Redacción BLes– “Lo que comenzó como una crisis sanitaria mundial se ha convertido en parte de la crisis global de la democracia. Los gobiernos de todas partes del mundo han abusado de sus poderes en nombre de la salud pública, aprovechando la oportunidad para socavar la democracia y los derechos humanos”, dijo el presidente de Freedom House Michael J. Abramowitz.

Ciertamente, bajo la excusa de la crisis sanitaria, las sociedades alrededor del mundo han sido sometidas a las decisiones autoritarias de unas cuantas personas en el gobierno. Aun cuando las supuestas medidas para prevenir los contagios o aplanar la curva científicamente no han tenido resultado, los gobiernos las han prolongado indefinidamente.

Usando campañas mediáticas, incluyendo las redes sociales, estos funcionarios instalaron el miedo, una reacción primordial del ser humano, para manipular la opinión pública, generar una fe ciega de la gente en la ciencia (vacunas), alejarlos de sus seres queridos o mejor dicho, deshumanizarlos pidiéndoles constantemente que “mantengan la distancia social”, “que no visiten a sus seres queridos”, “que eviten las reuniones sociales”, y en fechas especialmente espirituales como el Día de Acción de Gracias o la Navidad, incluso han amenazado a la gente para que no se reúnan.

Personas con máscaras de protección facial observan la puesta de sol desde el Observatorio Griffith durante un encierro parcial durante el brote de la enfermedad coronavirus (COVID-19), en Los Ángeles, California, EE.UU., el 7 de diciembre de 2020. (REUTERS/Mario Anzuoni)

Colateralmente, las personas comenzaron a denunciar a otras que no usaban máscaras, o que se reunían con sus familiares, etc. Es decir, los que no creían en estas medidas y las desafiaban, tenían que enfrentarse a la ira de los que sí las creyeron. De hecho, líderes demócratas como Kate Brown, pidieron abiertamente que la gente denuncie a otros que violaran las medidas.

Todo esto cuando los mismos datos estadísticos demuestran que estas medidas no han surtido efecto en cuanto a disminuir los contagios. Por ejemplo, en la ciudad de Nueva York, uno de los lugares más golpeados por el virus PCCh, en plena cuarentena estricta murieron más de 30 mil personas.

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Ahora sabemos que fue una decisión del incompetente gobernador Cuomo que envió a los ancianos infectados a recuperarse en los geriátricos la que causó el grueso de muertes en la Gran Manzana.

Paralelamente, como si fuera un complot, los medios principales, los Grandes de Silicon Valley (Facebook y Twitter) confabularon con estos gobiernos para censurar al máximo grado posible cualquier opinión “disidente” aun si esta estaba basada en hechos científicos.

Tomemos el ejemplo de la hidroxicloroquina, uno de los tratamientos que el presidente Trump intentó promover para combatir el virus PCCh. CNN, MSNBC, el New York Times, entre otros, publicaron varios artículos para refutar sus efectos, con titulares como “la hidroxicloroquina no previene el COVID-19”, “Trump promueve falsa cura para el COVID-19”.

Está claro que quienes siguen a estos medios, van a descartar esta droga después de haber leído todos estos informes. Facebook y Twitter hicieron lo suyo censurando las publicaciones que mencionan la hidroxicloroquina como un tratamiento para el virus PCCh.

Pero todos sabemos que el tratamiento sí funciona, solo que no representa un gran negocio para las Grandes Farmacias, y quizás esta sea la razón principal para su censura.    

De un día para el otro, la gente se tenía que despertar para informarse sobre las novedades de la crisis de la pandemia. Pero en los noticieros no había información realmente. Solo había unos cuantos funcionarios de gobierno que gradualmente comenzaron a decirle a la gente qué podían hacer, que no podían hacer, quienes podían salir y por cuánto tiempo, quienes podían trabajar y quienes no.

Por supuesto, habiendo instalado el miedo en la gente y con una cifra de muertes que sinceramente nadie corroboró, apelaban a la obediencia de las personas siempre “por su propio bien” que tenían que cumplir con las medidas.

La “nueva normalidad” en que los gobiernos dictan cada aspecto de la vida de la gente, es probable que no se vaya después de la pandemia, es decir, cuando estos gobiernos lo decidan y este es el escenario más aterrador.

Por suerte, hay personas como el presidente Trump que se han dado cuenta de esto hace tiempo y han desatado una lucha contra este nuevo orden mundial.

Trump dijo: “La libertad es un regalo de Dios, no del gobierno” y “En América, no adoramos al gobierno, adoramos a Dios”.

Está más que claro que el masivo fraude electoral de los demócratas para sacar a Trump de la Casa Blanca, se debe a que Trump vino para restablecer la tradición que a su vez hará desaparecer a estos gobiernos tiranos de la faz de la Tierra. 

Álvaro Colombres Garmendia – BLes.com