HARARE (Reuters) – El nuevo líder de Zimbabue, Emmerson Mnangagwa, dijo el miércoles a una multitud que lo aclamaba en Harare que el país está entrando en una nueva etapa de democracia después de la renuncia de Robert Mugabe a la presidencia tras cerca de cuatro décadas en el poder.

Mnangagwa regresó temprano el miércoles a Zimbabue, de donde había huido cuando el ex presidente de 93 años lo desplazó de la vicepresidencia para allanar el camino de la sucesión para su esposa Grace.

“El pueblo ha hablado. La voz del pueblo es la voz de Dios”, dijo Mnangagwa ante miles de seguidores reunidos frente a la sede del partido gobernante ZANU-PF en la capital zimbabuense. “Hoy estamos siendo testigos del comienzo de una nueva democracia”, agregó.

Zimbabue fue alguna vez una de las economías más prometedoras de África, pero sufrió décadas de declive mientras Mugabe lideraba políticas como la ocupación violenta de granjas comerciales con propietarios blancos o imprimía una gran cantidad de dinero, generando hiperinflación.

La mayoría de sus 16 millones de habitantes sigue siendo pobre y sufre escasez de efectivo y altas tasas de desempleo, algo a lo que Mnangagwa prometió hacer frente.

“Queremos que nuestra economía crezca, queremos paz en nuestro país, queremos empleos, empleos, empleos”, afirmó a la multitud, añadiendo que “la voluntad de la gente siempre siempre triunfará”.

El desplazamiento de Mnangagwa fue el disparador para que el Ejército y antiguos aliados políticos enfrentaran a Mugabe, considerado en el pasado un héroe de la independencia cuando Zimbabue rompió con el poder colonial británico en 1980 pero más tarde temido como un déspota.

Mugabe renunció a la presidencia el martes, cuando el Parlamento puso en marcha un juicio político luego de que el anciano líder resistió las presiones para que dimitiera durante cerca de una semana.

El presidente del Parlamento, Jacob Mudenda, aseguró que Mnangagwa jurará como presidente el viernes, tras ser nominado por el ZANU-PF para llenar el vacío dejado por Mugabe.

La salida de Mugabe deja a Zimbabue en una situación diferente a la de otros países africanos donde líderes veteranos han sido derrocados en alzamientos populares o a través de elecciones.

El ejército liderado por el general Constantino Chiwenga parece haber encontrado un camino libre de obstáculos para sentar en el sillón presidencial a Mnangagwa, quien durante décadas fue un leal lugarteniente de Mugabe y también estaba a cargo de la seguridad interior cuando grupos de derechos humanos dicen que 20.000 civiles fueron asesinados en la década de 1980.

Restaurar la fortuna del país y su posición internacional será un desafío para el nuevo líder. Supuestos abusos a los derechos humanos y elecciones fallidas empujaron a muchos países occidentales a imponer sanciones los últimos años que dañaron aún más la economía doméstica, pese a que la ayuda de China suavizó el golpe.