El gasoducto Nord Stream 1 suspendió sus operaciones a Europa occidental, un duro golpe para países que ya están pagando más por menos energía. Esa dependencia se convirtió en un arma de Moscú.

No habrá gas sin que antes no se levanten las sanciones. Esa es la nueva imposición del gobierno de Vladímir Putin para seguir enviando el suministro a Europa a través del gasoducto Nord Stream 1. Ya que la invasión en Ucrania no ha resultado como lo esperaba, ni la anexión de gran parte del país, el Kremlin busca cualquier vía para librarse de las restricciones económicas y anotarse una victoria en el contexto internacional.

Por ello presiona con el suministro de gas a Europa. Este es indispensable para la producción de electricidad y otras formas de energía en el continente. Tanto, que Rusia suministra el 40 % del gas natural que recibe la Unión Europea (UE). Además, representa el 46 % de las importaciones de carbón y 27 % de las importaciones de petróleo. Esa relación comercial funcionó durante décadas, pero también se convirtió en la garantía que Putin ahora quiere cobrar.

El anuncio respecto al corte de suministro de gas a Europa lo hizo el portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, con la excusa de que no se pudo hacer mantenimiento producto de las sanciones. Y es que días antes el gigante Gazprom había suspendido indefinidamente el flujo hacia Alemania por una fuga. Pero casualmente la noticia trascendió horas después de que países del G7 acordaran imponer un precio tope al petróleo ruso. El fin no solo era bajar los precios de la energías, sino cortar los ingresos económicos a Rusia. La jugada no fue del todo positiva frente al autoritarismo de Putin.

Inviernos «terribles» para Europa

Así, el gasoducto más grande que transporta gas entre Rusia y Europa Occidental queda paralizado mientras el continente se enfrenta a una crisis energética histórica. El consenso entre expertos es que el tiempo de la energía barata se terminó y por eso, los gobiernos ahora corren por imponer un tope de precios.

Es toda una jugada geopolítica de Rusia, ya que Europa no es la única afectada. Al generar caos en el mercado global de energía, las consecuencias también son visibles para países como Estados Unidos, Japón o Canadá, que deben hacer maromas para estabilizar los precios, muchas veces incurriendo en errores internos a nivel político. En paralelo, la UE termina pagando 89 % más por menos energía. Por eso, se habla del gas ruso como nueva arma de guerra de Putin.

Para Ben van Beurden, presidente ejecutivo de Shell, los altos precios podrían durar «varios inviernos» y adelantó que posiblemente sea necesario «racionar» la energía, una alternativa poco tentadora por las bajas temperaturas en ese continente. Tinne Van der Straeten, ministra de energía de Bélgica, coincide con que los próximos «cinco a diez» inviernos serán «terribles».

Moscú amenaza con sus arsenal nuclear

En todo el vaivén de sanciones de Occidente y retaliaciones rusas también habló un alto funcionario del Kremlin para lanzar otra amenaza. Dmitry Medvédev, subsecretario del Consejo de Seguridad, dijo que llevar a Moscú al colapso sería igual a un «juego de ajedrez con la muerte».

El también expresidente de Rusia de 2008 a 2012, completó su amenaza al decir que “los pervertidos anglosajones» buscan la ruptura del Estado «pensando en cómo despedazarnos, cortarnos en pedacitos», citó Associated Press. No sin antes aseverar que las armas nucleares a disposición de Kremlin son “la mejor garantía para salvaguardar la Gran Rusia”.

Medvédev habla de intenciones violentas cuando la ONU registra 5718 civiles muertos y 8199 heridos en Ucrania desde el inicio de la guerra el 24 de febrero de este año. Solo del 1 al 31 de agosto hubo 1162 bajas, incluyendo 294 muertos (80 hombres, 79 mujeres, nueve niños y 126 adultos cuyo sexo aún se desconoce).

No se avizora de ninguna manera el fin de la guerra. Ambos bandos siguen presionando desde cada lado para que el costo sea lo más manejable posible. Sin embargo, queda un largo trecho por recorrer. Ucrania sigue resistiendo al asedio ruso, la economía mundial fluctúa cada vez que repunta el conflicto, y Europa, lejos de contar con energías limpias, se enfrenta a una grave crisis energética por su dependencia al gas de Putin. Por su parte, el mandatario prefiera quemar el excedente de esta materia prima como una decisión política.

Por Oriana Rivas – Panampost.com

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