La inclusión de varios miembros de la oposición interna de Cuba en una relación de indeseables despierta fundadas objeciones

En días pasados, con ocasión de la entrevista concedida por el presidente Donald Trump al influencer Alexánder Otaola, se dio a conocer una “Lista Roja” entregada por este último al primero. En principio, en ella se supone que figuren artistas cubanos identificados de un modo u otro con el castrismo, pero también deseosos de engrosar sus arcas con los dólares que devengan por sus presentaciones en Estados Unidos.

Se podría objetar que, en puridad, esos personajes del mundo del espectáculo no hacen algo esencialmente distinto de lo que, por desgracia, es práctica corriente entre los cubanos de a pie. En esa letrina de simulación y doble moral en que el régimen de La Habana ha convertido a la desdichada Cuba, no es raro que acciones y declaraciones estén divorciadas de convicciones y creencias íntimas.

Así vemos que un artista que en la Isla se presta a entonar —digamos— una canción que alaba al instaurador del actual desastre nacional, declare en Miami que prefiere no mezclarse en política… Igual que un trabajador que echa pestes del hambre y la miseria instauradas en Cuba por el repudiable sistema comunista, paga de modo puntual (“para no señalarse”), la gabela mensual que imponen el “Comité de Defensa de la Revolución” o el falso sindicato que siempre defiende a la patronal.

En definitiva, el grueso de los que figuran en la lista pertenece a ese nutrido grupo que asume posturas ambiguas y —como reza el dicho— “quiere estar a bien con Dios y con el Diablo”. Las mayores objeciones surgen por haber incluido en esa relación al profesor Antonio Rodiles y a sus amigos Claudio Fuentes y Áiler González.

El tema es polémico, y por ello no extraña que, a pesar de la larga semana decursada, muchos eviten abordarlo. Para el autor de estas líneas, el hecho de terciar en este enredo se facilita (¿o tal vez se dificulte; quién sabe?) por no ser fan de ninguno de los dos participantes principales en el diferendo que ha motivado la inclusión de esos miembros de la oposición interna en la aludida relación.

En lo tocante a Otaola (a quien no conozco en persona), mi distanciamiento obedece a un problema de temperamento o quizás de edad. Prefiero a un comentarista maduro (¡con minúscula, claro; no el dictador de Venezuela!) y de traje oscuro, antes que a este joven amanerado, vestido de colorines, cargado de pulsos, y que, con increíble habilidad, “engancha” a sus muchos seguidores con los pequeños chismes que intercala en sus programas.

Pero dicho esto, es justo destacar el decidido enfrentamiento militante al castrismo que el influencer pone de manifiesto en cada una de sus intervenciones. Y con un mérito adicional: el estilo irreverente y hasta “bretero” del comunicador conduce a que muchos que de otro modo no se interesarían en temas políticos, sí lo hagan, motivados precisamente por su peculiar manera de presentar y comentar las noticias. Esto es algo que todos los demócratas cubanos debemos agradecerle. Al menos yo lo hago.

En lo tocante a Rodiles, asistí, cuando él comenzaba su actividad contestataria, a varias de las reuniones convocadas por su organización (“Estado de SATS”) para su residencia del Miramar habanero. También a un par de encuentros de carácter más abiertamente político.

Me distancié hace años porque siempre lo vi reacio a participar en los esfuerzos de la oposición anticastrista por juntarse. En unos casos no se sumaba; en otros, sí lo hacía de inicio, pero al cabo de un tiempo, con cualquier pretexto, se distanciaba del intento de concertación; en ocasiones, llevándose junto a él a otros disidentes que le prestaban oídos. Hubo también tratos irrespetuosos a miembros del Grupo de los 75; es decir, a compatriotas que exhibían una hoja de servicios muchísimo más larga y rica que la del propio Rodiles, pues habían permanecido durante años en cárceles castristas.

Pero esto habría que matizarlo con la oposición a ultranza que él siempre ha manifestado hacia el régimen de La Habana; no conozco ningún pronunciamiento suyo de contemporización con el castrismo. Además, ha optado por no hacer uso de su indudable derecho a radicarse en el extranjero. O sea, que enfrenta al monstruo desde sus mismas entrañas, lo cual considero un mérito.

Los argumentos que Otaola esgrime contra él son harto discutibles, por decir lo menos. Esto explica la “mucha polémica” que —reconoce el influencer— generó su inclusión en la lista. Muchos de esos “argumentos” se reducen a expresar la antipatía política que siente él por el graduado en Ciencias Exactas (la cual —¿debemos extrañarnos!— es recíproca). Aquí incluyo una expresión conceptual: “Está en contra de la oposición”.

También el desacuerdo con las tácticas empleadas por Rodiles (por ejemplo, la supuesta rotura del tabique nasal que este afirma haber sufrido y su detractor califica de fabulación). Y claro, el tema de los “200.000 dólares” que —asegura Otaola— ha recibido el primero, supuestamente, con cargo al presupuesto federal del gran país norteño.

Aquí sólo cabe señalar la diferencia entre los beneficiarios de grants que residen en Cuba y en Estados Unidos. Se sabe que los primeros se encuentran en la mira de la Seguridad del Estado. Los segundos no. Por eso sería preferible que, si Otaola desea abordar ese tema, se centrara en quienes reciben esa ayuda económica allá, que los hay. Esto incluye a algunos que perciben mucho más que Rodiles (y esto pese a que el centro de la lucha contra el castrismo se encuentra precisamente en la Isla, y no en Miami).

Creo que sería magnífico que el influencer pusiera en práctica la idea generada por un fan y aceptada por él: la de crear una “Lista Rosada”. Para empezar, pudiera pasar para ella (como trámite previo a su total exclusión) a esos opositores que le desagradan. También, de paso, a Eduardo del Llano (en reconocimiento a su memorable saga de Nicanor O’Donnell) y a Rubiera (que, en lo esencial, se ha centrado en informarnos sobre el estado del tiempo).

La Habana, 30 de octubre de 2020

René Gómez Manzano

Abogado y periodista independiente