La ansiedad es una respuesta adaptativa, pero cuando es excesiva o injustificada puede dañar nuestra salud.

El embarazo es un momento crucial en la vida de quienes lo afrontan, uno repleto de cambios en el cuerpo, en la rutina y en los hábitos. Y como tal es muy común que crezcan los niveles de ansiedad y de estrés, a menudo relacionados con el bienestar propio y el del feto.

Puede resultar desagradable, pero lo cierto es que la ansiedad y el estrés cumplen funciones importantes en nuestra vida, y por ello no debemos preocuparnos en exceso por ellos en todos los casos. Además, cuando realmente afecte negativamente a la calidad de vida, existen algunas estrategias que podemos poner en marcha para combatirlos.

Ansiedad, ¿Cuándo es un problema?

En condiciones normales, la ansiedad es adaptativa. Se trata de una respuesta emocional que permite que nuestro cuerpo se ponga en alerta y actúe de la mejor manera ante situaciones de amenaza, real y percibida. En el caso del embarazo, por ejemplo, un cierto estrés o ansiedad es lo que nos impulsa a tomar ciertas precauciones básicas que aseguran nuestro bienestar y el del futuro bebé.

El problema, en cambio, llega cuando la ansiedad es desproporcionada respecto a la situación desencadenante, causa un malestar significativo y afecta a la calidad de vida. Cuando se dan estas condiciones, no hablamos de ansiedad como tal sino más específicamente de trastornos de ansiedad.

Existen tres formas principales de ansiedad, en función de cómo aparecen y cómo se mantienen los sentimientos y efectos asociados: ansiedad generalizada, cuando los síntomas aparecen de manera progresiva y la ansiedad se mantiene en el tiempo; ataques de pánico, cuando aparece de manera súbita y transitoria; y fobias, cuando están desencadenados por un evento, objeto externo o situación que en principio no debería generarnos esa respuesta.

Sea como sea, la ansiedad es relativamente normal durante el embarazo, y como decíamos en cierto grado puede impulsarnos a tomar precauciones necesarias. Sin embargo, si es excesiva, también puede reducir la capacidad de autocuidado y provocar que los niveles dela hormona del estrés (cortisol) se mantengan demasiado elevados, lo que puede resultar negativo tanto para el desarrollo del feto como para la madre.

Por ejemplo, los trastornos de ansiedad durante el embarazo se asocian a complicaciones como restricciones en el crecimiento intrauterino, partos prematuros o bajo peso al nacer en el caso del feto y se consideran un factor de riesgo para la depresión postparto en la madre.

Aún así, hay que recordar que es natural que aparezcan ciertas preocupaciones, por ejemplo a la hora de realizarse pruebas médicas o al recibir determinados resultados de las mismas. Esto no significa necesariamente que exista un problema, por lo que es importante distinguir cuándo la ansiedad se vuelve patológica.

¿Cómo se aborda la ansiedad en el embarazo?

Los aspectos psicológicos del embarazo han sido tradicionalmente algunos de los más olvidados en la práctica medica y a nivel social, pero por suerte eso está cambiando. Incluso, desde la clínica cada vez más se ponen en marcha protocolos y estrategias para combatir estos problemas.

Por ejemplo, nuestro profesional de referencia podría recomendarnos enfoques como la psicoterapia, con técnicas como la terapia cognitivo-conductual o las sesiones de grupo; igualmente, la educación sobre distintos aspectos puramente médicos del embarazo puede ayudar en ocasiones a disipar ciertos medios. En algunos casos graves, incluso, es posible que se prescriban tratamientos farmacológicos similares a los empleados en el tratamiento de los trastornos de ansiedad o depresión fuera del embarazo.

Sea como sea, es vital que en todo caso se consulte la situación con un especialista, que será quien deba realizar un diagnóstico y pautar el manejo del problema de acuerdo con las características específicas de cada caso.

Fuente: 20minutos.es

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