Países de la Unión Europea están reduciendo la dependencia de la energía rusa, mientras que la economía de Moscú se contrae y el país dirigido por Vladímir Putin entra en un default que no vivía desde hace más de cien años.

Los humos de prepotencia de Vladímir Putin en torno a las sanciones que recibió de Occidente no eran más que eso, humo. Un nuevo indicador trascendió apenas comenzó julio, referido a las importaciones de gas natural por parte de Europa. Según la Agencia Internacional de Energía (AIE), por primera vez en la historia el volumen que se transportó de Estados Unidos al viejo continente superó al que llegó de Rusia durante el mes de junio. Es decir que Europa está dejando atrás la dependencia energética de Moscú.

Sin duda la información debe estar siendo analizada en el Kremlin, que al inicio desestimaba el efecto de las sanciones y sonreía sarcásticamente cuando el Producto Interno Bruto (PIB) o el rublo parecían estabilizarse. Sin embargo, los efectos negativos para Rusia comienzan a verse ahora que aumentaron en Europa las importaciones de gas natural licuado (GNL) de EE. UU. Esto forma parte de las alternativas que buscan los países de la comunidad para prescindir de la energía rusa, que antes de la guerra contra Ucrania abastecía el 40 % del gas y el 27 % de petróleo a la Unión Europea (UE).

Pero con la invasión a Ucrania las cosas cambiaron. Además, la gigante estatal rusa Gazprom decidió recortar el suministro de gas cuando varios países se negaron a pagar en rublos, ya que el acceso al dólar quedó restringido como consecuencia de las sanciones.

Al borde del abismo económico

En consecuencia, «este es el primer mes en la historia en el que la UE ha importado más gas a través de gas natural licuado (GNL) de EE. UU. que a través de gasoductos de Rusia”, reportó el director ejecutivo de la AIE, Fatih Birol. Aún así, lanza una advertencia. «La caída de la oferta rusa exige esfuerzos para reducir la demanda de la UE para prepararse para un invierno duro», lo que podría asomar que el suministro desde EE. UU. todavía no es suficiente.

Mientras Europa consigue una solución definitiva al gas ruso además del suministro de GNL desde EE. UU., Putin libra su propia batalla económica. A la caída de 3 % del PIB en abril en términos anuales, se sumó el desplome de 4,3 % del mismo indicador en mayo. La venta de automóviles cayó 97 % y la compra de electrodomésticos como lavadoras y neveras se desplomó más de 58 %, según cifras del Servicio Federal de Estadísticas Estatales (Rosstat) replicadas por el portal español La Sexta.

En resumen, las cosas no van bien para el presidente ruso, empeñado en una guerra llena de desaciertos, mientras esboza argumentos de supuesta derrota a la economía occidental. Por ejemplo, en junio pasado cuando dijo que la «guerra relámpago» económica había fracasado y que eso le costaría a la UE más de 400.000 millones de dólares.

Puede que tenga un ápice de certeza su comentario. Además, ha trascendido que el gas que EE. UU. vende a Europa posiblemente sea más caro que el ruso. ¿Pero es consciente Putin del costo para sí mismo? Desde el gobierno alemán aseguran que, en total, el PIB ruso puede caer 10 % en 2022, mientras que la inflación se disparará a 17 %. Eso sin contar que el país cayó en default por primera vez desde 1918, tiempos de la Revolución Bolchevique.

El alarmante costo de la guerra

Habían pasado ocho semanas desde el inicio de la guerra en Ucrania cuando funcionarios cercanos a Putin ya estaban alarmados por el costo que implicaba. En ese momento, las sanciones habían congelado la mitad de los 640.000 millones de dólares de las reservas del Banco Central de la Federación Rusa.

Altos funcionarios trataron de explicar a Putin que el impacto económico de las sanciones sería devastador, «borrando las dos décadas de crecimiento y el aumento del nivel de vida». Pero no fueron escuchados.

Hasta inicios de mayo, la guerra le costaba a Rusia unos 900 millones de dólares al día, de acuerdo con la estimación de Sean Spoonts, editor de SOFREP, medio dedicado a noticias militares. Los cálculos abarcan desde la compra de municiones hasta la reparación de equipos militares. La cifra no incluye cuánto ha perdido Putin luego de las restricciones económicas.

Años de estancamiento podrían venirse encima para Vladímir Putin y su anhelo de conquistar territorios para concretar de alguna manera su sueño trasnochado de revivir la Unión Soviética.

Por Oriana Rivas – Panampost.com

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