Redacción BLes– El ex científico de los NIH J. Bart Classen, que anteriormente se dedicaba a la investigación, afirmaba que las vacunas de ARNm podían causar potencialmente enfermedades priónicas; según un nuevo estudio, los datos del Reino Unido revelan signos evidentes que respaldan sus acusaciones.

Las enfermedades priónicas implican una serie de trastornos neurodegenerativos, como el Alzheimer, el Parkinson, la esclerosis lateral amiotrófica (ELA) y la atrofia multisistémica (AMS). La producción y agregación de proteínas mal plegadas en el sistema cerebral suelen estar relacionadas con estas enfermedades.

La última investigación del Dr. Classen, publicada el 18 de julio, empleó en particular seis meses de datos de la versión del gobierno del Reino Unido del sistema de notificación de acontecimientos adversos, Yellow Card.

Aunque se supone que ambas vacunas estimulan el desarrollo de la proteína de la espiga del coronavirus y los anticuerpos asociados en el receptor, Classen dijo que las dos inyecciones eran muy distintas en su contenido, según Life Site News.

Teniendo en cuenta su capacidad potencial de causar trastornos neurodegenerativos a los receptores a largo plazo, el análisis de Classen descubrió que AstraZeneca plantea riesgos mucho mayores que Pfizer. En general, cada informe de AstraZeneca tenía una media de 3,63 acontecimientos adversos, en comparación con 2,84 reacciones adversas por informe de Pfizer.

Patrones similares se repitieron para los informes de síntomas relacionados con las enfermedades priónicas.

En la categoría “Trastornos nerviosos”, AstraZeneca presentó 4,14 veces el número de reacciones de este tipo registradas en el informe de Pfizer.

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En cuanto a las reacciones al Parkinson, AstraZeneca presentó 185 reportes, mientras que Pfizer sólo tuvo 20 casos. Los informes de temblores en la primera vacuna fueron de 9.288 casos, casi diez veces más que los presentados en la última (937 casos). Por su parte, los informes sobre trastornos del sueño en Pfizer fueron modestos, con 4 recuentos, mientras que en AstraZeneca la cifra fue de 58 casos.

Estos síntomas, como señaló el Dr. Classen, eran claros indicadores de la enfermedad de Parkinson.

Sobre las disparidades en los reportes entre las dos vacunas, el Dr. Classen admitió que no tenía el número preciso de dosis distribuidas por cada marca. Pero pensó que las amenazas de enfermedades priónicas potencialmente causadas por las vacunas podrían ser, sin embargo, las mismas.

“La vacuna de AstraZeneca… puede concentrarse en el sistema gastrointestinal en mayor medida, lo que conduce a un transporte más rápido de la proteína de la espiga a través del nervio vago hasta el cerebro. Por el contrario, a largo plazo, la vacuna de ARNm de Pfizer puede inducir más TDP-43 y FUS para formar priones y conducir a más enfermedad priónica”, explicó.

En su informe de febrero, Classen sugirió que “se sabe que el plegamiento de TDP-43 y FUS en sus confirmaciones priónicas patológicas causa la ELA, la degeneración lobar frontotemporal, la enfermedad de Alzheimer y otras enfermedades neurológicas degenerativas”.

Esto no es una buena noticia para los pacientes que ya tienen una enfermedad priónica preclínica o que tienen una enfermedad priónica leve que no había sido identificada.

Normalmente, estas enfermedades tardarían años (o décadas) en iniciarse y afectar a los pacientes. Ahora, con el catalizador de las proteínas de espiga, como anticipó el Dr. Classen, impulsarían a las enfermedades priónicas a suceder mucho más rápido de lo habitual.

Aun así, dado que las enfermedades neurodegenerativas tardan más tiempo en desarrollarse que los otros eventos agudos y son mucho menos perceptibles que las otras afecciones, el Dr. Classen cree que los sistemas de notificación pueden no reflejar el alcance real de estos efectos secundarios.

Laura Enrione – BLes.com