Redacción BLes– El avance del Partido Comunista chino (PCCh) sobre Hong Kong y los cada vez más frecuentes ejercicios militares del régimen sobre el espacio aéreo de Taiwán llevan a algunos analistas a preguntarse si la isla democrática podría ser la próxima “víctima” de Beijing.

Cuando en 1949 el PCCh tomó el poder por la fuerza en China, el gobierno y el ejército de la República de China, dirigidos por el presidente Chiang Kai-shek, se retiraron a Taiwán.

Desde entonces, la isla ha mantenido su autonomía e independencia, lo que le ha permitido desarrollar un destacado progreso económico y un saludable sistema democrático, a diferencia de lo que ocurre en China continental.

“Beijing no puede ganarse los corazones y las mentes de los taiwaneses”, asegura Michael Cole, investigador principal con base en Taipéi del Instituto Global de Taiwán en Washington D. C., y del Instituto Macdonald-Laurier en Ottawa, Canadá.

Es por eso que, de acuerdo al experto, el PCCh ha optado por desarrollar una estrategia “punitiva”: mayor coerción militar, esfuerzos para aislar a Taiwán a nivel internacional y varios intentos de socavar la eficacia de las instituciones democráticas de la isla.

Luego de que las autoridades del PCCh impulsaran la nueva ley de seguridad nacional sobre Hong Kong en junio de este año, muchos activistas y políticos de la oposición huyeron a Taiwán, hecho que ejerció aún más presión en la isla por parte de Beijing.

“La existencia misma de Taiwán como sociedad libre y democrática es una condena viva del PCCh”, explica Cole al ser consultado por Fox News.

A este escenario de tensión en el estrecho de Taiwán, se suma el acercamiento diplomático entre Taipéi y Washington.

Cuando en agosto el Secretario de Salud de EE. UU., Alex Azar, viajó a la isla -lo que representó la visita oficial de más alto rango en más de 40 años-, el Ministro de Relaciones Exteriores de Taiwán, Joseph Wu, le señaló que el gobierno de la presidente Tsai Ing-wen temía que sus libertades fueran aplastadas por China continental.

De hecho, durante la visita de Azar, aviones J-11 y J-10 del régimen chino traspasaron el límite que establece la “frontera” entre China y Taiwán. Los aviones fueron rápidamente rastreados por misiles antiaéreos con base en tierra y fueron “expulsados” por las patrullas de los aviones taiwaneses. Pero el suceso fue interpretado por Taipéi como una clara provocación militar por parte del régimen comunista.

De hecho, según informa Fox News, en el transcurso de los últimos meses, China ha desplegado tanto su fuerza aérea como marina para realizar ejercicios casi a diario cerca de la periferia de Taiwán.

Es por eso que muchos observadores van un paso más allá y vaticinan que tales ejercicios militares pueden ser algo más que meros mensajes, lo que aumenta el riesgo de un eventual conflicto bélico-diplomático.

Justamente, académicos como Dan Blumenthal, quien dirige los estudios asiáticos del American Enterprise Institute y es autor del libro -próximo a ser publicado- “La pesadilla de China: las grandes ambiciones de un Estado en decadencia”, señalan que, a diferencia de Hong Kong, Taiwán es un país democrático independiente de facto -y no una “zona autónoma especial”-, lo que significa que las autoridades comunistas chinas “tendrían que utilizar la fuerza militar para poner a Taiwán en el banquillo”.

“Los riesgos son que en algún momento, Beijing se quede sin opciones y/o paciencia y concluya que debe ‘resolver’ el problema mediante el uso de la fuerza”, coincide por su parte Cole.

“El PCCh ha cultivado un peligroso ultranacionalismo que hace casi imposible admitir el fracaso, el retroceso o la desescalada. Ante la negativa de los taiwaneses a someterse al dominio chino, el PCCh se enfrenta a un desafío a su narrativa, y eso le molesta”, agrega el especialista.

Desde que la Administración Trump llegó a la Casa Blanca, se agudizaron los conflictos con Beijing al tiempo que mejoraron significativamente las relaciones con Taipéi.

Es más, el secretario adjunto del Departamento de Estado, David Stilwell, dijo a fines de agosto que Estados Unidos establecería un nuevo acuerdo económico bilateral con Taiwán, centrado en la tecnología, la atención sanitaria y la energía.

La administración Trump también ha dado luz verde a la venta de más armas, incluyendo aviones de combate F-16, a Taipéi.

“EE. UU. se está moviendo en la dirección correcta al comprometerse más públicamente con Taiwán y apoyarlo”, opina Blumenthal matizando que, a la vez, Washington debe esforzarse para disuadir todo intento de uso de la fuerza militar de Beijing.

Miguel Diaz – BLes.com