El 4 de junio de 1989 es la fecha de una de las peores masacres del siglo XX, perpetrada por el régimen comunista chino contra los miles de estudiantes que protestaban pacíficamente en la Plaza de Tiananmén de Beijing. Oficialmente no hay una conmemoración por las miles de vidas sacrificadas.

Es una fecha que el mundo recuerda con horror, y que moviliza un enorme dispositivo de censura del régimen chino con semanas de anticipación para reprimir a quien quiera de su pueblo que se atreva a manifestar sus memorias sobre el fatídico día, tal como relata BBC.

La maquinaria de censura más grande del mundo activa todos sus tentáculos tecnológicos y a las decenas de miles de funcionarios humanos para borrar de la Internet toda alusión a la fecha que ahogó en sangre el intento pacífico de expresión democrática de una nación milenaria.

Las condenas al presidio se aplican a todos los que intenten siquiera evadir el apretado cerco creado por la censura, como le ocurrió a un grupo de personas que intentó una alusión al hecho en una etiqueta de licor chino y recibió una condena de 3.5 años.

¿Cuáles fueron las causas?

La muerte de Hu Yaobang, un líder comunista defensor del liberalismo económico y político, ocurrida en abril de 1989, fue la que llevó a millones de estudiantes de todo el país a iniciar el movimiento que culminó con la concentración pacífica en la icónica Plaza de Tiananmén de Beijing.

Hasta un millón de personas se dieron cita allí, portando banderas y pancartas, buscando apertura y democracia.

Asimismo, el Partido Comunista se dividió y predominaron los miembros seguidores de la línea dura.

La noche del 3 de junio se ordenó el asalto militar que arrasó con todos los que tuvieran vida en ese lugar. No se sabe a cuántos miles de muertos asciende la masacre.  

La manipulación de las conciencias

Pero pocos chinos conocen los hechos y la responsabilidad del Partido Comunista Chino (PCCh), porque simultáneamente el sistema político puso en marcha un amplio dispositivo de propaganda difamatoria, que negó los hechos para ocultarlos y mentir sobre lo sucedido.

Al día siguiente de la masacre de Tiananmén el régimen sostuvo que no hubo ni un solo disparo y nadie murió… el dispositivo militar lo justificó diciendo que ‘elementos criminales’ y ‘contrarrevolucionarios’ atacaron a la policía y al ejército, matando a muchos policías y soldados.

Como testimonio un ciudadano chino (ver video adjunto): “Te hacen incapaz de pensar por ti mismo, mi cuerpo entero se convirtió simplemente en un robot, solo haciendo aquello para lo que me habían programado”.

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Bajo estas circunstancias, una persona que quiere ser ajena al Partido Comunista se convierte en un enemigo del Estado, que pierde por ello su cualidad de ser humano y en consecuencia es susceptible de cualquier forma de castigo disponible.

Adicionalmente la presión social del partido sobre quienes intentan separarse hace que los valores éticos sean remplazados por el miedo y la obediencia y se genera una ceguera frente a los males que sencillamente les hace bajar la cabeza y evitar expresar lo que piensan.

Al respecto la periodista Louisa Lim denomina a la China comunista “La República Popular de la Amnesia” porque a su pueblo se lo abligó a borrar los recuerdos de la masacre de Tiananmén, con la campaña de lavado de cerebro del sistema político.

Todo esto se refuerza con una férrea censura de Internet, de modo que no se encuentra ningún acceso a fuentes de información externas. Es aún más difícil si se considera que la generación anterior no puede recordar y la nueva generación ni siquiera puede saber.

Algunas consecuencias

“Lo que me preocupa”, dice Bao Tong, un ex alto funcionario que atestiguó la época -citado por BBC-, “es que en los últimos 30 años todos los líderes chinos han estado dispuestos a ponerse del lado del crimen del 4 de junio”.

“Lo consideran como una valiosa lección, como un truco de magia detrás del ascenso de la nación. Lo consideran beneficioso”, continúa Tong.

Asimismo, considera que el régimen debería permitir que todos participen relatando lo que saben para que se sepa la verdad.

No obstante, Tong también está estrictamente vigilado y recibió la advertencia de no dirigirse más a medios extranjeros, luego de su entrevista con BBC.

“Veo una China sin una gran muralla de Internet, sin una clase privilegiada, con menos multimillonarios, pero al menos los trabajadores migrantes pobres podrían vivir libremente sin ser expulsados ​​de las grandes ciudades, y (veo) una China que no necesita robar tecnología extranjera”, expresó igualmente el ex alto funcionario chino al medio londinense.

A su vez, Feng Congde, uno de los referentes del movimiento estudiantil en la Plaza de Tiananmén, a los 30 años de la terrible masacre de la que se salvó, señala que se había dado cuenta de que la República Popular China (RPC) no es del pueblo, no es una república, y ni siquiera es china (como cultura).

Citado por La Gran Época, Congde añade que en efecto el comunismo de la RPC proviene del marxismo -que fue importado de Occidente- e inclusive -afirma- el republicanismo es también la esencia de la milenaria “Civilización Amarilla”.

José Ignacio Hermosa – BLes

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Temas: Categorías: China Mundo

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