La invasión de Rusia a Ucrania provocó un importante cimbronazo sobre los precios del maíz, el trigo y la soja a nivel mundial. El alza de las materias primas podría beneficiar la posición exportadora de Argentina, aunque las políticas del kirchnerismo limitan la exportación.

La guerra en Ucrania sigue generando efectos económicos adversos a lo largo y ancho de todo el mundo. Históricamente Ucrania se caracterizó por su importante producción de trigo y maíz, que era capaz de abastecer a 600 millones de personas hasta antes de la invasión de Rusia. La dramática situación producida por la guerra interrumpió los canales de exportación y provocó un alza desmesurada en los cereales y los alimentos a nivel mundial.

El precio de la tonelada de trigo llegó a los US$ 492 en el mercado de referencia de Chicago, el valor más alto en casi diez años. Este efecto constituye un importante shock de oferta sobre los precios frente a una demanda inflexible a la baja.

En la misma dirección, el precio de una tonelada de maíz llegó a cotizar en los US$ 304 y, nuevamente, es el más alto desde 2013. El precio de la tonelada se soja también volvió a registrar un máximo histórico y ya se comercializa en los US$ 620. En última instancia, el aumento de las materias primas impacta directamente en los alimentos, lo que podría intensificar las hambrunas en países extremadamente dependientes del suministro global.

Como usualmente ocurre en los escenarios internacionales adversos, los países proveedores de materias primas y con fuertes ventajas competitivas pueden aprovechar las condiciones de precios, pero este no parece ser el caso de Argentina.

Si bien Argentina históricamente se vio beneficiada por el alza de los precios de las commodities, las políticas del Gobierno de Alberto Fernández imponen un tope al aprovechamiento de la situación internacional.

Las retenciones a la exportación producen un desacople entre los términos de intercambio externos y los internos, diferencia que no debería ser superlativa en una economía sana. Por lo tanto, y a pesar de los elevados precios de las materias primas, los productores argentinos solamente perciben hasta un 39% del margen de beneficio que podrían obtener vendiendo libremente al precio del mercado internacional.

En consecuencia, lo que debería concebirse como un fuerte estímulo para el aumento de la producción enfocada en las exportaciones y la generación de divisas, en Argentina se verá acotado por el grado de restricciones fiscales. Cabe destacar que el Gobierno de Fernández eliminó los límites sobre los cuales se cobraban las retenciones en el Gobierno anterior, y estableció alícuotas fijas considerablemente más elevadas.

La distorsión que generan las retenciones sobre la economía argentina puede opacar, una vez más, la adecuación a un escenario internacional poco frecuente y con grandes ventajas para el país.

Estas distorsiones también suponen ser un problema para el resto del mundo, dado que Argentina podría ocupar un lugar primordial como exportador de cereales para abastecer la demanda global, pero su potencial se encuentra severamente limitado por el Gobierno.

Fuente: La Derecha Diario

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