Si hay algo normal en los seres humanos es la generación de gases intestinales, de hecho su frecuencia  es prácticamente diaria y resultan inofensivos como parte del funcionamiento metabólico que son.

Lo normal también es que sean inodoros y silenciosos, se estima que solo el 1% de los gases genera malos olores. Socialmente tienden a ser causa de bromas, pero lo cierto es que es importante estar alerta para detectar la causa y el tipo de dieta que los pueda estar originando, nos aconseja Muybio.

¿En qué consisten los gases intestinales?

Químicamente están compuestos de nitrógeno, dióxido de carbono, oxígeno, metano e hidrógeno, gases que se desprenden como consecuencia de las diversas interacciones bioquímicas resultantes del proceso digestivo.

También es cierto que pueden ser causados por la respiración y en el caso de algunas personas su frecuencia puede aumentar hasta una docena o más por día, lo que dependería de cada una de las circunstancias personales.

Aunque algunos alimentos promueven la producción de gases siguen siendo útiles en la dieta.

Igualmente, es conocido que su frecuencia puede aumentar cuando se consumen muchos alimentos abundantes en fibra, y ciertos granos como los fríjoles son promotores de esos, a veces desagradables, gases.

¿Por qué pueden quedar atrapados en el cuerpo?

Tanto el estreñimiento como los cambios en la micro flora intestinal pueden provocar su acumulación, aunque también el tragar aire influye.

No obstante lo normal de su aparición, lo excesivo de su acumulación debería llamarnos la atención.

Algunas de las causas que generan irregularidad en la producción de los gases intestinales pueden ser:

  • La aparición de alergias o intolerancias a ciertos alimentos.
  • Un aumento en la población bacteriana que habita en el tracto intestinal.
  • La ocurrencia de fermentaciones en el interior de los intestinos.
  • La presencia de estados patológicos como el intestino irritable.

Por otro lado, también influyen en su aparición lo siguientes casos:

  • Comer rápido
    Comer rápido estimula una mayor producción de gases.

Es importante considerar que al comer rápido se tiende a tragar una mayor cantidad de aire, lo mismo que al hacerlo en movimiento, mientras caminamos o cuando masticamos mucho chicle.

Y ya sabemos que el aire está compuesto de gases que, de no ser eructados, están obligados a salir por el extremo inferior del tracto digestivo.

  • Mala digestión

La digestión inadecuada suele inferirse por el olor desagradable de los gases.

Asimismo, el olor fuerte puede ser causado por la descomposición del azufre presente en varios alimentos, muy saludables en sí mismos como lo son el brócoli y las verduras de su familia, llamada crucífera, a la cual pertenecen el repollo, la col y la col de bruselas.

Asimismo los fríjoles, en todas sus variedades, y dependiendo de su intensidad y los alimentos con que se combinen, también pueden producir gases de fuerte olor. Pero esto no sería, necesariamente, una muestra de deterioro de la salud.

  • La actividad microbiana
    La flora intestinal es un recurso de nuestro sistema digestivo.

Nuestro sistema digestivo cuenta con una profusa población microbiana, que es la que actúa sobre los alimentos que no han sido digeridos completamente al llegar al intestino grueso.

Actuan en particular sobre las fibras y otros carbohidratos difíciles de reducir y este proceso produce más gases. Igual ocurre con los ácidos grasos de cadena corta, que sirven para el cultivo de otras bacterias benéficas.

Si luego de que los alimentos han llegado a este punto en el proceso digestivo aún notas que los gases resultantes de tu digestión son demasiados y que el olor también es excesivo, es posible que sean otras las causas.

  • El gluten o la lactosa

En algunas ocasiones el gluten provoca una reacción inmune como alergia que deteriora las células de la pared intestinal encargada de la absorción de nutrientes, dolencia conocida como enfermedad celiaca o celiaquía.

El gluten se encuentra principalmente en el trigo, la cebada, el centeno y la avena.

Sección de pared intestinal, a la izquierda sana, a la derecha deteriorada por efecto del gluten.

“Disminuye el tránsito del intestino y provoca cólico, distensión del abdomen y evacuaciones diarreicas que contienen grasa (esteatorrea)”, explica Gregorio Benítez Peralta académico de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

“Al no poder absorber las vellosidades intestinales sustancias como las vitaminas A, B, C y D, B12, He, Ca, entre otros nutrientes, el paciente presenta anemia, pérdida del cabello y otros síntomas y signos clínicos por deficiencia de nutrientes” agrega Benítez.

Es reconocido que la intolerancia al gluten está ligada a los cromosomas. Es más común en Estados Unidos y los países del norte de Europa y de África.

Hasta ahora no tiene tratamiento específico, ya que, por el simple hecho de evitar el gluten, no habrá lesiones en la mucosa intestinal.

Intolerancia a la proteina de la leche de vaca

A partir de cierta edad la leche puede resultar de difícil digestión.

Después de cierta edad, muchos adultos evidencian intolerancia a la lactosa, una proteína presente en la leche de vaca, que produce dolor abdominal, diarrea o flatulencias.

La lactosa es un azúcar de la leche y para digerirla es necesaria una enzima denominada lactasa. Los intolerantes a la lactosa no tienen suficiente cantidad de esa enzima y no pueden digerirla”, explica la doctora Carmen Andreu, alergóloga y miembro del Comité de Alergia a Alimentos de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC).

Señales del organismo a tener en cuenta con respecto a los gases

Lo más importante es prestar atención a los cambios en la manifestación de las flatulencias, es decir, si aumentan o si el abdomen presenta hinchazón e incomodidad por su presencia.

En estos casos, una buena regla de referencia es valorar si de alguna manera afectan la calidad de vida de uno y también la intensidad del impacto de los gases en nuestro entorno, en cuyo caso lo recomendable es buscar ayuda médica.

Este artículo fue redactado a modo informativo y no pretende reemplazar en absoluto la opinión de un especialista. Ante cualquier inquietud consulte a su médico.

José Ignacio Hermosa – BLes

 

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