Es oficial, el régimen comunista chino se ha convertido en el principal socio económico de Argentina, desplazando así a su histórico aliado Brasil, y consolidando la presencia China en la región.

Lo confirmó la Cámara de Exportadores (CERA), la cual detalló que en abril el país asiático fue el primer socio de la Argentina con el 11,7% de las ventas totales y con 14,1% de las importaciones.

Luego de meses de déficit en los intercambios bilaterales, desde principio de año se dio un impresionante descenso; de US$ 468 millones en enero, US$ 385 millones en febrero, US$ 253 millones en marzo, casi 0 en abril y el mes de mayo ya dio un saldo de 98 millones de dólares a favor de Argentina.

Los embarques argentinos a ese destino aumentaron 50 por ciento interanual, con un fuerte peso de los productos agroindustriales.
Entre los principales rubros de los envíos al país asiático sobresalieron los porotos de soja (52% del total de las ventas); la carne bovina congelada y deshuesada (29%); camarones y langostinos (8%); grasas y aceites animales o vegetales (6%). Por su parte la compra de insumos chinos cerró en unos US$ 411 millones en abril, 61 millones menos que en marzo, lo que representa una caída interanual del 40,3%.

No hay dudas que desde el triunfo de Alberto Fernández el foco de Argentina se puso en China, no solo en lo comercial si no que en lo político. Sin embargo, esta estabilización tuvo su causa también en la propagación del COVID-19 y la consecuente caída de las exportaciones del gigante asiático. Un pequeño precio a pagar a cambio de permitir la expansión deliberada del mismo y distraer la atención del mundo, mientras ellos consolidan su hegemonía global.

El ascenso de la dictadura comunista como principal socio de la Argentina refleja varias cosas:

Primero que nada, el desplome en el intercambio comercial entre Argentina y Brasil, de 44,7% interanual durante abril, el mayor retroceso desde febrero de 2009, de acuerdo con datos publicados este lunes por el Ministerio de Desarrollo, Industria y Comercio Exterior del país vecino.

En segundo lugar esto confirma el aislamiento político de nuestro país con respecto a nuestros vecinos, el fracaso del Mercosur y la consecuente búsqueda de una nueva alternativa comercial.

Si los rumores son ciertos, y las inversiones chinas en el sur y la concesión de la hidrovía se confirman, esto deja a la vista como Fernández, en su retorica izquierdista anti-Occidental, se aleja del giro a la derecha de la región y se refugia en la dictadura del Partido Comunista Chino, ya no solo de manera comercial, sino que también se reforzarían los lazos políticos. El único país de la región que goza de un estatus similar es Venezuela, y los resultados están a la vista.

Es preocupante la deriva diplomática en la que nuestro país se esta sumergiendo, no solo por el nocivo acercamiento a China y la funcionalidad que presenta el gobierno a sus intereses, sino también por el paulatino aislamiento en el que estamos entrando, rompiendo lazos con todo el cono sur y subordinándonos a las decisiones de una autoridad totalitaria extranjera.

Argentina no es el primer país al que China “rescata”, billetera de por medio. Estados como Pakistán, Sri Lanka, Etiopía y la misma Venezuela ya se encuentran en esa posición. Todos con deudas económicas y millonarias inversiones chinas en su territorio, agarrados del cuello y obligados a responder dócilmente a las indicaciones de los miembros del Polit Buró.

La crisis sanitaria como la que actualmente nos azota son resultados indirectos de esta influencia descomunal.

Por ejemplo, la negligencia que mostró el Director General de la OMS, Tedros Adhanom, en el manejo del virus no es casual. Tedros es un etíope que asumió el cargo con el respaldo y los votos de China, cuando previamente ejercía el cargo de canciller en su país. No solo eso, sino que su país debe su todo crecimiento económico a sus vínculos con China.

Casos como este hay en cada uno de los países que vendieron su integridad y su soberanía a China. Parece que el kirchnerismo disfruta de denunciar el “imperialismo estadounidense” pero corre a las manos del imperialismo chino. La diferencia está en que un imperialismo es la democracia liberal y republicana más exitosa de la historia y el otro es la dictadura más sanguinaria y opresiva de toda la historia.

Fuente: Derecha Diario.