en mayo de 2020 a la sala de maternidad del Hospital Dasht-e-Barchi, al oeste de Kabul, dejó una huella difícil de borrar. Murieron 24 personas, incluidas 16 madres, dos recién nacidos y una partera. Nadie se atribuyó el asalto, pero como consecuencia, Médicos Sin Fronteras (MSF) que dirigía la sala desde 2014, anunció su retiro, relató un reportaje de Vice. Después del atentado, la sala de maternidad reabrió con solo ocho parteras, cuatro ginecólogos y un supervisor.

 

El programa dejó una donación para seis meses de medicamentos y equipos médicos en julio del año pasado. De eso ya nada quedó. El siguiente es un testimonio de uno de los trabajadores luego de que los talibanes regresaran al poder:

“Dos representantes en nombre del nuevo gobierno han venido y han reservado una habitación aquí. Así que los talibanes están aquí, todo el tiempo, en el hospital, para controlar las cosas, y están controlando todo y vigilándonos».

Los talibanes no quieren ceder

La ayuda internacional también mermó para exigir a los fundamentalistas el respeto a los derechos humanos de los afganos. Los talibanes aseguraron en agosto que volvieron con un enfoque más «moderado». Sin embargo, la promesa quedó descartada cuando anunciaron el restablecimiento de las mutilaciones, sacaron a muchas mujeres de sus trabajos y hasta decapitaron a una deportista.

El Banco Mundial suspendió el financiamiento a pocos días desde que los talibanes tomaron Kabul. A inicios de año había anunciado alrededor de 800 millones de dólares para el país. El Fondo Monetario Internacional (FMI) hizo lo mismo. Se había programado que el 23 de agosto llegarían más de 370 millones de dólares del FMI.

Afganistán, sumido históricamente en la escasez y la falta de derechos fundamentales, se avecina a una crisis aún peor desde que el último avión estadounidense partió de Kabul. Hasta ahora este territorio se ve sin señales de flexibilización de los talibanes, quienes por el contrario ya están tejiendo alianzas con otros regímenes para fortalecerse.

Oriana Rivas – Panampost.com

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