Redacción BLes– El Partido Comunista Chino (PCCh) suele proyectar una imagen de sí mismo como “adorable, confiable, admirable”. Presumir de su “récord de crecimiento” tras la pandemia o del “salto” del producto interior bruto es el último intento del partido de construir una realidad brillante. Sin embargo, desgraciadamente no parece ser así.

De hecho, en los últimos años, bajo el gobierno del PCCh, la economía ha sufrido enormemente. Como resultado, la industria de la construcción está en caída libre, dejando a muchos trabajadores chinos de a pie sin empleo. Sobre todo los de las zonas rurales, que no tienen más remedio que buscar trabajo en el extranjero para llegar a fin de mes.

Es una época en la que florecen los negocios de “tráfico de mano de obra”. Los chinos de clase baja se ven atraídos por una promesa de trabajo bien remunerado, a miles de kilómetros de su casa, sin saber lo que les espera.

Chinese Labor Watch, una organización con sede en Estados Unidos que defiende los derechos de los trabajadores chinos, publicó un informe en el que recogió los testimonios de 100 trabajadores que trabajan en el proyecto “Cinturón y Ruta” en diversos lugares del mundo. El informe revela la impensable miseria que padecen estos trabajadores y, al mismo tiempo, expone la naturaleza engañosa e inhumana del PCCh.

La mayoría de los trabajadores invitados, decían, fueron reclutados de forma engañosa con promesas de ciertos salarios y visados de trabajo legales. Sin embargo, al llegar a los países de acogida, se les confiscaba el pasaporte y, si querían marcharse, tenían que pagar una cuantiosa multa al empleador chino.

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Estaban sometidos a un trato inhumano, a malas condiciones de vida y de trabajo, a jornadas laborales excesivas de hasta 12 horas diarias, siete días a la semana, sin vacaciones.

Debido a que trabajaban con insuficiente protección y equipo de seguridad, muchos sufrieron graves lesiones, que en algunos casos provocaron una discapacidad permanente debido a la falta de acceso a tratamiento médico.

Según los testimonios, la gran mayoría de los trabajadores no recibieron una buena educación en China. La mayoría de ellos tienen una baja eficiencia en la escritura y la lectura, lo que significa que carecen de los conocimientos necesarios para defender sus derechos en caso de abuso. Ni siquiera pueden ponerse en contacto con el país de acogida para pedir ayuda por miedo a ser deportados y a sufrir represalias al volver a China. Las elevadas multas y sanciones son una amenaza habitual que el PCCh utiliza para detener a estos trabajadores de forma ilegal.

El informe también descubrió que los trabajadores chinos “deben pagar una deuda si deciden regresar a China una vez que llegan al extranjero”, aparte de la cuota de contratación que va de miles a decenas de miles de yuanes (más de 155-1.550 dólares). Esto muestra claramente otra cara del PCCh: ladrones sin escrúpulos. El régimen dictatorial ha abrazado la idea marxista de acabar con la “propiedad privada” dándose a sí mismo la autoridad de quitarle la propiedad a la gente desde que llegó al poder.

Por ejemplo, “otro trabajador que ya ha regresado a China dijo que fue obligado a trabajar en Argelia durante cinco meses. Como resultado, debería haber ganado un salario total de más de 26.000 yuanes (aproximadamente 4.030 dólares). Sin embargo, después de que el empleador le dedujera la penalización por su regreso anticipado a China, sólo recibió 1.800 yuanes (unos 280 dólares), según el informe.

“Si el trabajador no puede pagar la deuda, no se le permite regresar a China, y debe trabajar para el empleador durante unos meses sin compensación. Un trabajador que trabajaba en Argelia, pero que ahora se encuentra en Angola, dijo que le obligaron a pagar una multa de 17.000 yuanes (unos 2.630 dólares) antes de permitirle salir de Argelia”.

Eso no es ni siquiera lo peor: se informa de que los empleadores retienen los salarios de los trabajadores y se retrasan constantemente en el pago de los sueldos mensuales de los trabajadores, a veces incluso reduciendo sus salarios sin decir una palabra.

“Un trabajador que se fue a Jordania trabajó en el desierto durante cinco meses, pero sólo recibió el salario de los seis primeros días”, según el informe.

Hay otro caso en el que dos hombres fueron amenazados “con seis meses de salario que aún no habían sido pagados” por su empleador si no se quedaban “para el mantenimiento y la instalación” cuando el proyecto de instalación de una empresa subcontratada en Argelia estaba a punto de terminar en 2019.

“No cobraron hasta octubre de 2020 debido a la dimisión del antiguo gerente, lo que equivale a 16 meses de salarios atrasados, y los trabajadores tuvieron que pedir dinero prestado para comer”, informó China Labor Watch.

A pesar de toda la coacción física, mental y financiera que han soportado, la empresa golpea a cualquiera que muestre desobediencia o intente ir a la huelga.

El informe señalaba que “en los últimos meses, los artículos, las fotos y los comentarios en las redes sociales chinas (como WeChat) que comparten la difícil situación de los trabajadores chinos en el extranjero suelen ser rápidamente censurados, lo que hace que el mundo exterior comprenda poco su terrible situación”.

No es la primera vez que el PCCh utiliza su poder para ocultar sus pecados, y la mentira está impresa en el ADN del partido. En su historia de asesinatos, desde el “Gran Salto Adelante, la Gran Hambruna, los Tres Anti, los Cinco Anti, hasta la Revolución Cultural, la Masacre de la Plaza de Tiananmen y la última, la persecución de los practicantes de Falun Gong y otros grupos minoritarios… muchas personas han perdido la vida bajo el régimen del PCCh. Sin embargo, el mundo y el propio pueblo chino están ciegos ante los crímenes contra la humanidad del PCCh por su programa de lavado de cerebro, de mentiras y de ocultación.

El PCCh restringe la libertad de expresión, ha destrozado la historia divino-cultural de 5.000 años de China, ha reescrito su sangrienta historia y, al mismo tiempo, ha lavado el cerebro a las jóvenes generaciones con la ideología de “mentira, maldad, lucha”. Con esta educación, las autoridades del PCCh se han vuelto poco amables, impulsadas por la codicia material y la indiferencia por la vida.

China Labor Watch hace un llamamiento a la concienciación mundial sobre los crímenes del PCCh, al fortalecimiento de la protección de los consulados para los empleados chinos en el extranjero y al apoyo de un sistema de prevención, protección y compensación centrado en las víctimas, para las víctimas de la trata de seres humanos, incluidos los trabajadores forzados en China y en el extranjero.

Amelia Jones – BLes.com