Redacción BLes – El gobierno de Estados Unidos anunció recientemente que dejará de importar ropa, metales preciosos y otros bienes que sean sospechosos de haber sido producidos mediante trabajos forzados en diversos lugares del planeta. Una de las empresas sancionadas es la Hetian Taida Apparel Co., Ltd., que se encuentra en Xinjiang, una región de China fuertemente cuestionada en los últimos años por la violación de los derechos humanos.

Esta nueva medida de la Administración Trump se enmarca en sus esfuerzos por erradicar el trabajo esclavo en el mundo en el medio de la guerra comercial que mantiene con el gigante asiático.

“El mensaje aquí es que una de las formas en que Estados Unidos y China pueden colaborar juntos es para asegurar que no se recurra a los trabajos forzados”, sintetizó al respecto Brenda Smith, funcionaria de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (CBP por sus siglas en inglés).

[¿Por qué muchos chinos apoyan la guerra comercial de Trump?]

“Si sospechamos que un producto se fabrica bajo trabajo forzado, sacaremos ese producto de los estantes de los Estados Unidos”, apuntó por su parte Mark Morgan, comisionado interino de la CBP.

Xinjiang, ubicada al noroeste del país asiático, ha estado últimamente en la portada de los principales medios del mundo por las graves violaciones a los derechos humanos cometidas por empresas y por las mismas autoridades del régimen comunista contra la población local.

[Cómo se fabrican alimentos en los campos de trabajo forzado de China]

El Consorcio de los Derechos del Trabajador (WRC por sus siglas en inglés), una ONG con sede en Washington que monitorea las condiciones laborales alrededor del mundo, emitió un duro informe este año donde destaca que Hetian Taida opera “un campo de internamiento y trabajos forzados” en el marco del “terrible desastre de los derechos humanos que se desarrolla en la provincia de Xinjiang”.

Este lugar, que limita con Pakistán y Afganistán, es el principal lugar de residencia de la etnia uigur, fuertemente perseguida por su creencia por el régimen ateo-comunista chino.

“El gobierno chino está llevando a cabo una represión masiva y brutal de la población uigur, incluida la detención de más de un millón de personas en campos de internamiento”, señala el documento del WRC.

“En estos centros de detención, que el gobierno de los Estados Unidos ha llamado ‘campos de concentración’, a los uigures se les niega el derecho de orar y hablar su lengua materna y están sujetos a abusos físicos y psicológicos, adoctrinamiento político y trabajo forzado”, detalla.

Li Fang, un disidente chino que reside actualmente en Finlandia, a través de una ardua búsqueda en Google Earth, pudo localizar 19 posibles prisiones y 15 posibles campos de reeducación solo en la Prefectura de Kashgar, en Xinjiang. Estos lugares tendrían una capacidad de alojar a medio millón de personas, según denunció Epoch Times.

Ante la ola de denuncias en los medios internacionales y ONG, las autoridades chinas reconocieron en octubre de 2018 la existencia de lo que llamaron “centros de formación profesional”.

Shohret Zahir, el gobernador de Xinjiang, en una entrevista publicada por los medios estatales del régimen chino y citada por AP, señaló que intentan “lograr una conexión perfecta entre la enseñanza escolar y el empleo social, de modo que después de terminar sus cursos, los alumnos puedan encontrar trabajo y ganarse una vida acomodada”.

Sin embargo, según un reporte de AP de fines del año pasado, en estos campos de trabajo forzado algunas de estas personas se encuentran directamente detenidas y no se les paga ningún salario.

Un exreportero de Xinjiang TV en el exilio le dijo a la agencia estadounidense que durante su detención, los jóvenes de su campamento fueron trasladados por las mañanas para trabajar en carpintería y una fábrica de cemento sin ningún tipo de compensación económica.

“El campamento no pagó dinero, ni un solo centavo”, señaló, pidiendo ser identificado solo por su primer nombre, Elyar, porque todavía tiene familiares en Xinjiang. “Incluso para necesidades, como cosas para bañarse o dormir por la noche, llamaban a nuestras familias afuera para que pagaran por ello”, detalló.

“Las compañías estadounidenses que importan de esos lugares deben saber que esos productos están hechos por personas que son tratadas como esclavos”, agregó por su parte a AP Rushan Abbas, un uigur que reside en Washington D. C. y que tiene a una hermana detenida en los campos de trabajo forzado.

Las persecuciones religiosas en China

Las minorías étnicas musulmanas uigures y kazajas residen principalmente en el noroeste de China y su legado data de antiguos comerciantes en la Ruta de la Seda.

Sin embargo, con la usurpación del poder por parte del Partido Comunista de China (PCCh) en 1949 y la persecución a los creyentes religiosos, en las últimas décadas, los ataques violentos a los uigures han provocado la muerte de miles de personas.

Asimismo según un informe del pasado 31 de julio de Radio Free Asia, otros grupos creyentes religiosos y étnicos también forman parte de estos campos de trabajo forzado en Xinjiang, tales como personas de la etnia Han y practicantes de la disciplina espiritual Falun Dafa.

Hace aproximadamente dos años, las autoridades lanzaron una gran campaña de detención y reeducación. También utilizan puntos de control, rastreo GPS y cámaras de escaneo facial para la vigilancia de las minorías étnicas en la región. El más mínimo paso en falso percibido puede llevar a alguien a los campos de internamiento, detalla AP.

Nathan Ruser, un investigador de ciberpolíticas en el Instituto de Política Estratégica de Australia (ASPI por sus siglas en inglés), analizó imágenes satelitales para AP y descubrió que, en el caso de Hetian Taida (la empresa sancionada por el gobierno de Estados Unidos), la fábrica de ropa y el campo de entrenamiento administrado por el gobierno están conectados por un camino cercado.

“Hay torres de vigilancia en todas partes”, dijo Ruser. “Hay cercas claras entre los edificios y las paredes que limitan el movimiento. Los detenidos solo pueden acceder al área de las fábricas a través de pasarelas, y toda la instalación está cerrada”, añadió.

En esta foto del miércoles 5 de diciembre de 2018, dos capas de cercas de alambre de púas rodean la "base de capacitación laboral de prendas de vestir de la ciudad de Hotan", donde Hetian Taida tiene una fábrica en Hotan en la región occidental de Xinjiang, China. (Foto AP / Ng Han Guan)
En esta foto del miércoles 5 de diciembre de 2018, dos capas de cercas de alambre de púas rodean la “base de capacitación laboral de prendas de vestir de la ciudad de Hotan”, donde Hetian Taida tiene una fábrica en Hotan en la región occidental de Xinjiang, China. (Foto AP / Ng Han Guan)

Según la investigación de AP, durante 2018, se realizaron al menos 10 envíos de contenedores llenos de miles de camisetas y pantalones tejidos de poliéster para hombres, mujeres y jóvenes. Las exportaciones estaban dirigidas a Estados Unidos, particularmente a Badger Sportswear, una cadena de venta de artículos deportivos.

“No solo el gobierno chino está deteniendo a más de un millón de uigures y otros musulmanes, obligándolos a renunciar a su fe y profesar lealtad al Partido Comunista, ahora se están beneficiando de su trabajo”, denunció Chris Smith miembro del Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes.

“Los consumidores estadounidenses no deberían comprar y las empresas estadounidenses no deberían importar productos fabricados en campos de concentración modernos”, agregó el congresista republicano de Nueva Jersey, según AP.

Personas que estuvieron detenidas por su fe en estos campos de trabajo forzado detallaron a la agencia estadounidense que recibieron golpizas, confinamiento solitario y otros castigos por no recitar canciones, nombres y frases del Partido Comunista.

En esta foto del lunes 3 de diciembre de 2018, se ve una torre de vigilancia y cercas de alambre de púas alrededor de una instalación en el Parque Industrial Kunshan en Artux, en la región occidental de Xinjiang, China. (Foto AP / Ng Han Guan)
En esta foto del lunes 3 de diciembre de 2018, se ve una torre de vigilancia y cercas de alambre de púas alrededor de una instalación en el Parque Industrial Kunshan en Artux, en la región occidental de Xinjiang, China. (Foto AP / Ng Han Guan)

El programa de trabajo forzado forma parte del plan del régimen chino para desarrollar la economía de Xinjiang mediante la construcción de enormes parques industriales. Otro campo de internamiento que visitó AP estaba dentro de un complejo industrial llamado Parque Industrial Kunshan, donde -según las autoridades locales- se fabrica ropa y alimentos.

Lejos de la imagen de una fábrica tradicional de Occidente, en este lugar se puede ver un hospital, una estación de policía, chimeneas, dormitorios y un edificio con un letrero que dice “Casa de los Trabajadores” desde afuera de la cerca de alambre de púas. Otra sección se parecía a una prisión, con torres de vigilancia y altos muros, detalla el informe de AP.

Muchos de aquellos con familiares en tales campamentos dijeron que sus seres queridos estaban bien educados con trabajos bien remunerados antes de su arresto, y que no necesitaban trabajar en “un programa de alivio de la pobreza” (como lo define el PCCh).

Nurbakyt Kaliaskar, la esposa de un pastor de ovejas en Kazajstán, dijo que su hija, Rezila Nulale, de 25 años, se graduó de la universidad con un trabajo publicitario bien remunerado en Urumqi, la capital de Xinjiang, donde vivía un estilo de vida urbano típico con una computadora, un apartamento en el centro de la ciudad, etc.

Sin embargo, cuando en agosto de 2018, volvió a Xinjiang después de visitar a su familia al otro lado de la frontera en Kazajstán, Nulale desapareció. Ella no respondió llamadas telefónicas y dejó de presentarse al trabajo.

Cuatro meses después, un extraño contactó a Kaliaskar y le confirmó su peor temor: su hija había sido detenida para “entrenamiento político”. La madre se enteró de que a su hija no le pagaban y tenía que cumplir con una cuota diaria de tres prendas de vestir. Ella no podía irse.

Un ex detenido, que habló con AP bajo condición de anonimato para protegerse a sí mismo y a sus familiares, dijo que otros detenidos de su campamento también fueron obligados a trabajar en fábricas lejanas. Esta persona señaló que si intentaban huir de las fábricas, se les advirtió que serían llevados directamente de regreso a los campamentos para recibir “educación adicional”.

Chao Yu es un graduado de la Universidad Tsinghua de China. En 1999, después de que el régimen comunista iniciara su campaña contra la práctica espiritual Falun Dafa, ayudó a corresponsales extranjeros a desarrollar canales seguros de comunicación, evadir a las autoridades y realizar entrevistas con seguidores de Falun Dafa que habían sufrido persecución. Debido a sus actividades, Yu, su familia y amigos han sido condenados a largas penas y han pasado años en la cárcel.

En una columna reciente, Chao describió que la crueldad del trabajo esclavo en Xinjiang es tal que los prisioneros se rompen las piernas o beben la orina infectada de otra persona para tener una posibilidad de escapar de ese lugar.

Chao relató que habló con un prisionero que le dijo que en la provincia de Xinjiang, los presos rompían sus propias piernas con piedras para escapar del trabajo esclavo. Esta persona le reconoció que además tuvo que simular que se había lesionado mientras trabajaba, ya que “falsificar la enfermedad para evadir el trabajo” era severamente castigado.

Describió que un recluso fue aislado después de contraer hepatitis. Otros prisioneros le pedían, a través de personas que lo conocían, si les podía dar parte de su orina con la esperanza de que ellos también pudieran estar infectados con hepatitis. Sin embargo, describió Chao, el prisionero con hepatitis sólo elegiría a su mejor amigo para ofrecerle la orina, ya que la persona que quería enfermarse, así como el propio prisionero enfermo, serían castigados severamente si se descubría el hecho.

En estos lugares, “no se puede dar la orina a alguien en una caja de almuerzo, ya que de seguro es inspeccionado por guardias de la prisión con experiencia”, explicó Chao.

“Por lo tanto, se necesita conseguir una toalla para absorber la valiosa orina, altamente infecciosa del portador de hepatitis. La toalla se pasaba a su amigo, quien chupaba esta toalla con todas sus fuerzas en el frío helado”, describió.

Un horror sin precedentes

Los campos de trabajo forzado en Xinjiang exponen una oscura realidad que también está saliendo a la luz: la sustracción forzada de órganos para ser comercializados para trasplantes.

El pasado 26 de septiembre, el senador estadounidense Ted Cruz alertó sobre la “brutal y aterradora” sustracción forzada de órganos en China a los practicantes de Falun Dafa, una antigua disciplina espiritual de la Escuela Buda, también conocida como Falun Gong, que es perseguida brutalmente por el régimen comunista chino.

“El Partido Comunista chino (PCCh) no solo tortura y asesina a los practicantes de Falun Gong. También les extrae los órganos a escala masiva”, denunció Cruz en su discurso en la conferencia organizada por la Fundación Monumento a las Víctimas del Comunismo celebrada en Washington.

“La próxima vez que alguien esté celebrando a nuestros amigos en el gobierno chino, tal vez valga la pena preguntar: ‘¿Sueles andar con los que sustraen órganos?’”, enfatizó Cruz condenando además los graves abusos por parte del régimen chino contra los cristianos que tienen iglesias en sus casas, los uigures y los budistas tibetanos.

Susie Hughes, cofundadora de la Coalición Internacional para Terminar con el Abuso de Trasplantes en China (ETAC), señaló a su vez: “Necesitamos una respuesta urgente para salvar la vida de estas personas”.

En este marco, empresarios y funcionarios chinos apoyan la guerra comercial iniciada por Trump porque entienden que permitirá que China avance hacia una mayor libertad y se libere del férrero control del PCCh en la sociedad y en el ámbito privado.

Chen Pokong, un reconocido analista chino radicado en Estados Unidos, expresó recientemente que, de hecho, dentro del PCCh, hay muchos funcionarios que “anhelan la democracia y la libertad, y esperan que China siga avanzando, desean que China tenga una mayor reforma y apertura, y que entre en un mundo civilizado”.

[descarga nuestra APP para recibir nuestro contenido destacado]

Sigue leyendo:

. ¿Por qué muchos chinos apoyan la guerra comercial de Trump?.

. Cómo se fabrican alimentos en los campos de trabajo forzado de China.

. Senador estadounidense alertó sobre la “brutal y aterradora” sustracción forzada de órganos en China.

Te puede interesar: Clinton-China: La verdadera colusión (Parte 1)

videoinfo__video2.bles.com||732de8603__