Precios máximos, más regulaciones y un desacople del precio del gas. Las propuestas socialistas de las autoridades europeas para frenar la escalada inflacionaria.

En un avance sin precedentes a la autonomía de los países miembro de la Unión Europea, la Comisión Europea, comandada por Ursula Von der Leyen, anunció que intervendría por la fuerza los mercados eléctricos de las distintas naciones.

Von der Leyen anticipó que se establecerán precios máximos que todos los países de la Unión Europea deberán cumplir o someterse a peligrosas multas. Además, se prohibirá que cualquier empresa radicada en Europa determine su precio marginal de la electricidad en base al costo de la generación por gas.

Según Bruselas, la escalada de precios de los últimos meses no se debe a la incipiente inflación generada por la emisión sin respaldo del euro, ni a la fallida matriz energética de países como Alemania o España que en su intento por hacer la transición verde se quedaron sin producción rentable.

Por el contrario, se debe, según los burócratas europeos, a una “chantaje energético” por parte de Rusia para que la Unión Europea deje de apoyar a Ucrania con miles de millones de transferencias económicas para sostener la guerra.

Es cierto que Putin ha cerrado el gasoducto Nord Stream 1 y ha frenado la construcción del Nord Stream 2, lo cual deja sin acceso al gas ruso a toda Europa. Es cierto también que la situación de guerra genera incertidumbre y los precios de la energía, como siempre ocurre, son los primeros en subir.

Pero la escalada sin precedentes de precios solo es posible gracias a la convalidación monetaria que se generó con la duplicación de la base monetaria en euros que emitió el Banco Central Europeo desde 2020.

Además, la construcción del Nord Stream y la decisión política de entregarle todo el poder a Rusia provino de la misma Unión Europea, cuando en 2011 Angela Merkel (Alemania), Francois Fillon (Francia) y Mark Rutte (Holanda) firmaron con el entonces delfín político de Putin, Dimitri Medvedev, el acuerdo que hoy le permite a Rusia explotar la dependencia energética a su beneficio.

La Unión Europea celebró cuando le entregó su destino energético a Rusia a cambio de energía barata que permitiera subsidiar los masivos planes de transición verde. Hoy, el Kremlin les pasa factura por tan mala decisión política.

En los últimos meses, los distintos gobiernos de la Unión estuvieron aprobando planes de compra de gas licuado a países árabes, pero su transporte debe hacerse en barco y esto ha encarecido enormemente los precios.

A todo esto se suma el problema de España, que cada vez ve más reducidas sus importaciones de Argelia, luego de que el presidente socialista Pedro Sánchez decidiera romper con décadas de neutralidad y dar su apoyo al Reino de Marruecos en su disputa territorial histórica con los argelinos.

Sin gas ruso ni gas argelino, importando miles de metros cúbicos desde el lejano oriente, con una inflación histórica que las autoridades no quieren reconocer, Europa atraviesa tal vez la peor crisis energética desde la pos guerra, y todo por el afán de un puñado de ecologistas que prefirieron entregarle su soberanía a Rusia antes que seguir explotando los recursos naturales en su propio suelo.

Fuente: La Derecha Diario

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