¿Por qué una persona ajena al islam podría llegar a convertirse en un terrorista? Algunos expertos se inclinan por factores psicológicos, sociales y afectivos. Otros afirman que no existe una razón concreta.

¿Cómo una persona común y corriente puede llegar a convertirse en un extremista islámico? ¿Por qué estaría dispuesta a detonar una bomba suicida en nombre de Alá? ¿Qué pasó por su mente para abrazar ese radical cambio?

Para Scott Atran, antropólogo de la Universidad de Columbia, la respuesta es simple.  «Cualquiera puede llegar a ser terrorista (…) Son gente corriente. Salvo casos extremos (…) no tienen aspectos psicológicos relevantes. La gente prefiere imaginar que son anormales, pero no lo son», señaló en una entrevista en 2008.

Según el investigador, la fórmula yihadista se nutre de tres componentes para seducir a sus víctimas: crisis de identidad, frustraciones personales y deseos de gloria. De esta forma, no hace falta ser un gran líder o gozar de aptitudes extraordinarias, basta con caer en el juego de los reclutadores.

Estos no solo convocan a los seguidores del islam, también echan sus redes sobre los «infieles» de Occidente. Todo sea por conseguir más adeptos a la causa. Y para ello es indispensable la propaganda.

¿Cómo criar a un «lobo solitario»?

Ganarse la mente de un nuevo recluta requiere tiempo, estrategia y mucha dedicación. Sin embargo, la tarea se vuelve más sencilla cuando se trata de personas ajenas al islam, muchas de ellas jóvenes y de origen occidental.

Según un informe de Europol de 2020, los grupos terroristas suelen alentar los ataques precisamente con sujetos que no tienen conexiones con ellos. Esta es la táctica con la que operan el Estado Islámico (EI) y Al Qaeda.

Por otra parte, los insurgentes suelen aprovecharse de emociones negativas como el odio y el miedo para convencer a sus aprendices que están en la senda correcta. Aquí es cuando la propaganda yihadista cumple un papel crucial.

Esta se sustenta en una profunda crítica a Occidente, responsabilizándolo por actos de violencia y persecución contra los musulmanes. Del mismo modo, utiliza esta retórica para exaltar las frustraciones, descontentos y aspiraciones de sus discípulos. Para ello se enfocan en conocerlos a cabalidad. Almuerzan juntos, van a la peluquería, salen a caminar y los escuchan, tantean terreno.

La estrategia también incluye la tergiversación del islam, la apología de la yihad y la propaganda explícita a grupos terroristas. Asimismo, emplean manipulación emocional, coacción, seducción, engaños e incluso agresiones físicas. Así es como poco a poco van forjando el «lobo solitario» que llevan dentro.

No obstante, no todo es de odio y rencor. Los extremistas saben que no sería suficiente. Es por ello que también apelan a los anhelos más profundos del hombre. «Todas las sociedades admiran a quien se sacrifica por algo más grande que su vida, ya sea por Dios, la patria, una idea. A los terroristas islamistas también les mueve el deseo de gloria», expresó Atran a El Periódico.

Este altruismo sin embargo, cuesta caro. Lleva consigo miles de vidas.

El origen de un terrorista

¿Por qué alguien se vuelca al terrorismo? ¿Presiones? ¿Convicciones? ¿Adoctrinamiento? Este último no sería un factor determinante para Serafín Fanjul, historiador español y experto en temas del mundo islámico.

«Lo que pesa en una persona es la infraestructura mental, anímica y afectiva que ha recibido en la familia. Esta no tiene nada que ver como autores de delitos, pero sí como remotos responsables de una ideología y de una forma de vivir. Yo no me creo que un imán agarre a unos chicos por unas dos o tres semanas, les lave el cerebro y ya está. Eso no es así», declaró en el programa «El gato al agua».

Por otra parte, el hermetismo del islam también radicaliza las posiciones de los nuevos conversos. Según Fanjul, este extremismo religioso dificulta la integración social en Europa. «Existe una propensión de los musulmanes a considerarse siempre un grupo aparte. Esto lamentablemente es así. No hay deseo de integrarse» afirmó en una entrevista para El Mundo.

«Ser del Madrid o del Barcelona, o pagar impuestos a Montoro, son formas de integración muy superficiales. La manera de integración verdadera, la que salva todas las distancias y rompe ese tipo de barreras es la fusión física, sexual, o sea, los casamientos mixtos de hombres y mujeres de las dos procedencias» remarcó.

Terrorismo 2.0

La era de la globalización ha abierto nuevos espacios al terrorismo islámico, siendo Internet un lugar estratégico. Sin limitaciones de tiempo ni espacio, los yihadistas pueden ampliar sus áreas de influencia. De esta forma, no solo se organizan mejor, también pueden acceder a jóvenes de todo el mundo, escudándose en el anonimato de la web.

De acuerdo con el informe de Europol, «el riesgo de que la propaganda yihadista en línea se traduzca en violencia sigue siendo alto». Ataques recientes y no tan recientes dan cuenta de esta realidad.

En 2014, un joven canadiense converso al islam asesinó a tiros a un cabo del Ejército en el Parlamento de Ottawa. Ese mismo año un veinteañero de la misma nacionalidad atropelló a dos militares cerca de Montreal. Uno de los uniformados falleció en el hospital. Tras volcarse en el auto, el agresor llamó a los servicios de urgencias afirmando que lo hizo «en nombre de Alá».

Más escalofriante fue un episodio ocurrido en Francia en 2020, cuando un joven checheno decapitó a un profesor universitario a plena luz del día. Testigos del incidente aseguraron que el atacante gritó «Allahu Akbar» («Dios es el más grande»). Anteriormente, el maestro había utilizado una caricatura del profeta Mahoma para debatir sobre la libertad de expresión en clases.

Otro particular ataque se dio este año en Noruega. Un danés de 37 años atacó con un arco y flechas a un grupo de personas, dejando cinco víctimas mortales. La policía detuvo al hombre ese mismo día. Las autoridades ya lo estaban investigando por peligro de radicalización islámica.

María José Olea Álvarez – Panampost.com

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