NUEVA DELHI (AP) — Durante miles de años, los pobladores de la isla Sentinel del Norte han estado aislados del resto del mundo.

Usan lanzas, arcos y flechas para cazar los animales que deambulan por la pequeña isla selvática, y recolectan plantas para comer y elaborar sus viviendas. Sus vecinos más cercanos viven a más de 50 kilómetros (30 millas) de distancia. Son profundamente recelosos de los desconocidos, y atacan a cualquiera que desembarca en sus playas.

Eso es lo que ocurrió la semana pasada cuando un joven estadounidense, John Allen Chau, fue muerto por los isleños después que les pagó a unos pescadores para que lo transportaran a Sentinel, señaló la policía.

John Chau intentaba cristianizar a los aborígenes.
John Chau intentaba cristianizar a los aborígenes.

“Los sentinelenses quieren que los dejen solos”, dijo el antropólogo Anup Kapur.

Los expertos creen que los pobladores migraron desde África hace unos 50.000 años, pero la mayor parte de los detalles sobre su vida siguen siendo totalmente desconocidos.

“Ni siquiera sabemos cuántos de ellos hay allí”, dijo Anvita Abbi, que ha pasado décadas estudiando las lenguas tribales de las islas Andamán y Nicobar de la India. La Sentinel del Norte se encuentra en el extremo oeste del archipiélago, el cual está mucho más cerca de Myanmar y Tailandia que de la India continental. Los cálculos sobre el número de sentinelenses van desde algunas docenas a varios cientos.

“Qué lengua hablan, qué tan antigua es, nadie lo sabe”, afirmó Abbi. “Nadie tiene acceso a este pueblo”.

Y, agregó, así es como debe ser.

“Sólo por nuestra curiosidad, ¿por qué deberíamos perturbar a una tribu que se ha sostenido a sí misma durante decenas de miles de años?”, preguntó. “Tantas cosas se pierden: la gente se pierde, la lengua se pierde, su paz se pierde”.

Durante generaciones, las autoridades indias han restringido fuertemente las visitas a la isla Sentinel del Norte. El contacto se ha limitado a encuentros infrecuentes “para dar regalos”, en los que pequeños equipos de funcionarios y científicos han dejado cocos y plátanos para los isleños.

Cualquier contacto con personas tan aisladas puede ser peligroso, dicen los estudiosos, ya que los habitantes carecen de inmunidad ante las enfermedades que pueden portar los forasteros.

“Nos hemos convertido en gente muy peligrosa”, dijo P.C. Joshi, profesor de antropología en la Universidad de Delhi. “Incluso influencias menores pueden matarlos”.

Debido a esto, Abbi dijo que los expertos que visitan a poblaciones aisladas tienen cuidado en limitar su presencia a unas horas al día y a abstenerse de ir incluso si tienen resfríos o tos de poca importancia.

Muchas de las otras tribus del archipiélago han sido diezmadas durante el último siglo debido a las enfermedades, los matrimonios interculturales y la migración.

Survival International, una organización que trabaja por los derechos de los indígenas, dijo que Chau podría haberse sentido alentado a ir debido a los cambios recientes en las normas de la India relacionadas con las visitas a las islas aisladas en las Andamán.

Aunque aún se requieren permisos especiales, en teoría las visitas ya se permiten en algunas partes del archipiélago donde solían estar totalmente prohibidas.

“Las autoridades suspendieron una de las restricciones que había estado protegiendo a la isla de la tribu sentinelesa de la presencia de turistas extranjeros, lo cual envió exactamente el mensaje equivocado, y podría haber contribuido a este terrible suceso”, afirmó el grupo en un comunicado.

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