Durante años, la frase “todo en Australia quiere matarte” ha circulado en los medios de comunicación social cada vez que alguien saca a relucir historias sobre la vida silvestre única de esa tierra. En realidad, no es de extrañar que Australia tenga esa reputación dado que cuenta con criaturas escalofriantes como las arañas que capturan y comen aves.

Aunque es el hogar de adorables koalas y lindos pero peligrosos canguros, también es el hogar de grandes tiburones blancos, caracoles que vomitan neurotoxinas y serpientes terriblemente venenosas. Cosas que asustan, sin duda.

Pero uno de los animales más mortíferos de Australia es una bestia que todo el mundo conoce: los cocodrilos. De hecho, una pareja de Australia Occidental casi aprendió eso por las malas.

Shantelle Johnson y Colen Nulgit habían decidido ir a pescar al Parque Nacional Keep River, según la BBC. Situada en el extremo norte del continente, es una zona aislada.

Shantelle Johnson y Colen Nulgit (Facebook)

Mientras conducían en su coche, algo terrible sucedió: se quedaron atrapados en el barro de los pantanos. Nadie quiere experimentar eso en medio de la nada.

“Intentamos cavar, e intentamos poner cosas debajo de los neumáticos, pero no se movió”, dijo Johnson a la Australian Broadcasting Corporation. “Estábamos muy asustados y preocupados, pero esperábamos que alguien viniera”.

Nadie apareció, y no olvides que se trata de Australia y de un parque nacional virgen. Johnson y Nulgit pronto descubrieron que tenían más de qué preocuparse que de un simple inconveniente.

Imagen ilustrativa (Pixabay/pixel2013)

Habían notado huellas de cocodrilos en el barro. Además, la ubicación de su vehículo los ponía en gran riesgo.

(Fuerza de Policía de Australia Occidental)

“Estábamos atrapados en el pantano, y estábamos justo al lado del agua salada”, dijo Nulgit. “Nos quedamos en el coche la primera noche, y luego vimos que el agua subía”.

No queriendo convertirse en la cena de un reptil hambriento, la pareja llevó a su perro, Ace, a un lugar más seco donde acamparon. Aunque tenían agua, no habían llevado mucha comida.

Sin embargo, trataron de mantener una actitud positiva, encendiendo un fuego y escribiendo la palabra “ayuda” en letras gigantescas cerca de su campamento. La pareja esperaba que algún avión de rescate los viera.

Tenían buenas razones para tener esperanza. Antes de partir, se pusieron en contacto con los miembros de la familia, les dijeron hacia dónde se dirigían y les dieron una hora estimada de regreso.

Cuando no aparecieron, sus seres queridos se pusieron en contacto con los servicios de emergencia. Después de 26 horas, un avión de búsqueda vio su mensaje y el humo de la fogata.

“Podría haber sido una historia diferente si no hubieran hecho eso”, dijo el sargento de la policía de Kunununurra, Dean Andrzejaczek. “Siempre es una buena idea decirle a la familia a dónde vas y a qué hora regresas”.

Cuando llegaron los rescatadores, la pareja estaba preguntándose si lograrían sobrevivir.

“Había pensamientos como ese que pasaban por nuestras cabezas, pero teníamos que pensar en positivo”, dijo Nulgit.

“Cuando los rescatadores bajaron más cerca del suelo, saltamos del coche y empezamos a hacerles señas. Fue abrumador, emotivo… Estábamos muy contentos de haberlo logrado”.

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