350 millones de personas en el mundo son víctimas de depresión. La situación se ha vuelto tan sensible que incluso se pudiera convertir en una importante causa de discapacidad.

Pero este trastorno mental no es nada nuevo, de hecho, se dice que los griegos ya lo padecían e incluso grandes obras literarias como La Ilíada de Homero, contaba con personajes que se describían como depresivos.

En la actualidad y gracias a las investigaciones de los especialistas en el campo, se sabe que existen diferentes tipos y niveles de depresión, llegando incluso a aquella donde sus pacientes son altamente funcionales o aquella que no llega nunca a su fin.

Cuando la pena no termina

Uno de los tipos de depresión más difíciles de identificar es el Trastorno depresivo persistente, también llamado Distimia. Esta es continua y a largo plazo (crónica), y suele ser confundida con el desgano o la tristeza.

“La distimia se considera un trastorno depresivo mayor, persistente. La sintomatología puede presentarse desde la niñez, acentuarse en la adolescencia y persistir en la edad adulta. Esta condición crónica puede aparecer por dos meses, atenuarse, y volver a aparecer (con la misma o mayor intensidad) durante años”, explicó al diario electrónico The Huff Post, la neuropsicóloga clínica Tania Gómez.

Tal como afirma la especialista, uno de los peligros de la distimia es que puede hacer pensar al paciente que ya se fue, pero volver a tomar fuerza cuando menos lo espere. Las personas con este problema pueden llegar a sentirse felices y normales, por lo que no buscan ayuda profesional a tiempo, lo que a la larga empeora la situación.

“Lo importante es saber que no por leve es menos compleja. Con distimia se rinde, pero a contramarcha. Por eso no debemos verla como algo de menor importancia, porque pasar tanto tiempo en este estado es muy difícil y puede llevar a una depresión mayor”, explicó al portal Red Salud Rafael Torres, profesor asociado de la Facultad de Medicina UC y psiquiatra de Red de Salud UC CHRISTUS.

Imagen ilustrativa (Pixabay/Sasin Tipchai)

Este trastorno, que aqueja entre el 3% y el 5% de la población general y que suele aparecer más frecuentemente en mujeres, comienza con síntomas como el decaimiento, la melancolía y la tristeza.

Sin embargo, es importante hacer la distinción de que no porque alguien tenga un mal día o una mala semana va a padecer de distimia. Este sentimiento de desesperanza es crónico.

“Los síntomas del trastorno depresivo persistente, por lo general, aparecen y desaparecen durante años, y su intensidad puede cambiar con el tiempo. Sin embargo, los síntomas no suelen irse por más de dos meses. Además, pueden presentarse episodios de depresión mayor antes o durante el trastorno depresivo persistente, lo que a veces se llama depresión doble”, afirmó la prestigiosa clínica Mayo.

Señales innegables

Al igual que la depresión mayor, la distimia entrega señales a las que hay que prestarles especial atención.

Una de ellas es la pérdida de interés en actividades que antes generaban gozo y alegría, sin mencionar una disminución importante en los niveles de productividad y autoestima.

Por otro lado, los pacientes siempre están cansados, no tienen mucha actividad y tanto sus patrones de sueño como de alimentación están alterados. En otras palabras pueden padecer insomnio o dormir demasiado, así como pueden comer en exceso o no tener nada de hambre.

A largo plazo, la concentración y la memoria también comienzan a verse afectadas y estas personas terminan por alejarse de sus círculos de amigos, aislándose lentamente y desarrollando una especie de fobia social.

Pero como si esto fuera poco, las personas que batallan con la distimia también deben luchar con sus niveles incontrolables de irritabilidad e ira, los que explotan a la menor provocación.

Imagen ilustrativa (Pixabay/Ryan McGuire)

Síntomas de la distimia, según la clínica Mayo:

– Falta de interés en las actividades diarias

– Tristeza, sensación de vacío, depresión

– Desesperanza

– Cansancio y falta de energía

– Baja autoestima, autocrítica o sentirse incapaz o inútil

– Dificultades para concentrarse y tomar decisiones

– Irritabilidad o enojo excesivo

– Disminución de la actividad, eficacia y productividad

– Evitar las actividades sociales, aislamiento

– Sentimientos de culpa y preocupaciones por el pasado

– Falta de apetito o comer demasiado

– Problemas para dormir

Fuente:  Bío Bío Chile

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