Redacción BLesLa escalada de tensión que predomina en toda la región del Indo-Pacífico, genera gran preocupación en todo el mundo y con mayor razón en los países vecinos. Así es que los gobiernos de Japón y Australia se reunirán este fin de semana para compartir evaluaciones de inteligencia sobre la acumulación militar y las intenciones del régimen chino, para luego anunciar un acuerdo de seguridad conjunto. 

El primer ministro de Japón, Fumio Kishida, viajará el próximo fin de semana a Perth, Australia, donde se reunirá con su homólogo Anthony Albanese con el objetivo de firmar una nueva declaración de seguridad entre ambas naciones, actualizando un acuerdo anterior de hace 15 años.

El documento original del año 2007 fue firmado por el entonces primer ministro japonés Shinzo Abe y el primer ministro australiano John Howard, en el cual se destacaban los intereses estratégicos comunes y los beneficios de seguridad incorporados en sus respectivas relaciones de alianza con Estados Unidos.

En ese entonces el acuerdo centraba sus preocupaciones en el desarrollo nuclear y de misiles de Corea del Norte. Ahora, la preocupación está centrada en el desarrollo militar llevado a cabo por el régimen comunista chino durante los últimos 15 años y sus amenazas constantes de atropello en la región. 

Se espera además que el nuevo acuerdo entre “socios estratégicos especiales” se centre en la importancia de la seguridad económica, incluida la creación de resiliencia nacional contra la coerción económica; la resolución de disputas por medios pacíficos; y el cese de todo tipo de acciones desestabilizadoras.

Shingo Yamagami, embajador de Japón en Australia, insinuó durante una entrevista con el medio The Guardian, que es probable que Australia sea invitada a la cumbre del G7 en Hiroshima el próximo año y que su participación sería un paso “natural” en un momento de empeoramiento de las tensiones en la región.

“Estoy bastante seguro de que esta visita y esta declaración conjunta que firmarán los dos primeros ministros servirán como un catalizador indispensable para mejorar la cooperación de inteligencia”, dijo Yamagami.

Tensión constante en la región

Si bien por el momento no se ha concretado ningún enfrentamiento real entre los países intervinientes en la región, la realidad es que la extrema tensión ha llegado a un punto sin precedentes. Y de a momentos pareciera que una simple chispa podría encender un enorme foco de incendio. 

El régimen comunista chino ha desarrollado su poderío militar durante la última década con el objetivo de convertirse en una verdadera potencia.

Para demostrar su poderío e intimidar a sus enemigos y vecinos, el régimen chino ha llevado a cabo un sinnúmero de pruebas militares que en muchos casos ha violado varias normas internacionales estipuladas para mantener la paz, entre otras cosas ha invadido los espacios aéreos y marítimos de varios de sus países vecinos, generando temor, tensión y amenazas de conflicto armado. 

Gran parte del área que suelen sobrevolar los cazas chinos, donde se encuentran las disputadas islas Spratly, es reconocida como aguas internacionales, muchas de las islas que se encuentran en la cercanía han sido reclamadas por naciones aledañas como Filipinas y Vietnam.

No obstante el régimen chino persiste en declarar una amplia zona del territorio como parte de su propiedad citando una disposición territorial conocida como la ‘línea de los nueve puntos’ que se basa en un mapa de la dinastía Qing en el que se indica como parte del territorio chino varias islas de la zona incluyendo a Taiwán.

Los reclamos del régimen chino además han sido reforzados luego de construir varias plataformas de aterrizaje en las islas de la región. La presión que ejerce el régimen chino en el Mar Meridional obedece a la diversidad de las aguas para la pesca, además de la posible presencia de reservas de petróleo y gas.

Beijing ha realizado importantes pruebas de perforación para identificar reservas submarinas de hidrocarburos y petroleras asociadas al régimen han montado verdaderas “ciudades marítimas” en esas zonas.

Las políticas de atropello del régimen chino en el Indo-Pacífico han provocado que todos los países de la región disparen sus alarmas y comiencen a preparase para un posible enfrentamiento real. 

Japón y Australia, dos de los países de mayor peso son quienes llevan la delantera en preparativos de defensa, estrategias de guerra y alianzas con Occidente. 

Ambos países tienen además perspectivas de crecimiento similares y, más específicamente, percepciones estrechamente alineadas respecto a las amenazas regionales y cómo se deben contrarrestar esas amenazas, según declararon en diversas oportunidades sus gobernantes y funcionarios.

Estados Unidos ha funcionado siempre como su garante en materia de seguridad, incluso a través de su disuasión nuclear, y en el orden internacional liberal que Washington estableció durante la Guerra Fría. 

Por cierto, ambos países temen cualquier disminución del poder estadounidense porque la consecuencia inmediata sería el avance del régimen en el Indo-Pacífico.

En este contexto es que Australia y Japón buscan reforzar su posición cooperando más estrechamente entre sí frente a tales riesgos.

Japón y Australia son también grandes socios comerciales, de hecho Australia es uno de los mayores proveedores de alimentos, minerales y energía de Japón. Y aunque desde el conflicto entre Rusia y Ucrania la cadena de suministro se ha visto afectada, sus funcionarios han buscado siempre la forma para aumentar la seguridad económica y garantizar el intercambio de bienes esenciales. 

Five Eyes y Japón

La alianza de Five Eyes, está compuesta por cinco países de habla inglesa; Estados Unidos, Gran Bretaña, Nueva Zelanda, Australia y Canadá. Los orígenes de la agrupación remontan a reuniones secretas informales durante la Segunda Guerra Mundial entre descifradores de códigos británicos y estadounidenses.

Actualmente funciona como una especie de garantía de seguridad en la región, para demostrar a adversarios como el régimen chino que las principales potencias occidentales están comprometidas con los países vecinos.

Japón, que por su idioma no podría ser miembro oficial de esta alianza, funciona prácticamente como un aliado más desde que el régimen comunista se convirtió en una verdadera amenaza.

Tal es así que ha firmado varios acuerdos con estos países asumiendo grandes compromisos comerciales y militares, incluso este año, el gobierno de Kishida aseguró que compartiría con la alianza todo tipo de datos de inteligencia que sean necesarios para frenar las intenciones de avance del régimen comunista. 

Andrés Vacca –Redacción BLes

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