Un estudio liderado por Thomas H. Costello, de la Universidad de Emory, descarta la vieja narrativa que asocia el autoritarismo exclusivamente a la derecha. Es evidente el notable avance del autoritarismo izquierdista a través de movimientos radicales como Black Lives Matter o Antifa

¿Es el autoritarismo un legado de izquierda o de derecha? ¿Bastión «progresista» o conservador? Un reciente estudio liderado por Thomas H. Costello, investigador de la Universidad de Emory, concluye que la respuesta es que no hay respuesta. El artículo, elaborado junto a cinco colegas más, entrega las claves para entender este fenómeno desde el campo de la psicología.

De acuerdo con la investigación, cuando se trata de la mente humana, la ideología política del individuo pasa a segundo plano. Y por el contrario, son los valores o principios los que pesan más a la hora de cuantificar el nivel autoritario de una persona. «Psicológicamente hablando, el autoritarismo es lo primero», señaló Costello a Sally Satel, psiquiatra y autora de una nota sobre este tema en The Atlantic.

¿Autoritarismo únicamente de derecha?

Históricamente se ha asociado al autoritarismo con sectores más conservadores de la sociedad. El ejemplo por excelencia que exponen algunos es la figura del expresidente de EE. UU., Donald Trump. Varios psicólogos sociales coinciden en que ni siquiera existe una versión del autoritarismo en la izquierda.

No obstante, el estudio publicado en el Journal of Personality and Social Psychology echa por tierra esta hipótesis. Incluso preguntándose ¿cómo los investigadores del pasado pudieron ignorar el autoritarismo izquierdista por tantos años? Según Costello, esto se debe a la pronunciada orientación «progresista» de los investigadores sociales, intensificada en el último tiempo.

«La psicología académica alguna vez tuvo una considerable diversidad política, pero la ha perdido casi toda en los últimos 50 años», señala una revisión de 2014 publicada en The Atlantic. La formación en las universidades ha jugado un papel clave en esta radicalización, sobre todo al fusionar educación e ideología política. No obstante, independiente de cuál sea su origen, este «desequilibrio político» entorpece el camino hacia la búsqueda de la verdad.

Termómetro autoritario

El equipo de Costello combinó dos métodos para medir el grado de «autoritarismo» de 7258 adultos que participaron de la investigación. Por una parte, la escala autoritaria de derecha original de Altemeyer (RWA), y por otra, una adaptación del índice de izquierda (LWA).

Los resultados son sorprendentes. Estos evidenciaron patrones comunes de autoritarismo, tanto en la izquierda como en la derecha. Por ejemplo, en ambos sectores se percibió una marcada preferencia por la uniformidad social y el prejuicio hacia personas diferentes a ellos.

Además de la voluntad de ejercer la autoridad del grupo para coaccionar el comportamiento, también se registraron altos índices de rigidez cognitiva, agresión y castigo hacia los enemigos percibidos. Asimismo, ambos grupos manifestaron preocupación por la jerarquía y el absolutismo moral.

Íconos del autoritarismo «progresista»

A pesar de que el autoritarismo se suele ligar más al conservadurismo, es indudable que este no es patrimonio exclusivo de la derecha. Nada más esclarecedor que ver cómo los dictadores Daniel Ortega, Nicolás Maduro o Miguel Díaz-Canel persiguen y torturan a sus opositores. Otros regímenes como el chino lo ejercen a escalas inimaginables, mediante un férreo control digital.

Más allá de todo eso, es evidente el notable avance del autoritarismo izquierdista a través de movimientos radicales como Black Lives Matter (BLM) o Antifa. Aunque por lo general este suele mimetizarse mejor, a través de la cultura, los rasgos autoritarios que describe Costello son notorios.

Así por ejemplo, un maestro de una escuela en California confesó el «adoctrinamiento político» al cual sometía a sus alumnos. En la sala exhibía una bandera de Antifa, realizaba «test de ideología» a sus estudiantes y los premiaba por participar en los motines de este grupo de extrema izquierda. El más mínimo acto de reclamo despertaba el rechazo del profesor. Un caso simple, pero revelador.

En el mundo de las redes sociales, la censura también se ha transformado en una nueva forma de autoritarismo. Y es precisamente el «progresismo», uno de sus grandes impulsores. Un reportaje reciente de Prager U reveló la potente censura que ejercen las empresas tecnológicas contra los contenidos «políticamente incorrectos». ¿Sus víctimas? Republicanos, provida, promotores de la libertad de expresión, críticos de la agenda LGBT, entre otros.

¿Es el autoritarismo un legado de izquierda o de derecha? La respuesta es que no hay una única respuesta.

María José Olea Álvarez – BLes.com

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