El Gobierno de Vladímir Putin apuesta a expandir las exportaciones rusas de petróleo y gas hacia China con el fin de reemplazar la afluencia de divisas desde Europa.

Tras las sanciones de la Unión Europea y Estados Unidos, el Gobierno de Vladímir Putin busca intensamente diversificar el destino de las exportaciones rusas, principalmente de petróleo y gas natural. La economía china podría ser el gran sustituto de la demanda energética de Occidente, y un pilar central para configurar una “economía paralela” capaz de rivalizar con los famosos “petrodólares”.

En concreto, la mayor aproximación económica entre Rusia y China busca generar un nuevo estándar global para la comercialización del petróleo y el gas. Estas transacciones podrían efectuarse en la moneda de curso legal china, generando así un problema para la histórica hegemonía del dólar sobre este tipo de transacciones.

La gigante petrolera Gazprom, actualmente intervenida y dirigida por el Estado ruso, anunció un ambicioso proyecto para la construcción de un oleoducto que cruzará Mongolia y logrará abastecer de gas a China por casi 50.000 millones de metros cúbicos cada año.

Este acuerdo se suma al que ya había sido firmado en 2014 por Gazprom y la Corporación Nacional de Petróleo de China, que pertenece al Estado chino y es controlada por el régimen comunista de ese país. Posteriormente, Rusia y China llevaron adelante una inversión por 55.000 millones de dólares en 2019 para la construcción del gasoducto “El Poder de Siberia”. La ruptura de Rusia con sus socios tradicionales en la UE marcó una fuerte aceleración del acercamiento comercial con China.

El nuevo gasoducto proyectado, el Soyuz Vostok, conforma el proyecto de acuerdo más importante en la historia de China para la comercialización de gas natural. Con este acuerdo, las sanciones económicas impuestas por la Unión Europea perderán una importante parte de su fuerza de impacto, mientras que en la propia Europa se registran fuertes alzas en el precio de la energía.

En la misma línea el monopolio estatal de oleoductos rusos, la empresa Transneft, anunció su programa para aumentar el suministro petrolero hasta 2,48 millones de toneladas a través del oleoducto ESPO.

La política de tinte ecologista llevada a cabo por el presidente Joe Biden supone una fuerte reversión del programa de desregulación impulsado por Donald Trump. Estados Unidos impondrá fuertes restricciones para el desarrollo de la energía a base de combustibles fósiles, pero China podría aprovechar la estrategia de Biden para imponer su hegemonía en el mercado internacional del petróleo y el gas.

Fuente: derechadiario.com.ar

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