Después de dos años de estancamiento, es hora de que la administración Trump tenga su propio liderazgo en el complejo mediático global del gobierno de Estados Unidos.

Después de unos cuantos acontecimientos que se produjeron a finales de 2018, el Senado está en condiciones de seguir adelante con la nominación para el puesto más alto de la Agencia de los Estados Unidos para los Medios Globales.

La nominación del cineasta Michael Pack como director ejecutivo de la agencia se volvió a presentar el mes pasado ante la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado.

El puesto de director ejecutivo de la Agencia de Medios Globales de Estados Unidos requiere experiencia en radiodifusión, comprensión de los medios globales de Estados Unidos y su misión, y habilidades ejecutivas.

Pack tiene amplias calificaciones para el trabajo. Fue ejecutivo de la Agencia de Información de los Estados Unidos (U.S. Information Agency Worldnet) y es realizador de películas documentales, transmitidas principalmente por PBS.

Pack fue hasta hace poco presidente del Claremont Institute, una organización líder en políticas públicas dedicada a los principios de la fundación estadounidense. Él traería todos esos activos al trabajo.

En el cargo de director ejecutivo, Pack reemplazaría a John F. Lansing, anteriormente de Scripps Networks, una persona nombrada en la era de Obama, que ha estado dirigiendo la Agencia de los Estados Unidos para los Medios Globales (anteriormente llamada la Junta de Gobernadores de la Radiodifusión) desde 2015.

En un esfuerzo desesperado por salvar los puestos de trabajo de los funcionarios de radiodifusión de la era de Obama a fines del año pasado, los senadores Bob Corker, republicano de Tennessee, quien desde entonces ha dejado el cargo, y Bob Menéndez, demócrata de Nueva Jersey, introdujeron una medida legislativa para destripar la posición de director general de su poder para contratar y despedir personal.

La legislación protegería -entre otros- a Manda Bennett, directora de Voice of America, cuyo trabajo se vería amenazado por un cambio de liderazgo. Varios senadores republicanos indignados impusieron suspensiones a la legislación, que murió cuando se levantó la 115ª sesión del Congreso.

Aunque frustrada, esta maniobra legislativa demostró la importancia de poner en marcha sin más demora a la persona designada por el propio presidente Donald Trump.

La Agencia de Estados Unidos para los Medios de Comunicación Mundiales es la principal herramienta de diplomacia pública del gobierno y está financiada con 685 millones de dólares por los contribuyentes de Estados Unidos. Empequeñece cualquier otro gasto del gobierno en alcance internacional, incluyendo intercambios educativos y culturales, alcance de embajadas y centros estadounidenses en universidades extranjeras.

En manos de productores y directores de izquierda, gran parte de las transmisiones pagadas por los contribuyentes estadounidenses se asemejan a las de CNN más que a cualquier otra cosa, tanto en su selección de historias como en su sesgo anti Trump.

Además, en los últimos años han estallado una serie de escándalos que ponen en tela de juicio su gestión y la profesionalidad. Un ejemplo fue el informe de diciembre de la Comisión de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes en el que se detallaban los abusos cometidos por el personal de radiodifusión en anuncios políticos en sus páginas de medios sociales.

Mientras más pronto la administración Trump pueda tener su propio liderazgo, más pronto la Agencia de los Estados Unidos para los Medios Globales podrá convertirse en el activo para el liderazgo global de los Estados Unidos que siempre fue su intención.

Helle Dale

Este artículo fue originalmente publicado en The Daily Signal

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Categorías: Opinión