Redacción BLesDesde hace no mucho tiempo se empezó a escuchar, cada vez más, la palabra “cancelado”. Lo que llama la atención (o quizás no tanto) es que los “cancelados” son en su mayoría personas, personajes, películas, novelas, etc que representan a la supuesta “supremacía blanca” o a todo aquello que tenga que ver con temas y valores tradicionales que los grupos progresistas ahora encasillan dentro del machismo, racismo, homofobia, etc.

A su vez justifican la “cancelación” diciendo que hiere a cierto grupo minoritario, o que no incluye a minorías, o más de estas absurdas excusas.

Lo que sí queda claro es que crearon la llamada “cultura de cancelación” y son grupos progresistas que buscan destruir la cultura tradicional e imponer su “verdad”, siguiendo una agenda globalista.

Aunque es un tema que abarca muchísimos aspectos, en este artículo solo vamos a tocar los ejemplos de la “cultura de la cancelación”.

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El New York Times se comprometió a cancelar a Pepé Le Pew

El caso del New York Times y Pepé Le Pew es bastante llamativo, ya que tilda al famoso personaje de dibujos animados de “normalizar la cultura de la violación” mientras que a la vez declaró que la pedofilia “no es un delito”.

Para, Charles Blow, columnista del NYT, el gracioso zorrino, que persigue a su amada zorrilla, fomenta la violación, según News Punch.

Blow, fue más allá y también apuntó al velocísimo ratón mexicano “Speedy Gonzales”, diciendo que ayudó a estereotipar a los mexicanos como borrachos y aletargados.

Blancanieves

Otra víctima de la cultura de la cancelación, es Blancanieves. Sí, aunque no lo crean los progresistas no están de acuerdo con la escena del beso que le da el príncipe para despertarla. 

Alegan que al no tener el consentimiento de la princesa, el príncipe está cometiendo “agresión sexual”.

Parece increíble, pero es cierto, piden cambiar el final de la historia para  que no presente esta “problemática”. 

¿Se imaginan la historia de Blancanieves sin ese final?

Shakespeare es “supremacista blanco y colonialista”

Un rasgo característico de los progresistas es que quieren borrar o reescribir la historia de la humanidad.

Todos sabemos de la importancia de William Shakespeare para la cultura y que también inspiró muchas obras posteriores de otros autores. Shakespeare es un clásico de la literatura mundial que no solo nos ha regalado magníficas historias sino que también junto a ellas nos ha marcado de valores y tradiciones que se transmitieron por generaciones enteras hasta hoy.

Pero a los progresistas no le gusta Shakespeare, (aunque es probable que ni siquiera lo hayan leído). La presidente del Comité Antirracista del Consejo Nacional de Profesores de Inglés y cofundadora de la campaña #DisruptTexts, Lorena German, asegura que “No podemos enseñar a Shakespeare de forma responsable y no interrumpir las formas de calificar y desarrollar a las personas”, enfatizando que al ser un hombre de la época en que vivió, sus obras representan un problema.

Anteriormente se había retirado del Departamento de Inglés de la Universidad de Pensilvania, un retrato de Shakespeare como “muestra” de diversidad racial y mayor sensibilidad.

También en la revista School Library Journal, la bibliotecaria de Minesota, Amanda McGrego, escribió “la obra de Shakespeare está llena de ideas problemáticas y anticuadas, mucha misoginia, racismo, homofobia, discriminación de clase, antisemitismo, maltrato”.

Teatro de Minnesota cancela a Cenicienta porque el elenco es ‘demasiado blanco’

El pasado 22 de marzo el Chanhassen Diner Theatre, canceló las presentaciones de Cenicienta porque el elenco era “demasiado blanco”.

El teatro justificó su decisión diciendo que se basaba en su política antiracista y que el espectáculo no estaba alineado con sus objetivos de diversidad.

La actitud de este teatro muestra la irracionalidad con la que toman estas decisiones.

Para el teatro el elenco no era diverso. Lo que no tuvo en cuenta el equipo creativo integrado por Michael Brindisi, Tamara Kangas-Erickson y Andy Kust, al cancelar Cenicienta, es que se trata de una historia folclórica europea, es decir que no suena descabellado que en el elenco no haya personas asiáticas, nativos americanos o negros.

También deberíamos tener en cuenta que el lugar donde se encuentra el teatro, es un suburbio de Minneapolis y la distribución de la población es: 92% blanca, 3% hispana y 1% negra. Lo que vuelve a confirmar la incoherencia que tuvieron al tomar la decisión de cancelar el espectáculo.

La cultura de la cancelación avanza sobre todo aquello que pueda herir los sentimientos de un grupo caracterizado por el resentimiento y la autodiscriminación, y que ahora está tomando “venganza” contra los opresores imaginarios.

Sebastián Arcusin – BLes.com