El Presidente de Hungría llevó adelante una profunda transformación basada en los principios del Consenso de Washington, para modernizar la economía del país y eliminar los últimos vestigios de la antigua economía socialista.

El máximo dirigente de la derecha húngara y presidente del país desde 2010, Viktor Orbán, se convirtió en el artífice de la reforma económica más importante desde la década de 1990 y la caída de la economía planificada.

Orbán reinstaló las reformas estructurales plasmadas en el Consenso de Washington para afianzar el cambio entre una economía socialista y una economía de mercado. Las medidas permitieron modernizar el país y consolidar tasas de crecimiento incluso superiores a las que se registraron entre 1995 y 2004, la primera de la reforma de mercado en Hungría.

La economía de Hungría tuvo un crecimiento promedio del 3,4% anual entre 1995 y 2007 (antes de la crisis internacional), mientras que bajo el mandato de Orbán el crecimiento promedió el 4,06% entre 2014 y 2019.

La reforma tributaria

La principal apuesta de Orbán fue reformar el sistema impositivo de Hungría para ganar competitividad a nivel internacional. Las principales medidas fueron las siguientes:

Impuesto a los ingresos individuales: la tasa marginal más elevada cayó del 36% en 2009 al 32% en 2011, y a partir del año 2017 se aplicó un “flax tax” del 16% para todos los ingresos. Se trata de una tasa única y proporcional para todos los ingresos individuales, sin importar el monto.

La eliminación del impuesto progresivo es una medida ampliamente respaldada por la literatura económica convencional, al eliminarse una gran cantidad de distorsiones para la eficiente asignación de los recursos. Más tarde, la tasa unificada fue rebajada nuevamente al 15% para todos los usuarios, y es una de las cuñas tributarias más bajas del mundo.

Impuesto a las sociedades: la tasa impositiva aplicada sobre las utilidades no distribuidas cayó del 20% al 19% a partir de 2010, y en 2017 se aprobó una segunda reforma tributaria que bajó la alícuota hasta el 9%. Nuevamente, esta tasa es de las más bajas en el mundo dota a Hungría de una mayor competitividad para la inversión extranjera directa.

La reforma del Estado

Inmediatamente después de haber asumido, Orbán dictaminó una reforma integral del Estado para simplificar su funcionamiento y limitar su tamaño. Fueron suprimidos algunos ministerios, principalmente a partir de la creación de un “super-ministerio” de Economía que centralizó transporte, agricultura, trabajo y comercio.

La planta de personal en el Estado fue limitada y racionalizada, así como el nivel de transferencias y erogaciones del presupuesto general. El gasto público en relación al tamaño de la economía disminuyó del 50,5% en 2009 al 46% del PBI en 2019, antes de la pandemia. En el mismo período, el déficit fiscal financiero del Gobierno general disminuyó del 5,2% del PBI al 2,1% en 2019. Se consolidó la disciplina fiscal a pesar de las constantes reducciones tributarias.

La totalidad del déficit fiscal es explicado por el pago de intereses de deuda por encima del superávit operativo que registra el Estado. Pero por medio de operaciones de refinanciación constantes, y sin déficits operativos, la deuda pública de Hungría creció menos que la economía agregada y bajó su peso del 80% del PBI en 2010 al 65,5% en 2019.

La llegada de la pandemia supuso una abrupta interrupción en la disciplina fiscal y, en consecuencia, un aumento sustancial del stock de deuda, del mismo modo en que ocurrió en prácticamente todos los países del mundo.

La reforma laboral

Orbán asumió el Gobierno de Hungría con un nivel de desocupación de casi 12%, tras el estallido de la crisis internacional. Incluso antes de la crisis, el desempleo representaba cerca del 6% de la población activa y no logró respondió adecuadamente al crecimiento económico. En respuesta, se aprobaron las siguientes disposiciones:

Cargas sociales para empresas: el costo que deben pagar las empresas sobre el salario de cada trabajador contratado en relación de dependencia cayó del 28,5% en 2016 al 23,5% en 2017, y 17% desde 2018.

Contratos laborales flexibles: la nueva legislación laboral legalizó una serie de contratos flexibles a tiempo determinado, del mismo modo en que existen en otros países europeos y en las economías desarrolladas. Se buscó una armonización entre la legislación laboral local y la internacional.

Tratamiento de las horas extra: el Gobierno flexibilizó el número de horas extras permitidas cada año, de 250 a 400.

Para 2016 la desocupación en Hungría cayó nuevamente al 6% con una economía recuperada de la crisis, y siguió retrocediendo hasta llegar al 3,5% a partir de 2018. Incluso con la grave recesión generada por la pandemia en 2020, la desocupación solamente saltó al 4,8% y volvió a caer al 3,2% en 2022.

El éxito de la reforma laboral no solo queda en evidencia por el bajo nivel de desempleo estructural o “natural” para la economía húngara, sino también porque la destrucción de empleo por cada punto del PBI perdido, así como la creación de empleo por cada punto de PBI ganado, son relaciones que mejoraron notoriamente en comparación al período anterior a la reforma.

Fuente: derechadiario.com.ar

 

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