Redacción BLes – Gilad Gil Pereg es un israelí radicado en Argentina desde el 2007 que comenzó a hacerse conocido desde el mes de marzo del 2019 por ‘maullar’ en la celda de la prisión de San Felipe, Mendoza, donde terminó recluido por asesinar a su madre y a su tía y luego enterrarlas en su domicilio.

Pereg, quien estranguló a su madre Pyrhia Saroussy, de 63 años, y asesinó a tiros a su tía Lyly Pereg, de 54, asegura que extraña su casa de Guaymallén, Mendoza, y a los 37 gatos con los que vivía. Los presos que están en celdas contiguas a la de él se quejan del ruido que hace, asegurando que no los deja dormir, según informó Infobae.

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Como indica el medio argentino, pasadas dos semanas de la desaparición de las mujeres, Pereg dio aviso a las autoridades e incluso convocó a periodistas para que lo acompañaran hasta la villa donde vivía, asegurando que allí mismo vivían sus secuestradores.

El hombre declaró ante los medios: “Acá hay mucha inseguridad, se las llevaron. Tal vez fueron espías del Mossad o los ladrones del barrio, me quiero ir de este lugar. Pongo en venta mi casa, los interesados saben cómo contactarme”.

Declaró a los periodistas que su madre y su tía habían estado de visita en su casa por alrededor de 10 horas y que luego de eso las acompañó hasta la parada del colectivo. Sin embargo no dio detalles sobre lo que ocurrió durante su estadía.

Si bien dijo a los investigadores que había estado intentando comunicarse con ellas sin ningún resultado, al final los oficiales no creyeron su testimonio.

De acuerdo con Infobae, el lugar donde vivía era un nido de suciedad, escombros, pornografía y bichos. Pereg dormía en un colchón en el piso rodeado por sus gatos, no se bañaba y en el patio hacia sus necesidades. En las paredes de la casa tenía inscripciones que decían “Viva Alá” y algunos impactos de bala.

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Uno de los directos responsables de la investigación, afiliado a la división de homicidios, cree que habría acabado con su madre luego de que ella le pidiera el dinero que le daba y por haber intentado convencerlo de volver a Israel para internarlo.

“Creemos que planificó todo, hasta antes de los asesinatos denunció que le habían robado una pistola calibre 9mm y dos armas calibre 38”, señaló el investigador.

Según reveló la investigación, tenía unas 40 armas de fuego a su nombre las cuales había comprado en armerías, no obstante en su domicilio los agentes tan sólo encontraron dos.

En el último episodio que vivió en la cárcel, los guardias forzaron a Pereg a tomar un baño; el recluso recalcó que quería suicidarse y añadió: “soy como los gatos, odio el agua, me hace mal”.

Su situación también le ha traído una serie de altercados. De acuerdo con Infobae, los presos han intentado atacarlo desde un agujero de la celda aislada en la que se encuentra sin llegar a lastimarlo.

Entre las razones que tienen los demás reclusos para atacarlo está el hecho de haber asesinado a su madre, algo imperdonable en el ámbito carcelero, además de que maúlla, no deja dormir a nadie y hace sus necesidades en su celda, la cual tienen que limpiar otros presos.

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El recluso sorprendió a los jueces con una extraña petición: “Necesito compañía. No puedo estar solo las 24 horas. “No soy una persona, soy un gato y necesito estar acompañado por gatos, no por personas. No puedo tener contacto con personas. Piensan que soy un loco, no pueden entender que alguien pueda vivir como yo, como un gato”.

“La solución mínima es que me traigan a la celda dos o tres gatos. Aunque eso no va a solucionar mi problema. Yo estaría bien con prisión domiciliaria, vigilado por muchos policías, o toda la Policía, todos armados. Yo no haría nada. No me quiero escapar. Quiero que me traigan a todos mis gatos. A mis 37 gatos. Mis 37 hijos”, añadió Pereg.

Para tres de los cinco peritos psicólogos y psiquiatras que lo evaluaron, Pereg es un hombre esquizofrénico y requiere ser internado en un manicomio, además creen que el ataque deliberado a sus parientes se habría debido a un impulso por algo que le dijeron.

Mariano Narciso Castex, uno de los peritos que llevó a cabo una evaluación a pedido de la defensa, dictaminó su caso como licantropía, lo que quiere decir que es un ser humano que se cree animal.

El hombre que llegó al país sudamericano diciendo que su nombre era Floda Relith (Adolf Hitler al revés), se radicó en una zona muerta, una villa donde habitan delincuentes y en donde terminó regalando el dinero que le enviaba su madre, ya que hacía préstamos pero nadie le pagaba. Quiso invertir en un predio al lado del cementerio pero fracasó.

Como señala Infobae, con sus abogados ha tenido conversaciones extrañas en las que les confesó que luego de su estadía en el manicomio tuvo una alucinación en donde presencio una reunión de comensales a quienes les servían un chivo vivo que después asesinaban y comían, luego el mismo chivo apareció en su cuarto cuestionando la razón de su muerte.

Pereg asegura que luego de eso tuvo una revelación en la que apareció un gato de un metro de altura frente a sus ojos llamado ‘Badjus’, a quien describe de cabello largo y blanco, con una edad de dos mil años. Dice que fue él quien evitó que muriera y que desde entonces comenzó a actuar como gato, defecando en cualquier parte y alimentándose con la comida de estos felinos.

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