Lo que hay que saber para diferenciar la ensalada de estados mentales y nociones que acarrea la corriente de la sociedad actual y que hacen al origen fundamental de las enfermedades e infortunios.

“La rabia y la furia son dañinas al yin, mientras que la excesiva alegría daña el yang”, reza un proverbio chino.

Tanto en la medicina moderna como en la medicina tradicional china se pone énfasis en prevenir hábitos no saludables. Por ejemplo, se dice que aquellos que sufren de enfermedades coronarias no deben exaltarse, y que quienes sufren del hígado no deben enojarse.

Según la medicina tradicional china, el corazón se ve afectado por la alegría; el hígado, por el enojo; los pulmones, por la pena y la ansiedad; el bazo, por pensamientos; y los riñones, por temor.

Así, a las patologías de los cinco órganos se las conoce como los “cinco síntomas’ que hacen referencia a la gama de emociones. Al extenderse en el largo plazo, las reacciones emocionales producirán daño en la energía vital y en la circulación de la sangre.

La ciencia médica moderna también ha encontrado que los cambios constantes en el estado de ánimo dan lugar a diferentes respuestas del sistema endócrino, lo que resulta en graves efectos adversos en el cuerpo.

En comparación con la antigüedad, la sociedad moderna es muy competitiva y tensa, hay más celos, y se ha puesto de moda la depresión. Hay más lugar también para la ambición, se tiende a abandonar el sentido de autocontrol y se fortalecen constantemente los deseos.

En tal ambiente, al intentar continuamente encontrar maneras de salir ganando en las diferentes situaciones de la vida, nos llenamos de resentimiento. A la larga, nos dañamos a nosotros mismos. Más aún, la preocupación por las pérdidas y ganancias personales ha llegado al nivel de patología crónica en la sociedad. Tales sentimientos provocan un efecto negativo en la psiquis, causan desórdenes en el sistema endócrino y, sin excepción, provocan enfermedades.

En cambio, los antiguos chinos eran muy puntillosos con la etiqueta y la moral, y congratulaban el autodominio. El comportamiento se juzgaba por lo que entendían como la voluntad del Cielo. Sus fuertes raíces culturales los hacían estar a gusto consigo mismos. No vivían por las aspiraciones mundanas, y la sociedad no los impulsaba a codiciar cosas fuera del alcance. Tampoco se preocupaban tanto por buscar justicia para sí mismos. Sabían que “sin pérdida no hay ganancia”. Así, no albergaban tantos resentimientos.

‘Ye’, la causa fundamental de Las enfermedades

En la sociedad antigua no había tanta competencia, y entonces la necesidad de ensalzarse tampoco era tal como la de hoy. El ambiente era menos estresante. Los antiguos no exhibían los síntomas actuales de ansiedad, preocupación e indignación. Por lo tanto, se puede decir que los antiguos no padecían tantas consecuencias de sus propios pensamientos o comportamientos.

En contraste, exprimir la mente en cómo tomar ventaja es moneda corriente del mundo de hoy, entonces se cometen constantemente actos que crean “ye” (o karma malo). Según la Escuela Fo (o Escuela Buda), todas las acciones humanas generan ‘de’ o ‘ye’. Cada gozo o infortunio en la vida, como las riquezas o enfermedades, viene en intercambio por el ‘de’ o el ‘ye’ que uno ha acumulado.

Las escuelas Fo y Dao exponen que el ojo humano no puede ver más allá de la ilusión del mundo físico que conocemos. Existen muchos espacios materiales que el hombre no puede ver; e incluso hay materias de nuestro espacio físico que tampoco son visibles al ojo humano. Los canales de energía, así como los puntos de acupuntura descriptos en la medicina tradicional china, no se encuentran en el cuerpo de esta dimensión, y por eso las herramientas modernas no pueden encontrarlos; pero sí existen.

De y ye son concretamente dos substancias que envuelven al cuerpo, pero en otro espacio material. Cuando la persona muere, el de y el ye no se extinguen ni se descartan, sino que siguen a su espíritu principal para siempre. Por eso, los ancestros chinos solían decir a sus descendientes: “acumula de“, y consideraban que los afortunados podían tener fortuna porque traían mucho de de vidas anteriores.

La sociedad actual ha enmarcado todo su sistema de creencias en lo que es aceptado por la ciencia, por eso ya no cree en estas cosas. Pero con las herramientas de la ciencia moderna aún no se puede observar las existencias de otros espacios, ni mucho menos se puede confirmar la existencia de seres divinos en espacios elevados. Entonces la gente moderna, al limitar los valores al marco de la ciencia. tiende a hacer cualquier cosa para obtener ganancias personales sin esperar consecuencias; así acumula ye sobre ye.

Este ye es precisamente la raíz de todas las enfermedades, sufrimientos y tribulaciones. Los ancestros chinos tenían esto muy claro. En su libro ‘Prescripciones útiles para las Urgencias’,  Sun Simiao, un famoso médico chino que vivió entre las dinastías Sui y Tang, explicó que la razón por la que se necesita a los médicos es la desviación del comportamiento y de la mente de las personas, pues allí está la raíz de las enfermedades.

A diferencia de la antigüedad, el hombre ya no considera las manifestaciones de la naturaleza como señales de su conducta. La terca limitación de la mente a los conocimientos empíricos hace que el hombre no quiera hacer frente a las nociones erróneas de su mente y no pueda cambiar sus ideas preconcebidas. Entonces, la idea de ver dónde mejorar la moral cuando aparecen síntomas de enfermedad se ha convertido incluso en un tabú.

El viento

El viento es una causa más superficial de todas las enfermedades. De acuerdo con la medicina tradicional china, cuando uno está quieto (tranquilo), los tejidos están apretados y entonces no se dañan por los vientos fuertes.

En la perspectiva de la medicina moderna, el ‘viento’ es lo relativo a microorganismos patogénicos y síntomas de enfermedades que se desarrollan y mutan rápidamente, y que tienden a generar espasmos (a lo que la medicina se refiere como “tejidos apretados”).

Este ‘viento’ tiene una relación íntima con el ye. Cuando uno está sereno y en calma, naturalmente no comete acciones malas, entonces no crea ye y no es afectado por influencias malvadas. Por lo tanto, en la visión de la medicina tradicional china, no cometer acciones malas tiene más relevancia e implicancias que simplemente observar hábitos saludables.

Retornar a lo fundamental

Con el desarrollo de la sociedad, las innovaciones materiales y el confort se han vuelto esenciales para la vida moderna. Su importancia crece exponencialmente, mientras los valores morales caen en sentido contrario. De esta manera, las vidas se envuelven en capas y capas de ye, y así se alejan más y más de su naturaleza innata. Esto significa que el hombre se ha alejado del Dao y del Fa (Fa: ‘ley’ y ‘principios’ en la Escuela Fo).

Un sabio de la antigüedad profesó: “El principio de yin yang es el principio fundamental del universo. Es la Ley de la Creación. Provoca la transformación para la procreación. Es la raíz y la fuente de la vida y de la muerte, y se encuentra entre los templos de los dioses. Para tratar y curar enfermedades, uno debe retornar a lo que es fundamental”.

La vida moderna se ha desviado del equilibrio de yin y yang y, por lo tanto, ha desestabilizado los cincos elementos. Esto significa que el nivel moral de la sociedad resulta en enfermedades que son difíciles o imposibles de tratar.

En tiempos antiguos, los sabios le enseñaban a la gente a evitar las influencias dañinas y los malos vientos. Esto es especialmente importante en periodos históricos críticos como el actual. Al permanecer imperturbable, el ‘de’ y la fuerza vital de la naturaleza siempre envuelven a la persona, y el espíritu primordial de uno se preserva.

Antes, se forjaba la voluntad para actuar con mesura y mantener livianos los deseos; así, la gente no sufría el estado de insatisfacción constante que se sufre hoy en día. Las aspiraciones, entonces, podían cumplirse. La gente podía vivir con alegría sin importar la clase social a la que perteneciera, pues había relativamente más pureza en sus corazones.

Un ejemplo de felicidad en la pureza y la simpleza son los niños. No importa qué tan pobre o rica sea una familia, de cuántos juguetes disponga y qué tan avanzada tecnología tengan estos, los niños menores de tres o cuatro años aún disfrutan jugando con la tierra, con la arena, con una caja de cartón o cosas simples que encuentren a su alrededor.

Antes se vivía en un ambiente de más simpleza y menos ambición. Se vivía en armonía con el ambiente, intentando seguir las leyes de los Cielos. De esta manera se respiraba más paz y menos miedo, y la gente tampoco se enfermaba tan fácilmente como ahora. Trabajaban duro, pero no se cansaban tanto, pues sus espíritus estaban tranquilos. La comida era apetecible y la ropa era decente. En dicho marco, las tentaciones no podían cebar tanto los corazones como hoy.

Al vivir con énfasis en las virtudes, en armonía con el Dao, los antiguos chinos no generaban tanto ye y entonces gozaban de longevidad. Existen numerosos registros de personajes históricos que superaron los cien años de edad.

¿Y cómo se hace para vivir en armonía con el Dao? Se debe vivir de acuerdo a los valores universales tradicionales, v esto significa alivianar los deseos y soltar el egoísmo, la ambición desmesurada, la envidia, etc. La vida. en definitiva, es un proceso de cultivarse así mismo constantemente. Según todas las escuelas tradicionales de cultivación espiritual, la misión del hombre en la Tierra es ‘retornar a su ser original y verdadero’ en los términos de la Escuela Dao.

Cuando se ignora el propósito de la vida, como sucede en los tiempos modernos, entonces la sociedad tiende a ir en sentido contrario y enterrar cada vez más la verdadera naturaleza humana. Como la sociedad entera va en esa dirección, es muy difícil darse cuenta al estar dentro de la misma corriente. Se crea tanto ye, que el hombre incluso se envenena a sí mismo al alterar la naturaleza: entonces las enfermedades e infortunios ya ni alcanzan para pagar ese ye, y así la propia supervivencia del ser humano empieza a peligrar. En este marco, la salud de la gente empeora en forma integral, y los tratamientos médicos pierden efectividad. Al llegar a este punto, la única medicina es regresar a la simpleza, la pureza y sabiduría que nos legaron los antiguos.

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