Redacción BLesCon solo dos días disponibles para salir de Kabul, Afganistán, crece la desesperación. Erik Prince, el exespía fundador de Blackwater, una entidad estadounidense que ofrece servicios de seguridad, cobra precios elevados por cada persona que transporta.

Prince ofrece aviones fletados desde fuera del país en los que cada cupo cuesta 6.500 dólares, mientras los gobiernos de diferentes países avisan que tan solo hasta mañana se dispondrá de las pistas del aeropuerto, de acuerdo The Wall Street Journal del 25 de agosto. 

Las actuaciones de Prince han sido cuestionadas, y pesan sobre él las sanciones de la ONU por su trabajo poco claro en Libia. Agentes de Blackwater fueron condenados por asesinato en 2014 mientras prestaban sus servicios de seguridad en Irak.

Por otro lado, aunque los jefes del movimiento terrorista talibán impusieron como fecha final para abandonar al país el 31 de agosto, las fuerzas militares de EE. UU. requieren de los últimos cuatro días para retirar a sus miembros y a los equipos que utilizan. 

En este sentido, el viceministro polaco de Asuntos Exteriores de Polonia, Marcin Przydacz, fue el primero en anunciar que su país suspendía las labores de evacuación, por el aumento de los riesgos de seguridad.

“Tras un largo análisis de los informes sobre la situación de seguridad, no podemos arriesgar más las vidas de nuestros diplomáticos y de nuestros soldados”, declaró Przydacz, según Daily Beast. 

Posiblemente Hungría, Alemania, Francia y otros países le sigan pronto, dada la inminencia de que el ejército de EE. UU. inicie también la retirada.  

El caos ha caracterizado la huida de los occidentales residentes en Afganistán, y al parecer no todos serán transportados, no solo por la insuficiencia del tiempo disponible sino por las trabas impuestas en los retenes talibanes que controlan los desplazamientos dentro del país.  

Aunque hay empresas privadas ofreciendo transporte terrestre, los controles establecidos por los talibanes dificultan el abandono del territorio.

A pesar de que ya se han transportado decenas de miles de personas, la mayoría de ellas afganas que colaboraron con las misiones de Estados Unidos en su país, se estima que alrededor de 300.000 no podrán ser evacuadas. 

La seguridad de sus vidas es incierta, dada la trayectoria de violencia que se adjudica a los talibanes, ahora en posesión del país. 

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Los informes sobre el terreno sugieren que los terroristas están asesinando sumariamente a los civiles que han ayudado a las fuerzas estadounidenses en el pasado.

En este contexto, un sargento de los marines retirado, Ryan Rogers, relató que el intérprete con el que trabajó durante el horrible asalto de 2010 a Marjah, en la provincia de Helmand, está hoy encarcelado en Kabul.

“Me dijo ayer que habían colgado a tres comandantes [del Ejército Nacional Afgano] que habían encontrado”, dijo a Fox News el jueves 19 de agosto. 

“Y que cerca del lugar donde se esconde, están yendo casa por casa y que enviaron una transmisión diciendo que tenían planes para la gente que operaba con Estados Unidos”.

Crímenes como estos fueron corroborados por la Alta Comisionada de las Naciones Unidas (ONU) para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, el 24 de agosto. 

En su intervención ante el Consejo de Derechos Humanos, Bachelet dijo que había recibido “informes creíbles” de que los talibanes no estaban cumpliendo con su presentación pública de que buscaban la paz, que no había venganza y que los derechos humanos debían ser respetados.

José Hermosa  – BLes.com