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El peligroso mensaje detrás de las ‘fiestas de eutanasia’ como ‘solución’ al sufrimiento

Redacción BLes – Se están poniendo de moda en los países donde la eutanasia es legal organizar ‘fiestas’ para celebrar el suicidio [1] de personas enfermas de diversa consideración. 

A principios de este mes, el canadiense Dan Laramie organizó una fiesta para unos 50 amigos en su casa, al final de la cual, un médico llegó y le administró una inyección letal, matando a Laramie.

Este incidente que normalmente sería considerado trágico y profundamente perturbador fue, sin embargo, reportado por los medios de comunicación como algo alegre: “¡De fiesta hasta el final!”, lo tituló el Daily Mail. 

“Una parte de la opinión pública parece estar de acuerdo, porque el suicidio asistido está reservado para los enfermos terminales”, explica la organización provida Life Action.

“La mayoría de las personas no se dan cuenta de cómo se define la enfermedad terminal en la ley, y cómo se está expandiendo esa definición”.

Según esta organización, la persona promedio podría pensar que el suicidio asistido es solo para aquellas personas cuya vida es desesperada y carece de sentido, ya que enfrentan una muerte que implica un gran dolor.

Sin embargo, aseguran que esto es incorrecto; a medida que la eutanasia se expande, las personas ahora son ‘asesinadas’ por sufrir abusos sexuales, depresión e incluso por autismo.

Además, afirman que los estudios muestran que los pacientes con enfermedades terminales que eligen el suicidio asistido no lo hacen por dolor sino por sentimientos de desesperanza, falta de apoyo y temor a convertirse en una carga.

Enfermedades no tan terminales

Los defensores del suicidio asistido insisten en que no es un ‘suicidio’, sino ‘ayuda médica para morir’, o incluso ‘morir con dignidad’.

Según Life Action, no solo no se considera el suicidio asistido como la eliminación deliberada de un ser humano, “sino que también sugieren que soportar una condición médica crónica o vivir hasta que la muerte natural es indigno”.

De hecho, se están produciendo casos de eutanasia en los que los enfermos no eran tan terminales. 

A principios de este año, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos aceptó escuchar el caso de Tom Mortier, cuya madre fue sacrificada sin que ninguno de sus hijos se enterara hasta después de su muerte.

Godelieva De Troyer, de 68 años, estaba físicamente saludable, pero fue ‘asesinada’ por inyección letal debido a una “depresión intratable”.

“El gran problema en nuestra sociedad es que, al parecer, hemos perdido el significado de cuidarnos unos a otros”, dijo Mortier en un comunicado de prensa.

“Mi madre tenía un grave problema mental. Tuvo que hacer frente a la depresión a lo largo de su vida. Ella fue tratada durante años por psiquiatras y, finalmente, el contacto entre nosotros se rompió. Un año después, recibió una inyección letal.

“Ni el oncólogo, que administró la inyección, ni el hospital me informaron a mí ni a ninguno de mis hermanos que nuestra madre estaba considerando la eutanasia”.

Mensaje de desesperanza

Paul Coleman, director ejecutivo internacional de Alliance Defending Freedom, que representará a Mortier, dijo: “Según el informe más reciente del gobierno [en Bélgica], más de seis personas por día mueren de esta manera, y eso puede ser la punta” del iceberg.

Las cifras exponen la verdad de que, una vez que se aprueban estas leyes, el impacto de la eutanasia no se puede controlar. Bélgica se ha puesto en una trayectoria que, en el mejor de los casos, le dice implícitamente a los más vulnerables que sus vidas no valen la pena”.

A fecha de marzo de 2018, la eutanasia humana activa [la práctica de terminar legalmente con la vida] es legal en los Países Bajos, Bélgica, Colombia, Luxemburgo y Canadá.

El suicidio asistido [suicidio realizado con ayuda de un médico] es legal en Austria, Finlandia, Alemania, Suiza y en algunos estados de Estados Unidos. 

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