Redacción BLes – Aprendemos a comer casi desde que nacemos. Esta es una necesidad básica que insume nuestra atención día tras día y forma parte fundamental de nuestro sostén de vida. 

Sin embargo, el acto de comer no es lo mismo que alimentarse. Adoptar ciertos hábitos saludables o conocer diferentes estrategias para lograr una nutrición más eficaz podría marcar la diferencia entre un cuerpo saludable y el que no lo es.

De acuerdo a un informe realizado por la The Conversation, existen “siete edades” o fases del apetito que, conocerlas, ayudará a mejorar la calidad una alimentación deficiente o desequilibrada para el organismo.

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Primer decenio, de los 0 a los 10 años

En esta primera etapa, desde el minuto cero de vida hasta los 10 años, es fundamental la implementación de hábitos saludables, ya que estos serán los que acompañarán al infante hasta su vida adulta.

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Combinar técnicas de degustación y aprendizaje, reiteradamente y en un entorno positivo, podría ayudar a los niños de esta edad a comenzar a aceptar hasta los alimentos menos deseados, como las verduras.

Otro factor importante es el de enseñarle a los pequeños el tamaño correcto de las porciones, así como también no obligarlos a “dejar el plato vacío“, ya que esto les impide hacer caso a sus propias señales del apetito y favorecer a la sobrealimentación.

Segundo decenio, de los 10 a los 20 años

Entre los 10 y 20 años se produce un incremento tanto hormonal como físico. Sin embargo, suele ser uno de los períodos con más desequilibrio alimentario y el que más orientación necesita recibir.

Por lo general, las mujeres de esta edad presentan una mayor probabilidad de padecer deficiencias nutricionales comparadas con los hombres jóvenes, debido a su diferencia hormonal y biología reproductiva.

Tercer decenio, de los 20 a los 30 años

Entre los 20 y los 30 años la persona ya se convierte en adulto. En esta fase el individuo experimenta un notable aumento en el peso debido a que, no solo cambia la alimentación sino las actividades en general.

Asistir a la universidad, casarse, vivir en pareja, tener hijos o trabajar, forman parte de las nuevas actividades de la vida en adultez. Esto también repercute en varios aspectos psicológicos como la ansiedad o el estrés, lo que produce que la persona necesite comer más veces al día o en mayor cantidad.

Por esto, es primordial realizar un balance y buscar nuevas opciones de alimentación que acompañen las obligaciones diarias que ayuden a aumentar la energía sin la necesidad de caer en malos hábitos alimenticios.

Cuarto decenio, de los 30 a los 40 años

Desde los 30 a los 40 años aumentan las dificultades de la vida diaria y con ello aumenta el estrés. En esta etapa, la alimentación de la persona suele volverse extremista, pudiendo llegar a experimentar desde un apetito voraz, hasta la ausencia del mismo.

También, debido a que en esta edad se pasa la mayoría de las horas dentro del ambiente de trabajo, estructurar el entorno laboral para reducir los hábitos alimentarios problemáticos puede ser esencial para conseguir una vida más saludable.

Por esto, muchos empleadores en el mundo ya comenzaron a implementar ambientes de trabajo que promueven hábitos más saludables para sus empleados.

Quinto decenio, de los 40 a los 50 años

Entre los 40 y 50 años es fundamental que la persona sienta imperiosa la necesidad de cuidarse y hacerse un chequeo médico constante, ya que de no hacerlo las consecuencias podrían ser las menos deseadas.

Es en estos años es cuando la persona adulta debe cambiar su comportamiento en función de las necesidades de salud, ya que con frecuencia los síntomas de enfermedades comienzan a ser visibles.

Sexto decenio, de los 50 a los 60 años

De los 50 a los 60 años comienza a acentuarse la pérdida progresiva de masa muscular, fenómeno conocido como sarcopenia. La tendencia a disminuir la actividad física, consumir menos proteínas de las necesarias y la menopausia en las mujeres aceleran la disminución de la masa muscular.

En este caso, mantener una dieta saludable y variada, el consumo de proteína y practicar actividad física es fundamental para reducir los efectos del envejecimiento.

Séptimo decenio, de los 60 a los 70 años y más

De los 60 años en adelante es crucial mantener una nutrición adecuada ya que la falta de apetito está muy presente en esta etapa de la vejez.

Otros efectos de la vejez son las dificultades para tragar, los problemas dentales y la pérdida de gusto y olfato.

La persona suele experimentar la pérdida de peso y la fragilidad debido al bajo consumo de nutrientes y calorías, lo que también desemboca en diferentes enfermedades graves como el Alzheimer.

En este caso, la asistencia o ayuda de otra persona es crucial para conservar un mejor estado de salud.

Nota: Este artículo fue redactado a modo informativo y no pretende reemplazar en absoluto la opinión de un especialista. Ante cualquier inquietud consulte a su médico.

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