Tras el cese de las negociaciones de paz sobre las islas Kuriles, la situación entre Tokio y Moscú parece llegar a un punto de no retorno.

Tras la decisión del Kremlin de hacer uso del gas ruso como arma geoestratégica, obligando a las demás naciones a abonar los suministros de gas en rublos y abriendo cuentas en Gazprombank, el gobierno de Japón, país que depende bastante del gas ruso, se mantuvo firme en su alejamiento de cualquier decisión de Putin en medio de tensiones militares por la ocupación de las islas Kuriles.

En respuesta con la directriz rusa, el primer ministro japonés Fumio Kishida expresó que se mantendría fiel a las sanciones del G7 y no seguiría las instrucciones de Putin.

Tal decisión refleja un endurecimiento de la política por parte del mandatario japonés y no solo en lo discursivo. La posibilidad de perder a Rusia como proveedor de gas licuado (GNL), supondría grandes costos para Japón, pero Kishida parece dispuesto a correr ese riesgo.

Según CNBC, aunque a nivel porcentual la dependencia japonesa sobre Moscú no es extremadamente peligrosa, el costo adicional de desplazar a Rusia como socio se traduce en unos 3 billones de yenes (US$ 25 mil millones).

Según el medio Nikkei Asia, el proyecto de producción de gas natural licuado Sakhalin-2 representa 10% del consumo japonés. Está base de producción de GNL a cargo de Shell se ubica en una isla rusa, Sakhalin, donde se asientan algunas de las más importantes compañías japonesas como Mitsui & Co. y Mitsubishi Corp.

No obstante, la reciente retirada de Shell ha cristalizado un punto de inflexión en este vínculo. Hasta el momento Fumio Kishida sostiene su participación en el proyecto y así lo ha afirmado frente a su parlamento.

La balanza comercial de Japón respecto a Rusia: el gas natural licuado  rompe el equilibrio | Nippon.com

Al margen de la disputa energética, Tokio ha logrado desenvolverse como sancionador sobre Moscú en diversos modos. Desde barreras en exportaciones sobre el sector automotriz, dando terminación al comercio de todos los vehículos japoneses de lujo a Rusia, hasta el congelamiento de activos a altas figuras de la oligarquía rusa, afectando al sector empresarial, directores de bancos, y hasta al vocero del mismo Kremlin. Según DW, ya son más de 130 las entidades afectadas por las sanciones japonesas.

Ha de verse aún si el apoyo estadounidense como tradicional socio japonés servirá para atenuar las respuesta de Putin. Por el contrario, Japón se verá en búsqueda de nuevos proveedores energéticos; para lo cual tendrá que estrechar lazos con países del norte africano, o acudir al GNL estadounidense.

Cualquiera de las dos alternativas no agotan la incertidumbre del panorama. Entre los principales proveedores alternativos se hallan países como Qatar, Argelia, Marruecos; y Washington busca comenzar a desplegar su potencial como exportador de GNL (véanse sus recientes inversiones tanto en el sur de Estados Unidos como en México). Todos estos son actores que tienen una demanda saturada o bien proyectan su crecimiento a largo plazo, lo cual no subsanaría la cuestión para Japón.

El 32 % del suministro eléctrico de Japón depende del carbón | Nippon.com

Este escenario exige una mirada hacia dentro de la política japonesa para comprender por qué la respuesta del primer Ministro japonés supone realmente una jugada arriesgada para su país. El gas natural licuado ha sido un gran instrumento para suplir las crisis energéticas en Japón tras el terremoto de 2011. En el marco de las reformas que el país asiático implementó a causa del tsunami, se incluyó la reducción de la energía nuclear. Por lo cual, la estrategia energética se encuentra bastante limitada para Tokio.

Ciertos análisis internacionales, como se presentó en Foreign Affairs, consideran que las medidas de Japón sobre Rusia han sido más tajantes que nunca. Se destaca como factor llamativo que el archipiélago japonés, haya albergado más refugiados que en varias otras situaciones análogas donde el país no se mostró tan amigable con las víctimas de guerra.

Es así que este puede ser un antes y un después para la relación Tokio-Moscú. El papel de Washington, y su apoyo a su socio asiático será clave para determinar el éxito de las herramientas de occidente sobre Putin o, de lo contrario, concluir en que los costos de la hostilidad japonesa al Kremlin los pagará la sociedad japonesa.

Abril Trankels – La Derecha Diario

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