La guerra en Ucrania ha traído de vuelta el terror nuclear. El Kremlin ya ha amenazado explícitamente con las consecuencias que tendría la entrada de la OTAN en la guerra de Ucrania: una tercera guerra mundial “nuclear y destructiva”. Putin parece preparado para responder con el botón rojo si la situación se hace incontrolable, pero esta no es la única amenaza, ya que las centrales nucleares del país invadido son objetivos clave de las tropas invasoras. 

El mundo se estremeció el pasado cuatro de marzo con un ataque a la central de Zaporiya, que está ahora bajo control ruso. Ahora la amenaza está en Chernóbil, que ha quedado totalmente desconectada y podrían tener lugar (según afirma la empresa que gestiona la centra) fugas radioactivas. El Organismo Internacional de Energía Atómica ha descartado, por el contrario que exista un riesgo crítico. 

Noruega ha sido uno de los países más efectivos en su respuesta a el riesgo de un accidente nuclear, conscientes de que su situación es especialmente delicada, ya que los submarinos nucleares de Rusia navegan con frecuencia a través de las aguas noruegas. 

Oslo, Trondheim y otras ciudades de Noruega están distribuyendo, como parte de su estrategia de prevención, pastillas de yodo en las guarderías y las escuelas para prevenir el desarrollo de cáncer de tiroides por la radiación nuclear que pueda originarse a raíz del conflicto entre Rusia y Ucrania.

La medida forma parte del plan de protección nuclear noruego y se trata de simplemente de una decisión preventiva, pero ha dejado sorprendidos a muchos padres del país

“Nunca pensé que recibiría una circular del cole pidiéndome permiso para que le den una pastilla de yodo a mis hijos en caso de accidente nuclear”, tuiteó el pasado siete de marzo una madre española residente en Trondheim, Noruega. 

“Se supone que los padres debemos comprarla en farmacias para tenerlas en casa, pero ahora mismo están agotadas”, declara la madre española residente en Trondheim a 20minutos. “Noruega ha decidido que todos los coles y guarderías tengan stock en caso de que el accidente nuclear ocurriera en horario escolar”.

A ella le pareció una decisión “llamativa”, pero, según dice, “es solo un indicador más de cómo están las cosas en estos tiempos procelosos que corren”.

Efectivamente, el colegio de sus hijos, y todos los demás colegios habían sido informados de el suministro de pastillas de yodo, y pedían permiso a los padres para utilizarlas en caso de radiación nuclear. 

100.000 tabletas en Trondheim

El ayuntamiento de Trondheim publicó el uno de marzo un comunicado informando de la llegada de 100.000 tabletas, a pesar de que, según la Dirección de Protección Radiológica y Seguridad Nuclear (DSA), “debido a la gran distancia geográfica (con Ucrania), es muy poco probable que sea necesario tomar tabletas de yodo en Noruega“. 

El organismo advierte, sin embargo, de que “los submarinos nucleares y los bombarderos nucleares navegan regularmente a lo largo de la costa noruega. En caso de accidente grave con uno de estos, las tabletas de yodo pueden ser necesarias en Noruega, especialmente para niños y jóvenes menores de 18 años, embarazadas y lactantes”, que son los más propensos a desarrollar cáncer de tiroides. 

La distribución de pastillas es una de las iniciativas del protocolo de protección contra la radiación nuclear del gobierno de Noruega. El protocolo se lleva a cabo a través de la Autoridad Noruega de Seguridad Radiológica y Nuclear (DSA), organismo experto en asuntos relacionados con la protección radiológica, la seguridad nuclear y la no proliferación, la contaminación radiactiva y los desechos radiactivos.

La organización informa y da indicaciones sobre los peligros de la radiación, no solo la provocada por guerras o fugas, también sobre la que existe en el medio marino y en los alimentos. 

El plan nuclear, financiado por el gobierno Noruego (dos mil millones de coronas desde 1995) tiene como objetivo reducir el riesgo de accidentes graves y contaminación radiactiva, y evitar que el material nuclear y otros materiales radiactivos se extravíen.

¿Cómo funcionan las pastillas?

En un accidente nuclear, el yodo radiactivo (que se sitúa en el aire, los líquidos o los alimentos contaminados) puede propagarse por el aire y ser absorbido por la glándula tiroides. La ingesta de yodo natural bloquea la absorción de yodo radiactivo en la glándula tiroides y reduce el riesgo de desarrollar cáncer de tiroides en caso de accidente nuclear. Estas pastillas, de todas formas, solo protegen contra el yodo radiactivo y no contra el resto de sustancias radiactivas.

Mientras los colegios tienen un suministro asegurado, las recomendaciones de guardar Jodix (este es el nombre comercial del medicamento) en casa han provocado el caos en las calles de Noruega. Los ciudadanos han vaciado las farmacias de Jodix presos del pánico, tal y como lo hicimos en Europa con las mascarillas y el papel higiénico al comienzo de la pandemia. 

Pedro Buenaventura – 20minutos.es

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