Redacción BLes – El 23 de agosto el mundo conmemoró un nuevo aniversario del “Día Internacional del Listón Negro”, que recuerda a las víctimas del comunismo.

La reunificación alemana dio paso a alzamientos multitudinarios en contra de los regímenes comunistas a finales de la década de los 80. 

Gran parte de la población mundial —un tercio— que, por aquel entonces, vivía en países comunistas se propuso cambiar el curso de la historia.

Hoy, décadas después, países de todo el planeta, sobre todo aquellos que han sufrido regímenes totalitarios, cuentan con monumentos permanentes que ofrecen testimonio de la represión y las torturas físicas y mentales en los gobiernos comunistas.

República Checa: Monumento a las víctimas

En la colina Petřín de Praga, capital de la República Checa, se erige una construcción en recuerdo de las víctimas del comunismo.

El monumento representa a siete fantasmagóricas esculturas de hombres desnudos y enjutos que descienden por una escalinata. 

Lo que llama poderosamente la atención del conjunto arquitectónico es que las figuras lucen más inconclusas y desdibujadas —exhiben grietas en su superficie y les faltan miembros o incluso zonas enteras— cuanto más distanciadas se observan.

La placa conmemorativa, que corona tal escenario, reza: “El memorial a las víctimas del comunismo está dedicado a todas las víctimas, no solo a las que fueron encarceladas o ejecutadas, sino también a aquellas cuyas vidas fueron arruinadas por el despotismo totalitario”.

Alemania: Memorial Berlín-Hohenschönhausen

La antigua prisión preventiva del Ministerio para la seguridad del Estado —Stasi— en el barrio de Hohenschönhausen constituye uno de esos pocos lugares que aún ofrecen testimonio de la represión comunista que se vivió en la República Democrática Alemana y en la zona de ocupación soviética.

La caída del muro de Berlín propició que el centro de detención, donde se torturó física y mentalmente a la población durante décadas, se convirtiera finalmente en un monumento en homenaje y recuerdo de las víctimas del gobierno socialista alemán.

Al parecer, en sus instalaciones, que tenían una capacidad máxima de 5.000 prisioneros, se concentraban regularmente una media de 1.800 internos.

Al ser considerada una prisión de tránsito, por sus celdas pasaron más de 20.000 presos políticos o personas sospechosas de no estar de acuerdo con la ideología socialista, antes de ser enviadas a otros campos de concentración soviéticos.

Rumanía: Homenaje a la resistencia

El presidente de Rumanía, Klaus Johannis, denunció en Bucarest, con motivo de la inauguración del monumento “ALAS” dedicado a la resistencia anticomunista (1945-1989):

“Durante los 45 años de dictadura comunista, a los rumanos se les contaba un cuento mentiroso sobre la historia de la nación. Nos decían que nunca hubo resistencia y que los rumanos habían deseado y respaldado el régimen comunista. Hoy por hoy, sabemos, sin lugar a dudas, que el régimen comunista fue instaurado con el crimen y el terror, con la fuerza de las armas, por un ejército extranjero de ocupación en contra de la voluntad de la nación”.

“ALAS”, símbolo de la victoria sobre el comunismo, se alza frente a uno de los edificios emblemáticos de la época de Stalin, justo en el emplazamiento donde se derribó una estatua de Lenin.

Albania: El museo de las “escuchas”

Los servicios secretos de Albania, considerado el país que vivía bajo el régimen comunista más aislacionista del mundo, controlaban cada aspecto de las vidas de sus habitantes siempre dispuestos a reprimir cualquier oposición, usando métodos similares a los de la Stasi o la KGB.

Algunas fuentes estiman que al menos un tercio de la población albanesa fue investigada, interrogada o espiada por miembros de la policía interna.

La “Casa de las Hojas”, un palacete de dos plantas que sigue albergando las plantas trepadoras que le dieron nombre, constituyó el epicentro del sistema que aterrorizó al pueblo albanés hasta el último día de la dictadura. 

Durante la dictadura de Enver Hoxha, presumiblemente, se ejecutó a varios miles de personas; fallecieron cerca de mil reos en prisión; se obligó a cientos de personas a someterse a tratamientos psiquiátricos; se encarceló a torno a 15.000 ciudadanos por motivos políticos e internaron a más de 20.000 en campos de concentración y de trabajos forzados. 

Este sistema persiguió a sangre y fuego a 43.000 personas, según se desprende de los análisis gubernamentales realizados por el instituto para la reinserción de los experseguidos políticos citado en algunos medios, aunque otros cálculos elevan esa cifra.

“A través de la Casa de las Hojas ofrecemos una lectura de un trozo de nuestra historia para educar a las nuevas generaciones”, afirma la ministra de Cultura, Mirela Kumbaro, responsable política de la transformación en museo del edificio ubicado en Tirana.

Georgia: La sala anti-ocupación

Desde 2006, en el cuarto piso del Museo S. Janashia de Tbilisi, Georgia, se puede encontrar “La Sala de Ocupación Soviética”.

Aquí, los visitantes pueden encontrar los archivos personales del estado sobre figuras públicas georgianas tildadas de enemigas por el régimen comunista, órdenes de fusilamiento, de exilio y toda clase de artefactos que ofrecen testimonio de la represión cultural y política que se vivió durante la era soviética georgiana.

La sala de exposiciones está equipada con monitores, donde los visitantes pueden ver documentales sobre diversos acontecimientos de la historia. 

La exposición también cuenta con uno de los vagones de tren en los que fueron ejecutados los participantes del levantamiento nacional de 1924.

La exposición documenta la historia del movimiento antiocupacional y de liberación nacional de Georgia durante las siete décadas que duró la represión comunista soviética (1921-1991), homenajeando a las víctimas.

Kazajistán: Víctimas de la hambruna

En 1936, se instauraría definitivamente la República Socialista Soviética de Kazajistán. Durante este período el país sufrió constantes presiones, especialmente entre 1926 y 1939, la mala gestión, la colectivización forzada y la represión perpetradas por el régimen soviético provocaron fuertes hambrunas —algunas fuentes aseguran que alrededor de 1,5 millones de georgianos murieron de inanición— y disturbios.

El conjunto escultórico que se alza en la ciudad de Astaná, donde funcionó durante mucho tiempo uno de los mayores ‘gulags’, está dedicado a aquellos inocentes.

La obra se inauguró el día nacional que conmemora a las víctimas de la represión política, el 31 de mayo de 2012.

Además de una cifra desconocida de ciudadanos de a pie, muchos reconocidos escritores, pensadores, poetas, políticos e historiadores fueron masacrados bajo las órdenes de Stalin, tanto en el marco de la represión como también de un modelo metódico de supresión de la identidad y la cultura kazaja.

Letonia: En recuerdo de las víctimas de la doble ocupación

El Museo de la Ocupación de Letonia en Riga, reúne varias exposiciones sobre el período transcurrido entre los años 1940 y 1991, en el que el país vivió la invasión de los nacional socialistas alemanes (nazis) en primer lugar y la anexión a la Unión Soviética posteriormente.

Este Museo se creó con el objetivo de dejar constancia de los trágicos efectos que estos dos regímenes totalitarios produjeron en la población letona, recordar a los fallecidos, perseguidos o deportados y mostrar la labor que realizó la resistencia.

Mongolia: Víctimas de persecución política

El Museo de las Víctimas de la Persecución Política de Ulan Bator partió de la iniciativa de la hija de Genden, el presidente mongol asesinado en Moscú en 1937 por defender a su país de las purgas de Stalin.

Mongolia, que limita al norte con Rusia y al sur con China, se ha visto sometida al control y la explotación de estas dos superpotencias comunistas durante gran parte del siglo XX.

El museo del Recuerdo a las Víctimas de la Persecución Política se inauguró en 1996 en la capital, Ulán Bator, ciudad que alberga la mitad de la población nacional. Un año después, se erigiría el monumento conmemorativo.

Camboya: Memorial Choeung Ek

El genocidio camboyano, en el que murió gran parte de la población nacional, fue obra del régimen maoísta de los Jémeres Rojos que gobernó entre 1975 y 1979.

Pol Pot, el líder de la revolución, propuso un modelo socialista agrario de marcada influencia estalinista y maoísta —también llamada marxista-leninista-maoísta—, que consistía en la “ruralización forzada” de ciudadanos, torturas, ejecuciones masivas, trabajos forzados y malnutrición.

El objetivo de los jémeres consistía en la “purificación de la población”, algo similar a lo diseñado y ejecutado por los nacional socialistas alemanes bajo la dirección de Adolf Hitler.

La invasión vietnamita, que puso fin al genocidio y al reinado de los Jémeres Rojos, destapó los llamados “Centros de Tortura” y “Campos de la Muerte”. Decenas de miles de fosas comunes aparecieron diseminadas a lo largo y ancho del país.

Acto seguido, se edificaron algunas construcciones para dar sepultura a los restos mortales de las víctimas de la dominación comunista. 

Una de las más conocidas es el Memorial Choeung Ek que se construyó con el fin de honrar los 8.895 cuerpos enterrados en sus inmediaciones.

En la actualidad alberga una clasificación de 5.000 cráneos. Un texto en el monumento condena a los perpetradores de este crimen de lesa humanidad.

Estados Unidos: Las víctimas de Katyn

Los fusilamientos del bosque de Katyn, así se conocen a la serie de asesinatos en masa de oficiales del ejército, policías, intelectuales y otros civiles polacos -más de 22.000 según fuentes oficiales-, llevados a cabo en Smolensk tras la invasión y toma de poder soviética.

Decenas de miles de ciudadanos polacos fueron ejecutados por mandato de Stalin bajo la acusación de ser saboteadores, espías, terratenientes, dueños de fábricas, abogados, funcionarios públicos peligrosos y sacerdotes cristianos, en lo que constituyó la mayor ejecución simultánea de la historia de Polonia.

Los inmigrantes polacos residentes en los EE.UU. impulsaron una iniciativa en New Jersey y lograron crear un monumento para honrar el recuerdo no solo de aquellas masacradas en Polonia sino de todas las víctimas del comunismo.

Las construcciones que conmemoran la derrota de los regímenes comunistas y rinden homenaje a sus víctimas, han aumentado notablemente su presencia en las calles y plazas de las ciudades de todo el mundo.

Los regímenes o gobiernos de izquierda, socialistas y comunistas son en los que han sucedido las más fragrantes violaciones de derechos humanos.

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