El alto representante de la Unión Europea dijo que los extremistas “han ganado la guerra” y por eso “hay que hablar con ellos”, pero sus palabras también denotan la necesidad de “evitar un desastre migratorio” que obligue a Europa a recibir miles de afganos

Las recientes declaraciones de Josep Borrell, alto representante de la Unión Europea (UE) para la Política Exterior, hacen ruido. El funcionario europeo pidió tratar con los talibanes porque estos «han ganado la guerra». Palabras derrotistas en medio de un contexto delicado, ya que la comunidad internacional aún exige respetar los derechos humanos de los afganos que están en el país y que deberán sobrevivir al extremismo islámico. Por otro lado, están los consecuencias a nivel estratégico, debido a los puentes que podría tender el grupo terrorista con países de intereses hegemónicos como Rusia, China e Irán.

“Trataremos con las autoridades afganas tal como son, pero al mismo tiempo permaneciendo vigilantes naturalmente sobre el respeto de las obligaciones internacionales aceptadas por los diferentes Gobiernos afganos durante más de 15 años”, esbozó Borrell tras una videoconferencia con ministros de Exteriores de la UE respecto a la crisis afgana.

Posteriormente trató de matizar sus palabras. Dijo que «no es cuestión de reconocimiento oficial, sino de tratar con ellos”. Una periodista afgana le pidió no aceptar a los fundamentalistas porque los afganos no quieren «volver atrás». Borrell dijo entender «sus sentimientos y preocupación» e insistió con su ambiguo argumento de que no se trata de reconocimiento.

Pero sus palabras denotan algo más: el dilema al que se enfrenta el bloque de países de Europa por el flujo migratorio de afganos. La UE parece no estar dispuesta a asumirlo. Borrell lo dejó claro cuando defendió tener conversaciones con los talibanes. Agregó que se debe establecer “un diálogo tan pronto como sea necesario, para evitar un potencial desastre migratorio pero también una crisis humanitaria”.

Adiós al programa «welcome refugees»

Es un tema delicado. Ya ocurrió en el año 2015 por la guerra en Siria. Casi un millón de personas cruzaron a Europa buscando asilo, según cifras de ACNUR. Al grupo se unían refugiados de países en Oriente Medio y parte de África. Grecia e Italia estaban desbordados de migrantes.

Se calcula que desde inicios de este año hasta mediados de julio unos 270.000 afganos se han visto forzados a desplazarse dentro del país, indicó la agencia de las Naciones Unidas. El número probablemente aumentará, por eso Europa apunta a que los migrantes se dirijan a países vecinos de Afganistán. Medios europeos objetan cómo la política de puertas abiertas y «welcome refugees» hacia los sirios, se transformó para los afganos en «no podemos compensar en Alemania todos los problemas que están ocurriendo», dicho por la canciller alemana, Angela Merkel.

El portal Público expone la siguiente frase en un artículo titulado «Europa no pasa el examen de la solidaridad con Afganistán».

«Europa anda más preocupada por la avalancha de población refugiada que por el futuro de la población afgana. Tanto es así que, al tiempo que apostilla que no reconocerá el gobierno talibán, comienza a entablar relaciones con el mismo para tratar de evitar una nueva crisis migratoria que, en realidad, ya ha estallado».

Debate dentro de la Unión Europea

Borrell dijo “no haber tenido tiempo” para entrar en contacto con los talibanes, aunque sí prevé reforzar la delegación de la UE en Kabul, replicó EFE. Mientras ese momento llega —y el mundo vea a la organización conversando con los extremistas— la UE busca gestionar la crisis de refugiados afganos.

Merkel dijo este martes que se deben dar «opciones seguras» en países vecinos. Solo después se podrán establecer «contingentes» para refugiados en el bloque europeo. «Antes de hablar de contingentes hay que estudiar opciones seguras en los países vecinos. Luego en un segundo paso, si hay personas especialmente afectadas, podrían recibir apoyo de Europa», enfatizó la canciller. También reconoció lo siguiente: «Es un punto débil de la UE que no tengamos una política de asilo común».

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Hungría, Polonia y Grecia fueron más contundentes en su negativa. «Estamos diciendo claramente que no seremos y no podemos ser la vía de entrada a Europa para los refugiados y migrantes que puedan intentar venir a la UE», dijo el ministro de Migración y Asilo griego, Notis Mitarakis sobre la llegada de afganos, de acuerdo a otro informe de EFE.

El presidente de Francia, Emmanuel Macron, se reunió recientemente con Ángela Merkel a propósito de una iniciativa para abordar dichos “flujos migratorios irregulares”. Pero declaró que “Europa por sí sola no puede asumir las consecuencias de la situación actual”.

Efecto dominó

El bloque de 27 países se enfrenta entonces un dilema. El mundo ha observado en los últimos días imágenes de afganos cayendo al vacío por aferrarse a aviones para salir del país, ciudadanas ocultas en sus hogares por temor a que los talibanes atenten contra ellas solo por ser mujeres profesionales y un sinfín de escenas por la retirada de las tropas estadounidenses. Muchos países tenían equipos de trabajo en el país asiático, cada uno de ellos se vio afectado por la decisión emitida desde la Casa Blanca, ya que tuvieron que evacuarlos. Es un efecto dominó que está desencadenando en la huida de cientos de afganos.

Por lo pronto Merkel y el primer ministro italiano, Mario Draghi, conversaron sobre posibles iniciativas de la Unión Europea, el G7 y el G20 a favor de Afganistán «y la protección de los derechos humanos y las libertades fundamentales de los últimos veinte años». No hay aún medidas en concreto.

Mientras tanto, el gobierno alemán reconoció que no puede evacuar de Kabul a los afganos que colaboraron con sus militares y diplomáticos porque los talibanes han instalado controles en los accesos al aeropuerto. Solo permiten circular a ciudadanos extranjeros.

Oriana Rivas – Panampost.com