Al despertar un viernes por la mañana con fiebre y con un dolor de cabeza palpitante, Saima Herz pensó que estaba sufriendo una gripe.

Fue a su médico de cabecera de camino a casa desde el trabajo y le dijeron que había contraído un virus.

A la joven de 30 años se le aconsejó que tomara medicamentos, y pasó el fin de semana acurrucada en el sofá, bebiendo agua caliente con limón, mientras su esposo Mike preparaba sopa.

Pero, días después, esta joven sana y en forma murió.

La causa de su muerte el 17 de diciembre del año pasado fue encefalitis, inflamación del cerebro. Los pocos síntomas incluyen dolor de cabeza, fiebre y, sobre todo, confusión.

El viudo de Saima, Mike, está ahora desesperado por concienciar sobre la enfermedad. Para Mike, la pérdida de la mujer con la que se había casado apenas dos meses antes fue especialmente cruel.

En 2002, durante unas vacaciones en Sudáfrica, cuando Mike tenía 12 años, su madre, Jane, de 37, y su hermano, Ben, de nueve, murieron trágicamente en un accidente automovilístico. Él y su padre, Adam, salieron heridos pero sobrevivieron.

Aunque Mike se recuperó físicamente por completo, fue solo después de conocer a Saima 13 años después que se sintió completo de nuevo.

“Tan pronto como conocí a esta divertida y hermosa mujer, supe que podía sanarme”, reflexionó Mike, un hombre de negocios de Cheshire. “A los pocos minutos de nuestra primera cita, supe que quería estar con ella por el resto de mi vida”.

“Después del accidente de coche (que pasó cuando era niño) no quise abrir mi corazón con nadie. Yo era una persona fría. Pero Saima, con su rápido ingenio y su increíble calidez, me enseñó que podía abrirme y amar de nuevo”.

“Ni siquiera tengo las palabras para describir lo que ha ocurrido. Es una pesadilla, una pesadilla horrible, increíble, insondable”.

La encefalitis es desencadenada por una infección viral que invade el cerebro o por el sistema inmunológico que ataca al cerebro por error.

Cualquier virus tiene el potencial de producir encefalitis, ya que puede llegar al cerebro a través del torrente sanguíneo. En raras ocasiones, las bacterias, los hongos o las picaduras de garrapatas pueden causarlo.

Después de pasar el fin de semana en el sofá, Saima se fue a trabajar temprano el lunes mientras Mike dormía, enviándole un mensaje para decirle que lo amaba. Más tarde esa mañana, uno de sus colegas llamó para decirle que su esposa estaba desorientada y mareada.

“Corrí hasta su trabajo”, recordó Mike. “Cuando vi a Saima, mi primer pensamiento fue que había tenido un derrame cerebral o una reacción alérgica”.

“La ayudé a subir al coche, ya que apenas podía caminar erguida. Hablé con ella cuando íbamos al hospital, pero no tenía sentido”.

“Prácticamente se desplomó en mis brazos. Entonces empezó a tener un ataque cuando los doctores la rodearon, la cosa más horrible que he visto nunca”.

Las siguientes 24 horas pasaron como si fuera una película de terror. Saima fue llevada a cuidados intensivos donde los médicos realizaron innumerables pruebas, que revelaron una inflamación en el cerebro.

“Recuerdo que un médico me dijo que pensaba que era encefalitis, pero no me preocuparía”, explicó Mike. Saima, dijo, era joven y estaba en forma, y debería recuperarse por completo. Me aferré desesperadamente a eso”.

Sin embargo, en 24 horas, la hinchazón era tan pronunciada que los médicos ni siquiera pudieron volver a examinarla, ya que era demasiado arriesgado moverla.

“Me senté junto a la cama de mi esposa instándola a seguir viva, diciéndole lo mucho que la amaba”.

Cinco días después, le dijeron a Mike que el corazón de Saima estaba fallando, cuando el cerebro se hincha empuja hacia abajo en el tronco encefálico, la parte que controla la respiración y la circulación, dejando de funcionar. Los médicos le dijeron que lo único que la mantenía viva era una máquina de soporte vital.

“En ese momento, todo se congeló”, dice Mike. #Cerré los ojos y me imaginé a la mujer que había sido Saima. Nuestra boda, nuestra luna de miel en Mauricio. Solo nuestra vida cotidiana. Había estado leyendo frenéticamente sobre la encefalitis en Internet y vi cómo algunas personas habían quedado con daño cerebral. Sabía que era hora de dejarla ir”.

“Pero antes de hacer nada llamé a mi padre. Mi mamá había estado en la situación de Saima, con soporte vital después del accidente, y le pregunté si se había quedado en la habitación cuando apagaron la máquina”.

“Dijo que no podía hacerlo y que se había arrepentido desde entonces. En ese momento, volví a la habitación, besé a mi esposa suavemente en la cabeza, la sostuve y le dije que la haría sentir orgullosa. Entonces la máquina se quedó en silencio y ella se fue”.

“Solo hacía una semana que había caído enferma. No tuve tiempo de procesar lo que estaba pasando. Mi dolor era tan intenso que estaba demasiado entumecido para llorar”.

Cientos de familiares y amigos asistieron al funeral de Saima y fue enterrada con su vestido de novia.

“Saima siempre decía que quería volver a ponérselo un día”, reflexionó emocionado Mike. “Así que eso es lo que hizo”.

“Necesitaba hacer algo positivo, no solo para honrar a mi esposa, sino para ayudar a otras personas”, sostuvo.

Así que Mike ha organizado el Ciclo Para Saima en ayuda de la organización benéfica Sociedad de Encefalitis. Viajará con un grupo de amigos y familiares desde Manchester a Londres entre el 24 y el 26 de abril del próximo año para recaudar fondos para la investigación de tratamientos para esa enfermedad.

“Mi esposa, mi madre y mi hermanito eran las personas más increíbles. No conozco a nadie que no los adorara”.

“Necesito que la gente sepa lo peligrosa que es la encefalitis y lo vital que es llegar al hospital si algo va mal”.

“Ayudar a otras personas es la mejor manera de recordar a aquellos a los que tanto he amado y que tanto extraño”.

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