Diego Pereyra (36) es Especialista en medicina crítica y fundador de Proyecto Drone.

En 2007, Diego Pereyra caminaba por la calle cuando se topó con un incendio. Desde lo alto de un edificio una mujer gritaba porque se estaba quemando. Él, médico especialista en medicina crítica, sintió la necesidad de hacer algo, pero al no poder subir hasta allí se fue frustrado del lugar. Esa historia le quedó grabada hasta hace dos años, cuando en un bar leyó un email que le proponía comprar un dron. Pensó que con ese dispositivo volador podría haber alcanzado una manta ignífuga o un tubo de oxígeno para ayudar a esa mujer. Entonces miró a sus amigos y casi sin darse cuenta lo dijo: “Vamos a armar un dron ambulancia”, de acuerdo a lo que recoge el matutino argentino La Nación.

Su vocación por la medicina nació muy temprano, en su niñez. Cuando tenía 10 años a Diego le sangraba mucho la nariz. Esa hemorragia nasal, llamada epistaxis, lo dejó en el hospital en más de una ocasión, y la solidaridad con la que lo atendían, el trabajo del cirujano y de todo ese equipo de profesionales le hizo saber desde muy pequeño que quería dedicarse a la medicina, en especial a la terapia intensiva.

Además de médico admirador de la medicina preventiva, Diego es fanático de la tecnología y dice que su gran rasgo es la ansiedad. No compró el drone, pero armó uno en dos semanas junto con los médicos Mauro García Aurelio y Fernando Lipovetsky, y con Martín Tenorio y Florencia Pereira en la parte técnica. Empezaron a probar cargarlo con mantas y desfibriladores hasta que un día llegó el bautismo de fuego. Al ver en el noticiero una gran inundación en La Plata, los cinco integrantes del grupo de WhatsApp Equipo Drone no lo dudaron: vamos ya para allá.

“Cuando llegamos y levantamos el drone, el panorama era desolador, sólo se veían los techos de las casas, el resto era agua. Bajamos un poco en el vuelo y pudimos captar a una mujer que pedía ayuda desde su terraza”, cuenta Diego. Bajaron a la ambulancia voladora y activaron las cámaras y micrófonos bidireccionales para comunicarse con ella.

Luego del susto de estar hablando con un robot con alas que decía traerle la voz de médicos de carne y hueso, les contó que era insulinodependiente y que no tenía su medicación. Del otro lado escuchaba Diego, que antes de que la señora terminara de hablar ya había firmado la receta para correr a la farmacia a buscar los insumos. Los colocaron en un caja de plástico y le entregaron sus dosis junto con un glucómetro. Le dieron consejos sobre cómo inyectarse y ella pudo aguantar las ocho horas que demoró el rescate.

Luego de esta experiencia fueron contactados por una compañía de emergencias médicas, que ya tiene entre sus servicios al drone ambulancia, y por estos días negocian nuevos contratos con empresas de peajes y otros servicios de emergencia de la Argentina y países limítrofes. Los drones son de distintos tamaños y pueden cargar hasta equipos de resucitación.

La medicina del futuro

De acuerdo a Pereyra, la medicina argentina hoy está muy atrás y cree que existe un potencial y muchas ideas para solucionar problemas de los pacientes a través de la tecnología, lo que no significa disminuir tiempos de la relación médico-paciente, sino automatizar muchas otras cosas para ganar más tiempo en la relación con nuestros pacientes.

Diego se ve en 15 años dirigiendo varios proyectos tecnológicos de impacto social que solucionen problemas básicos de la salud. “Necesitamos a la tecnología para disminuir la desnutrición, la mortalidad infantil y la mortalidad por incidentes de tránsito y por muerte súbita, entre otras prioridades”, recoge La Nación.

Es de público conocimiento las necesidades que pasa la medicina actual, desde hospitales con una infraesctructura débil, hasta un paciente que debe ser atendido en el pasillo de sala de urgencias por tener todas las camillas ocupadas. Y ni hablar de los peligros que muchos médicos, residentes, enfermeras, etc atraviesan para cumplir con su juramento hipocrático que es “el que el médico se compromete a dedicarse totalmente a la vida, en toda circunstancia, con independencia del rango social, la edad o la inteligencia”.