Una joven madre está celebrando la sonrisa de su hermoso hijo después de una cirugía donde le repararon su paladar hendido.

Megan Thompson, de 21 años, de Erdington, Birmingham, Inglaterra, reveló que a su hijo le diagnosticaron labio leporino y paladar hendido bilateral, una fisura en el labio superior y el techo de la boca en ambos lados, mientras estaba en el útero.

Heredó la condición de Megan, que también nació con ella y desde entonces ha tenido siete operaciones para corregirla.

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George tenía un gran agujero bajo la nariz, lo que le impedía amamantarse, cuando nació el 23 de abril del año pasado.

Afortunadamente, ahora con 16 meses de edad, George ha tenido dos cirugías exitosas, una a los cinco meses y otra a los 11 meses, según informó Daily Mail

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Megan dijo: “Ahora está prosperando y verlo sonreír por primera vez después de la cirugía fue increíble. Parecía mucho más feliz. Era como un bebé diferente”. 

“Me operaron por primera vez cuando tenía tres meses, pero igual se burlaban mucho de mí cuando era niña, hasta el punto de que tuve que cambiar de escuela, y realmente no quería que eso le pasara a él”.

“La mayoría de la gente era amable cuando veía a George antes de sus operaciones, pero nunca olvidaré cuando estaba en la consulta del médico y un anciano se me acercó y me dijo: ‘¿Cuándo le vas a arreglar la cara?”.

“Fue mortificante. Intento no estar a la defensiva porque mucha gente no sabe que tiene una hendidura”.

“La apariencia es importante, pero la principal consecuencia de no tratar una condición como la de George es el efecto en su habla y en su forma de comer”.

Megan descubrió a las 20 semanas de embarazo que George nacería con labio leporino y paladar hendido bilaterales, una afección que, según el Servicio Nacional de Salud del Reino Unido (NHS, por sus siglas en inglés), afecta a alrededor de uno de cada 700 bebés y ocurre cuando las partes de la cara no se unen adecuadamente durante el desarrollo en el útero.

“Estaba muy molesta cuando me enteré, porque sentí que era mi culpa. Nunca antes había visto un bebé con hendiduras, así que me preocupaba no saber cómo cuidar de él”, dijo Megan.

“Pero cuando nació, todos mis temores desaparecieron. Pensé que era la cosa más hermosa. Tommy y yo estábamos muy felices”.

“Debido a que era un paladar hendido bilateral, no podía amamantarlo, lo cual me disgustó porque era algo que realmente quería hacer”.

George también tenía reflujo ácido y sufría de “oído pegajoso” en el lado izquierdo, una acumulación de líquido que puede afectar a la audición, algo a lo que los bebés con paladar hendido son más propensos.

Megan contó: “A pesar de todo, George era un bebé muy feliz. Su sonrisa era increíble incluso antes de la cirugía”.

“Se sometió a su primera operación en el Birmingham Children’s Hospital a los cinco meses de edad”.

“A mí me operaron cuando era bebé, así que sabía que a George también lo iban a operar”.

“Sabía que si no lo hacía, le afectaría más tarde en la vida, no solo en su apariencia, sino también en su alimentación y capacidad del habla”.

“La primera operación duró unas cinco horas. Era tan pequeño que tuvieron que someterlo a una anestesia general y, obviamente, los bebés no entienden lo que está sucediendo, por lo que se resistía a que le pusieran la anestesia”.

Después de la cirugía, la cara de George estuvo hinchada durante una semana y necesitó morfina líquida e ibuprofeno para el dolor durante dos semanas.

Pero los resultados fueron brillantes.

“Se veía increíble. Parecía mucho más cómodo. Su reflujo también mejoró”, explicó Megan.

Luego, a los 11 meses, George tuvo una operación de tres horas para reparar su paladar.

“Dos meses después de su segunda operación, pudo beber de un biberón normal”, continuó Megan.

“Cuando tenga ocho o nueve años, tendrá que someterse a un injerto óseo, en el que los cirujanos le extraerán hueso de la cadera o de la rodilla para fortalecer el paladar”.

“También tuve esa cirugía a los ocho años, que es la primera operación que recuerdo. Me hicieron siete u ocho operaciones en total”.

“A medida que crezca, dependerá de él si quiere más intervenciones para cambiar su estética”.

“Pero por ahora es un chico feliz, al que le gusta meterse en todo. A los nueve meses ya caminaba y siempre quiere ir a lugares a los que no tiene permiso”.

“Le encanta jugar con sus coches y adora a Peppa Pig”.

Ahora Megan, que anteriormente había recaudado 400 libras (493 dólares) para CLAPA, una organización que ayuda a las personas con labio leporino y paladar hendido, quiere aumentar la concienciación sobre la enfermedad.

“Desde CLAPA me enviaron algunos biberones especiales y también pusieron a George en su tarjeta de Navidad”, dijo Megan, con orgullo.

“Quiero crear conciencia sobre el paladar hendido, porque hay cierta negatividad a su alrededor y la gente cree que es la peor condición de la historia, pero no lo es”.

“George podía hacer cualquier cosa que un bebé normal pudiera hacer. Solo quiero que la gente sepa que no es el fin del mundo tener un bebé con esta condición”.

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