DAVIE, Florida, Estados Unidos – El paro cardíaco es la principal causa de muerte en los Estados Unidos, cobrándose la vida de más de 350.000 estadounidenses cada año y puede ocurrirle a personas de todas las edades sin signos de enfermedad cardíaca.

“Fue hace dos años, en el otoño de 2017”, dijo Gerald Kleynhans, hablando de su experiencia, según declaraciones recogidas por el Local10 News.

Kleynhans estaba entrando en su oficina en West Pembroke Pines cuando de repente se cayó al suelo.

“Uno de mis empleados estaba detrás de mí y dijo que caí con los ojos abiertos”, dijo Kleynhans.

“Pensaron que estaba bromeando y uno de los muchachos me pateó para ver si reaccionaba. Después de dos o tres minutos entraron en pánico y llamaron al 911”.

“Para cuando los paramédicos y los bomberos llegaron allí, dijeron que estuve 11 minutos sin oxígeno, considerando que ya estaba muerto”, recordó Kleynhans.

El cardiólogo Dr. Adam Splaver dijo que la mayoría de las personas que sufren un paro cardíaco repentino no sobreviven.

“Es un milagro andante”, dijo Splaver.

Al hombre se le diagnosticó posteriormente una alteración del ritmo cardíaco llamada fibrilación ventricular, que finalmente lo convirtió en candidato a un desfibrilador interno, también conocido como marcapasos.

Hasta el 99 por ciento de las personas que sufren un paro cardíaco repentino mueren o quedan con déficits físicos permanentes o daños cerebrales, por lo que Kleynhans está compartiendo con el mundo la buena suerte que tuvo.

Expresó su gratitud por los profesionales de la emergencia y los expertos médicos que le salvaron la vida.

“Veo el mundo de manera diferente. Tengo la bendición de ver salir y ponerse el sol”, dijo Kleynhans. “Tengo la bendición de ver a mi esposa, tengo la bendición de poder hablar con mi hijo Colton”.

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