La muerte este jueves de Richard Driscoll, un exbombero de 73 años que participó en las tareas de rescate el 11 de septiembre de 2001 en Nueva York, ha elevado a 200 el número de bomberos que han perdido la vida por enfermedades atribuidas a las secuelas de los atentados contra las Torres Gemelas.

El propio Departamento de Bomberos de la ciudad (FDNY, por sus siglas en inglés) aseguró que Driscoll murió de la “enfermedad del World Trade Center”, al tiempo que lamentó que sigan muriendo miembros del cuerpo por haber arriesgado sus vidas salvando las de otros.

El polvo, el humo, y los productos químicos y tóxicos que emanaron de los escombros aquel día afectaron no solo a los bomberos, sino también a policías, obreros de la construcción y otros trabajadores de emergencia que actuaron tras los ataques. Muchos han sufrido, como consecuencia, problemas respiratorios, trastornos digestivos, cáncer de pulmón y otros tipos de cáncer. Es lo que se conoce como ‘la enfermedad (en realidad, enfermedades) del World Trade Center’.

Las ruinas, tras el atentado del 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas en Nueva York
Las ruinas, tras el atentado del 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas en Nueva York

Con el objetivo de prestar asistencia a todos aquellos que sufren problemas de salud a raíz de los ataques en el Bajo Manhattan, en 2011 se creó el World Trade Center Health Program (Programa de Salud del World Trade Center). En 2018 había ya cerca de 90.000 inscritos, con una larga lista de diagnósticos que incluye cáncer, enfermedades digestivas y trastornos mentales.

En torno al 10% de los inscritos padece algún tipo de cáncer cuyo desarrollo se ha relacionado con los ataques terroristas. Estos casos han ido aumentando con el paso de los años, al tratarse de una enfermedad que tarda más tiempo en manifestarse. La pregunta que divide a los especialistas, y que ha creado fuertes debates entre afectados y autoridades, es si estos cánceres son consecuencia directa de la exposición a elementos cancerígenos a raíz de los atentados, o si se habrían desarrollado igualmente si los afectados no hubiesen estado presentes.

La batalla por incluir el cáncer

En 2011, diez años después de los atentados, un informe del Instituto Nacional para la Seguridad y Salud Ocupacional de Estados Unidos determinó que no había pruebas suficientes para incluir el cáncer en la lista de las enfermedades relacionadas con los atentados y que, por tanto, daban derecho a recibir compensaciones económicas por el tratamiento. Aquel informe no encontró evidencias médicas ni científicas que demostrasen una relación entre la exposición al humo y el polvo del desescombro de la Zona Cero y los casos de cáncer desarrollados.

Ese mismo año, no obstante, un estudio encargado por el FDNY, y financiado durante siete años con fondos federales, contradijo el primer informe oficial. El Departamento de Bomberos aseguró entonces haber descubierto un aumento de los casos de leucemia entre los bomberos que trabajaron en la Zona Cero. Antes del 11-S, añadió, la incidencia de cáncer en este grupo “era significativamente menor” que entre el resto de la población, y tras los atentados esa tasa se había igualado.

Sin embargo, un año después, un nuevo estudio, esta vez del Departamento de Salud de Nueva York, y el más extenso realizado hasta la fecha tras el 11-S, insistía en que no se habían encontrado vínculos claros entre el cáncer y los polvos nocivos a los que estuvieron expuestos los trabajadores que acudieron a la Zona Cero y los residentes del sur de la isla.

Las ruinas, tras el atentado del 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas en Nueva York
Las ruinas, tras el atentado del 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas en Nueva York

La Ley Zadroga

La mayoría de las asociaciones de afectados por la tragedia se mostraron indignadas por el hecho de que las autoridades se resistiesen a vincular la enfermedad con lo ocurrido tras el 11-S, a pesar de los casos desarrollados por empleados y voluntarios que trabajaron en las tareas de rescate y limpieza del World Trade Center. Ello impedía que los afectados puedan beneficiarse de los 2.700 millones aprobados por el Congreso de EE UU para indemnizaciones por gastos originados por males asociados al desastre bajo la llamada Ley Zadroga.

La ley, en vigor desde 2010 y llamada así en honor a un policía de Nueva York que murió por problemas respiratorios en 2006, incluía el asma, la obstrucción pulmonar o la bronquitis crónica, entre otras patologías que pueden ser reclamadas ante el Fondo de Compensación para las Víctimas del 11-S, el organismo federal que se encarga de distribuir los fondos.

Finalmente, el 10 de septiembre de 2012, la víspera de un nuevo aniversario de la tragedia, las autoridades federales anunciaron que el cáncer sería considerado oficialmente una de las enfermedades relacionadas con el 11-S, por lo que las personas que trabajaron en la Zona Cero y contrajeron o desarrollen hasta unas 50 variedades de la enfermedad recibirían fondos oficiales para la cobertura médica.

“Añadir estos tipos de cáncer respaldará algo que ya sabemos que es cierto: que nuestros héroes están enfermos, y algunos mueren de cáncer contraído al respirar las toxinas de la Zona Cero”, dijo entonces la senadora federal por el estado de Nueva York Kirsten Gillibrando.

Torres gemelas
Torres gemelas

Hasta 2090

El pasado mes de junio, un detective retirado de la Policía de Nueva York, de origen cubano, murió por un cáncer relacionado con las sustancias que aspiró durante los tres meses que pasó buscando víctimas entre los escombros de las Torres Gemelas. Luis Álvarez, que tenía 53 años, había testificado ese mismo mes ante una comisión del Congreso de Estados Unidos sobre los fondos de compensación destinados a las personas que primero respondieron al ataque terrorista.

En un principio, el Gobierno estableció un fondo de 7.000 millones de dólares, que se quedó pequeño debido a la cantidad de reclamaciones existentes, ya que no existe ningún mecanismo para agregar más aportaciones.

Una iniciativa legal quiere ahora que el Congreso garantice fondos para las personas que acudieron a participar en el rescate para los próximos 70 años. El proyecto de ley, aprobado ya por la comisión ante la que testificó Álvarez, se espera que llegue este mes de agosto a la Cámara Baja del Congreso para ser discutido.

El alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, dijo este jueves que el Senado “debe financiar por completo el Fondo para Compensación de las Víctimas del 11-S”, después de que Rand Paul bloqueara un proyecto de ley que aportaba dinero suficiente hasta 2090.

Cerca de 3.000 personas murieron en los ataques orquestados por la organización terrorista Al Qaeda en el World Trade Center de Nueva York, en el Pentágono y cerca de Shanksville, en Pennsylvania, y todavía quedan por identificar unas 1.100 personas.

A través de 20 Minutos.

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Categorías: Salud